Los Grizzlies ganan, el Oeste arde… y Luka Doncic sonríe

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En el Oeste la cosa está que arde. Lo mismo pasa en la Conferencia Este, pero en un nivel siempre inferior que parecía que iba a emerger este año pero se ha quedado en nada. La parte más floja de la NBA sigue sin acercarse a la que lleva la voz cantante, una tónica convertida en tradición desde la retirada de Michael Jordan hasta ahora. Y, con lo que ha pasado en el NBA Sunday de esta última semana, se confirma: los Jazz, del Oeste, son el primer equipo que se clasifica matemáticamente para plaoffs esta temporada. Un síntoma de un problema que viene de lejos y que no consigue hacer equidistante la fuerza de uno y otro lado de los Estados Unidos en lo que al baloncesto se refiere. Independientemente de que, en el presente curso, el máximo favorito (los Nets, claro), esté en el Este. La clasificación para la fase final del equipo de Salt Lake City es solo una de las innumerables consecuencias colaterales que ha tenido el enfrentamiento entre Blazers y Grizzlies en Oregón. El otro, claro, favorece a los Mavericks de Luka Doncic, que se mantienen en un sexto puesto inopinado de forma cuyo mérito es ligeramente cuestionado, más por el demérito rival que por las hazañas propias. Pero ahí están, al fin y al cabo. Que no es poco.

Con los resultados de esta noche, los Mavs se colocan con un partido de ventaja sobre Portland, que ahora mismo ocupa la séptima posición. Los texanos evitarían, de esta manera, un play-in que nadie quiere jugar y que obliga a todos los equipos a mantenerse en forma más tiempo del necesario dentro de un calendario ya de por sí extremadamente condensado. Los Blazers se están hundiendo paulatinamente hasta lugares insospechados, no encuentran regularidad y se ven abocados a otra temporada que está siendo la tónica de un proyecto digno que no va a ningún lado: un meritorio récord positivo en temporada regular y la eliminación en la primera ronda de los playoffs. La sensación de que en 2019 alcanzaron su techo con las finales del Oeste (por el cuadro fácil, con Thunder y Nuggets en las dos primeras rondas) se acentúa a medida que pasan las temporadas y siguen explotando a Lillard y convirtiendo a McCollum en un tío molón, sin centrarse en un aspecto defensivo en el que están totalmente hundidos, y que ha potenciado una plantilla (con Carmelo, Kanter) que vive por y para atacar. Única y exclusivamente.

Ante los Grizzlies, se han dado de bruces con un equipo mejor organizado, muy bien trabajado (enorme Taylor Jenkins y la cultura que está creando) y que merece y quiere clasificarse para unos playoffs que el año pasado se perdió por obra y gracia del coronavirus, eso que tanto nos ha quitado y que a Memphis le dejó sin fase final. Fueron los Blazres, precisamente, los que les eliminaron en ese play-in que la NBA se inventó y ha rentabilizado este año añadiendo dos equipos a esa especie de previa para llegar a los playoffs, una que da oportunidades a todos y se las quita a casi todos. Ante Portland, los Grizzlies consiguieron su venganza particular con 28 puntos y 8 rebotes de Ja Morant (29,8+6,8+8 en los últimos cuatro encuentros), otros 21 tantos (con 10) de ese héroe infravalorado llamado Jonas Valanciunas y hasta cinco jugadores por encima de la decena de puntos. Los Grizzlies basaron su victoria en el rebote (54) y en su buen porcentaje de triples (12 de 23, más de un 50%). Y en una ventaja constante que consiguieron en la primera mitad y supieron administrar cuando más apretaban sus rivales, sobre todo en el último cuarto. 

En los Blazers, lo decisivo fue el mal partido de Damian Lillard. El base estrella del equipo de Oregón se fue a 23 puntos con unos porcentajes de lanzamiento horribles: 8 de 27 (menos del 30%) con un 4 de 10 en triples atosigado por la defensa rival y con solo 5 asistencias, incapaz de encontrar a sus compañeros y de poner su muñeca, esa tan infalible, a tono. McCollum se fue a 27 tantos y Nurkic sostuvo a los suyos bajo los tableros con 16 puntos y 19 rebotes, que redondeó con 5 asistencias. Carmelo, por su parte, consiguió cuatro triples consecutivos para intentar la remontada, pero se quedó ahí. En definitiva, intento frustrado y mal momento para un equipo que parecía impensable que jugase el play-in pero que se hunde paulatinamente y encadena su quinta derrota consecutiva y la séptima en los últimos ocho partidos. En otras palabras, problemas. Y una Conferencia Oeste que cuenta con los Grizzlies en octava posición y con muchos pretendientes para pocos puestos. Una auténtica batalla que puede convertirse en una guerra. Tremendo.

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