Los Nets coronan el Este

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Cuando se toca, el orgullo casi siempre aparece. Aún más cuando viste de verde. Payton Pritchard, en su primer año en el Garden, ya tiene la lección aprendida; Jayson Tatum, en su cuarto, es su encarnación. También Marcus Smart, ya en su séptimo. Sin Jaylen Brown, por una bursitis en el hombro, Kemba Walker, que no juega partidos seguidos este curso, o Robert Williams III, con problemas en su rodilla izquierda, ellos abanderaron la rebeldía en la enésima caída de la temporada. Una que llegaba tras nueve victorias en los últimos once partidos, que parecía cantada al inicio del último cuarto, 17 puntos por detrás, pero que se pudo revertir a 3:32 minutos del final, cuando la distancia se redujo a 3 tantos. El orgullo casi siempre aparece, pero no siempre es suficiente. Contra los Nets, de hecho, no lo ha sido en toda la temporada. En Navidad, derrota por 28 puntos; hace poco más de un mes, por 12. Esta vez, por cinco (109-104). En todos los casos, con un denominador común de dos caras: Kyrie Irving. En todas las ocasiones, como llanero solitario del big-three, pero con versiones distintas: llegaba de endosar 77 puntos en 67 minutos a su exequipo, pero esta vez se quedó en 15 con una serie de lanzamiento desesperante: 4 de 19 en tiros de campo (21,1%) y 0 de 6 en el triple. Rozó el triple-doble (15+9+11), pero quedó lejos de su mejor nivel.

Da igual. Los Nets se han acostumbrado a resistir. Se ha convertido en su estado habitual y, como animal herido, como integrantes de un proceso de selección natural, se han aclimatado: las bajas han hecho del equipo de Steve Nash en un espejismo de lo que pueden llegar a ser, pero, incluso así, y con un partido más que Philadephia 76ers, ya se han colocado en el punto más alto del Este. Tan aterrador como desconcertante para los rivales, que no saben qué se pueden encontrar cuando llegue la hora de la verdad. El big-three no está y cada vez parece más seguro que, antes de playoffs, no va a estar. Hasta el momento, Kevin Durant, Kyrie Irving y James Harden sólo han podido compartir 7 partidos para un total de 186 minutos. El primero, con cuya vuelta se especuló para el partido frente a Boston, sólo ha podido disputar 24 duelos, el segundo se ha perdido 16 y Harden, que puede quedarse sin más encuentros en temporada regular, ya se ha quedado fuera en 12 ocasiones. El big-three de Schrödinger.

Sin el mucho de los pocos que, de estar, lo aportarían casi todo, toca sumar un poco entre los muchos que restan en pie. El grupo stay ready lo han llamado, de forma literal, y lo ponen en práctica. “Me dicen que mi hora puede llegar en cualquier momento, y tengo que estar siempre preparado para ello”, explica Bruce Brown como portavoz del grupo. Frente a los Celtics, 15 puntos y 8 rebotes para él, 13+5+3 para Blake Griffin, 20+4+3 (con 4 de 7 en el triple) para Joe Harris o 8+11+3 para un DeAndre Jordan que, ante la inopinada retirada de LaMarcus Aldridge y, en este caso, la baja de Nicolas Claxton, ha vuelto a ver incrementado su protagonismo. Un equipo destinado a la máxima expresión del talento individual al que, de momento, le toca acumular victorias a través del colectivo. A ello se debe, seguramente, la rápida inclusión de Mike James en la rotación, que un par de horas después de su anuncio oficial como jugador de los Nets, estaba anotando 8 puntos, repartiendo 2 asistencias y capturando otros 2 rebotes. Debut prometedor para el jugador del CSKA (seguirá en la disciplina rusa al terminar la temporada), corto en la estadística para lo que acostumbra en Europa (19,3 puntos y 5,7 asistencias esta temporada), pero con muestras de que su arsenal ofensivo, a la tercera, puede acomodarse a la NBA.

En los Celtics, juego de relevos sin éxito. En la primera mitad, Jayson Tatum acaparó todo el protagonismo, anotando 25 de los 51 puntos de su equipo. Al final del partido, 38 tantos, acompañados de 10 rebotes, 4 asistencias y un acierto mucho más brillante que en ocasiones recientes (51,9% en tiros de campo y 50% en el triple). Recital sin premio. En la segunda, se sumaron los mencionados Smart y Pritchard. El primero, como fervor del orgullo, haciendo todo lo posible para que Boston volviera al partido (lo consiguió) cuando más difícil lo tenía, desacertado en el perímetro (2 de 10), pero inteligente en la pintura, sacando ventajas ante defensores más pequeños (19+5+3); el segundo, como la rebeldía juvenil que aprehende del primero, con 22 tantos y la última canasta para los suyos. Un segundo parcial desastroso (39-26), las pérdidas (19) y los puntos concedidos en los correspondientes contraataques (32-0) dictaron sentencia. Un pase al baquillo de Smart cuando todo era posible, la aceptó. El orgullo, a veces, no es suficiente; pero se mantiene.

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