Una herida que aún sangra

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Diego Martínez afronta el final de la temporada más brillante del Granada en sus 90 años de vida con los deberes más que cumplidos pero con alicientes de sobra. Por el Camp Nou pasa el último tren europeo para el Granada, que se autoexige acabar con la cabeza alta una temporada en la que ya tiene asegurado el sobresaliente. Además, los focos de la pelea por la Liga apuntan colateralmente hacia Los Cármenes. Barcelona y Real Madrid deberán verse las caras con el equipo nazarí en este esprint final del campeonato y los partidos ante los grandes son el mejor escaparate posible.

El duelo de esta noche en el Camp Nou, al que el Granada acude con bajas muy sensibles y varios jugadores tocados, es una ocasión inmejorable para seguir haciendo ruido en esta temporada histórica y, de paso, saldar las cuentas de la pasada eliminatoria de Copa. Aquella noche, jugadores y técnicos acabaron indignadísimos con Koeman y sus ayudantes. La manera en que se produjo la derrota (el Granada ganaba 2-0 en el 88’ y acabó cayendo 3-5 en la prórroga) y las formas con las que el banquillo culé festejó el pase escocieron y mucho. Hay ganas de revancha y una victoria rojiblanca haría saltar por los aires el favoritismo que se ha ganado el Barça en las últimas semanas. Los tres puntos de hoy no valen una semifinal de Copa, pero ayudarían a cerrar una herida que aún hoy sangra.

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