la estrella de rock que no pudo ser – jenesaispop.com

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En la última entrega del podcast de JNSP se hace un extenso repaso a las muertes de los artistas, a cómo los medios las reflejan y cómo es un tipo de contenido que los lectores agradecen, porque suelen ser textos en los que se expresan y comparten sentimientos. A la par que servir, en ocasiones, para descubrir artistas que quizá no conocías. Quizá para algunxs lectorxs sea eso justo lo que pase al leer este artículo. Porque el americano Dan Sartain -que murió el pasado marzo- no era un artista particularmente conocido aquí, a pesar de haber rozado la posibilidad de ser popular en alguna ocasión, y sin embargo su música es maravillosa. En cuanto a los sentimientos, huelga decir que la desaparición de este músico apenó muchísimo a quien firma estas líneas, por muchas razones.

El roce con la fama ocurrió más o menos hacia 2007. El segundo disco de Sartain con la independiente One Little Indian lo grabó en los estudios Toe Rag de Londres, apreciadísimos por los entendidos del sonido retro por mantener viva la llama de lo analógico durante los 90 -un escenario de creciente y voraz digitalización- y que se volvieron finalmente famosos cuando en 2003 los White Stripes grabaron su hit mundial ‘Elephant’ allí (sí, el sonido grueso, comprimido y neumático del bajo y bombo de ‘Seven Nation Army’ lleva el sello inconfundible de la cinta magnética de Toe Rag). Entre la avalancha de grupos del boom del garage rock de primeros de milenio que posteriormente asaltaron el estudio estaba este joven músico de Alabama, Dan Sartain. La grabación con aires vintage de su disco ‘Join Dan Sartain’ elevaba las posibilidades de su sonido neo-rockabilly a un lugar que llamó la atención de -precisamente- Jack White, quien pronto fichó a Sartain como telonero en la larga gira que los White Stripes hicieron con el otro gran pilar del garage-rock de los dosmiles, The Hives. Además le sacó un single en su sello Third Man Records. Todo ello amplificó la atención del público de esa escena hacia Dan Sartain, una oportunidad que otros músicos habrían agarrado y no vuelto a soltar.

Sin embargo Sartain era un tipo complicado. De entrada tenía un problema con las escenas y los encasillamientos: no se veía como parte del garage rock, y hasta criticó en entrevistas a Jack White, alardeando de que había rechazado grabar un LP para él. En la escena rockabilly se sentía igualmente incómodo, tachando a su público de violento y retrógrado. “Lo que yo hago no es rockabilly, porque uso acordes menores”, decía, y no era una boutade: el tono melancólico y depresivo de sus canciones, sus temas recurrentes sobre la muerte, eran a la par sublimemente bellos y terriblemente lúgubres, algo más cercano al southern gothic o a las baladas macabras de Jody Reynolds. Sartain era de hecho una especie de Reynolds moderno, aunque la definición que más le satisfacía era la de “un Chris Isaak puesto de metanfetamina”.

Todas esas definiciones encajan perfectamente con la canción escogida para «Hit de Ayer»: un rockabilly con acordes menores de ritmo trepidante, con un riff con trémolo a lo Jody Reynolds, y que es a vez un lamento muy Isaak por una mujer que está con él pero que sigue colgada de su amante anterior: “Si me quieres aquí estoy / pero cuando me abrazas sólo quieres hablar de él / Cuando me besas sólo quieres desquitarte con él / Y me encanta cuando vienes, pero eso solo empeora las cosas” . ‘Replacement Man’ pertenecía a ese segundo disco que tanto prometía, ‘Join Dan Sartain’, una pieza redonda, puro sonido Toe Rag y ejemplo perfecto de la esencia de Sartain:

Quizá el hecho de que One Little Indian fuese un sello inglés y no específicamente de rock n roll no ayudó (su artista principal ya era por entonces Björk), pero su sello americano Swami Records sí que supo promocionarlo mejor. Sin embargo, su mencionada dificultad para encajar le condujo a elegir una trayectoria alejada de lo obvio: en lugar de capitalizar ese momento de pre-popularidad de 2007, tardó tres años en sacar su siguiente disco. Después de eso cambió de estilo temporalmente, para grabar un disco de punk en 2012. Posteriormente empezó a experimentar con sintetizadores y su disco de 2014, Century Plaza los integraba brillantemente en una curiosa combinación que unas veces suena a Suicide y otras a unos Yazoo o Erasure con corazón de rock’n roll.

Evidentemente este particular viaje artístico -en el que sus sellos le apoyaron más o menos consistentemente, a pesar del temperamento difícil de Sartain- no le condujo a una situación de gran popularidad. Tristemente, en 2018 Dan había abandonado parcialmente su carrera musical para retomar una de sus profesiones de juventud, abriendo una barbería en su ciudad natal de Birmingham para sustentar a su familia, que incluía a su hija pequeña recién nacida.

Sin embargo su actividad musical no cesó completamente, y 2020 fue un año particularmente activo, en el que grabó de manera independiente varios discos que colgó en Bandcamp, con propuestas muy interesantes: un álbum con versiones de temas de series y películas del Oeste, otro grabado en los Sun Studios de Memphis con revisiones de sus clásicos, y hasta un dúo con el rapero Ganxta NIP. Hacia noviembre de ese año llegó la gran noticia: Dan sacaría un nuevo disco, y el excelente adelanto parecía apuntar un retorno a su estilo original. Más aún, el propio Sartain anunciaba muy contento en Facebook que One Little Indian se había ofrecido a sacárselo en condiciones.

Por esa razón la muerte de Sartain el pasado 20 de marzo cayó como un verdadero jarro de agua fría. Entre los primeros informadores de la tragedia estaba el NME, que apuntaba un dato posiblemente relevante: unos días antes del suceso One Little Indian había informado en sus redes sociales que rompía relaciones con Dan Sartain. Esos posts fueron borrados cuando la noticia del fallecimiento se hizo pública. Navegando las redes en busca de las causas de la muerte a priori inexplicable (Sartain tenía 39 años, sus últimos posts eran muy optimistas) la evidencia iba tomando forma: nadie hablaba en ningún momento de las causas, algo siempre sospechoso. Tan sólo una leve mención a un “episodio de violencia doméstica” en una web, hasta que en el Facebook de uno de los miembros de Swami Records aparecía la verdad: Sartain se había suicidado.

El suicidio era parte integral de la estética de los discos de Dan Sartain (empezando por la portada de este single, del LP al que pertenecía, y siguiendo por la portada de Dan Sartain vs The Serpientes, y múltiples letras y títulos: ‘Too Tough To Live’, ‘Love is Suicide’…), pero que resultó encerrar una obsesión tristemente muy real. En las últimas semanas he estado dándole vueltas a este silencio, a cuáles son las razones por las que se oculta este tipo de noticias en los EE.UU. y también en Europa. No es nada nuevo señalar que el porcentaje de suicidios entre varones jóvenes en los países occidentales es altísimo y que sin embargo es algo que la prensa sigue empeñada en no tratar. El efecto llamada no parece ser justificación suficiente, porque si al morir alguien como este artista no se conoce lo que pasó será difícil que podamos como sociedad poner remedio, y encarar los problemas de salud mental que artistas como Dan Sartain indudablemente padecían.

‘Replacement Man’ suena en el episodio #379 de Popcasting, el podcast de Jaime Cristóbal, disponible en este enlace.

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