La pandemia dispara el consumo de lejía en España

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Surgió hace dos siglos, pero el año pasado pudimos presenciar su segundo nacimiento. Hablamos de la lejía, que se ha vuelto imprescindible en la lucha contra la COVID-19 para desinfectar superficies, ropa o, incluso, alimentos. “Durante el primer mes de pandemia se disparó el consumo de lejía de forma brutal en España, hasta en un 145%. Los consumidores iban a buscar geles hidroalcohólicos, pero se agotó todo. Por lo tanto, la gente arrasó con la lejía, que es el producto más básico y seguro de limpieza”, cuenta en ABC Carlos Prieto, CEO de la aplicación Gelt, que permite ganar dinero por hacer la compra.

En general, la demanda de lejía se disparó un 30% en 2020 con una penetración en un 87,1% de los hogares, es decir, en un 7% más, según la consultora Kantar. Durante este año, se compraron unos 17,1 litros por cada hogar español. Además, dos terceras partes d e los litros vendidos fueron de marca blanca.

Los fabricantes se vieron “desbordados”

Henkel, marca fabricante muy famosa en España por sus productos Estrella, Conejo o Neutrex, corrobora este aumento de ventas a causa del coronavirus. “Es un producto que siempre ha estado presente, pero que no crecía en los últimos años y que ahora está experimentando un bum con la pandemia, también por la relación tan buena entre calidad y precio que ofrece”, argumenta Oriol Marín, director de marketing de la empresa. “Existen productos alternativos que no llevan lejía, pero el nivel de desinfección es más limitado. Además, son más caros y hay que añadir más producto”, añade.

Esta elevada demanda social y de distribuidores provocó que los fabricantes de este producto llegaran a verse “desbordados”, confiesa Mª de los Llanos Gómez Ferro, directora de Calidad en Industrias La Tuna: “Tenemos nuestra marca propia, pero estamos muy ligados a la marca de distribución, fabricamos para grandes compañías a nivel nacional, que son las que mueven las grandes cifras. Hubo un momento en el quelas peticiones se dispararon tanto que tuvimos quetomar decisiones arriesgadas para que todo el mundo tuviera acceso al producto y se establecieron una serie de cuotas para poder repartir entre todos”.

Asimismo, Gómez Ferro explica que, para cumplir con todos los pedidos, la empresa tuvo que aumentar turnos de trabajo, reestructurar la producción para “optimizarla al máximo” y priorizar la fabricación de “lejías aptas para desinfección de agua de bebida y a las lejías con detergente por su doble acción de desinfección y limpieza”. Concretamente, entre marzo y abril, se llegó a fabricar un 52% más de litros de lejía que durante el mismo periodo de 2019 en la fábrica de La Tuna situada en Mejorada del Campo (Madrid).

¿Cuál será su futuro?

Que diferentes autoridades sanitarias, incluida la Organización Mundial de la Salud (OMS), propició que los ciudadanos apostaran por este producto. “En la mayoría de los protocolos de limpieza y desinfección de las diferentes autoridades se recomendaba su uso aludiendo a su eficacia desinfectante junto con su disponibilidad para el consumidor. Además, ante la incertidumbre del momento, éste recurrió a esos productos que desde hace décadas se han asociado a la desinfección. Asimismo, debido al confinamiento y a las restricciones posteriores, pasamos mucho más tiempo en nuestras casas, debemos sumar la preocupación por nuestra salud, lo que ha llevado al consumidor a limpiar con más frecuencia y de manera más concienzuda”, asevera Pilar Espina, directora general de la Asociación de Empresas de Detergentes y de Productos de Limpieza, Mantenimiento y Afines (Adelma).

Por su parte, Xavier Closa, Head of R&D de Henkel Laundry&Home Care, asegura que “se ha producido un cambio estructural en los hábitos de consumo, que ha venido para quedarse”. De hecho, la empresa asegura que la lejía mantiene las ventas con una subida de 10 puntos en los primeros meses de 2021. “Estamos más en casa y se limpia más; sigue la preocupación por eliminar virus”, alega Marín.

No obstante, en general, el consumo de lejía ha comenzado a descender: “La gente tiene miedo y el consumo de lejía se mantiene, aunque no son los incrementos del año pasado y si se compara con marzo del año pasado obviamente se ven caídas. Además, en lucha contra la COVID-19 han surgido otros productos alternativos”. En un futuro, Espina cree que los desinfectantes, incluida la lejía, moderarán su demanda “una vez que la preocupación por la propagación del virus haya disminuido”. Aunque coincide con Closa en que el cambio de hábitos se mantendrá: “Es lógico pensar que, tras estos meses, y con temor a que en el futuro haya rebrotes o nuevos virus, seguiremos limpiando y, por supuesto, desinfectando nuestra casa como método que tenemos todos al alcance de nuestra mano”.

Eso sí, la desinfección no tiene por qué hacerse con lejía. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) sostienen que, en situaciones normales, basta con limpiar las superficies usando agua y jabón o detergente: “La limpieza de rutina realizada eficazmente con jabón o detergente, al menos una vez al día, puede reducir sustancialmente los niveles de virus en las superficies. Cuando se enfoca en superficies de alto contacto, la limpieza con jabón o detergente debería ser suficiente para reducir aún más el riesgo de transmisión relativamente bajo de los fómites en situaciones en las que no ha habido un caso sospechoso o confirmado de COVID-19 en interiores”. Solo recomiendan usar productos químicos “en situaciones en las que ha habido un caso sospechoso o confirmado de COVID-19 en interiores dentro de las últimas 24 horas”.

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