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26 junio, 2019
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“Ahora el Gobierno busca estabilizar, no bajar la inflación”

El economista de la consultora Ledesma dialogó con iProfesional sobre la situación actual de la Argentina y cuáles son los desafíos para poder crecer

Este año es para estabilizar, no queda otra cosa“. Así lo percibe Gabriel Caamaño Gómez, economista de la Consultora Ledesma, uno de los economistas de opinión más respetada en materia monetaria, en diálogo con iProfesional.

En este marco, el experto sostiene que la tasa de interés será “más volátilque el precio del dólar porque es lavariable de ajusteque tendrá Cambiemos para evitar posibles cimbronazos monetarios generados por aspectos políticos y coyunturales.

Y, ante este esquema, todo indica que frenar la elevada inflación no estará dentro de las prioridades oficiales. A pesar de ello, espera un descenso en la tasa de interés hasta fines de abril, que podría bajar al 40 por ciento.

No se puede salir de esta situación con las mismas recetas que trajeron al país hasta acá”, resume el analista, en una profunda entrevista con este medio en la que realizó sus proyecciones para este año y cuáles serán los desafíos que deberá resolver el próximo Presidente.

-¿Cómo define el actual momento económico que está viviendo el país?

Estamos saliendo de una crisis muy complicada, que en parte tiene que ver con la herencia que recibió el Gobierno, pero en gran medida también se vincula con la forma incorrecta en que encaró Cambiemos el diseño e implementación de varias medidas económicas, y eso terminó por desencadenar la crisis de balanza de pagos del año pasado. Sin duda, para el oficialismo es una derrota, porque implica su fracaso en el plan de estabilización y de corregir los desequilibrios.

Como parte de esa derrota, en su último año, que es electoral, le termina costando a Cambiemos tener ir por lo más básico, que es que no haya una nueva crisis y tratar de estabilizar las expectativas para que la economía recupere algo de actividad. No mucho más que eso puede aspirar en 2019.

-Bajo este panorama, ¿cómo puede repercutir la situación en la gente?

Si antes la gente estaba esperanzada, ahora está desesperanzada u ofuscada. Estamos pasando un mal momento, sabiendo que la solución de los problemas no era tan fácil como el Gobierno había anunciado, ni que su gestión era tan infalible como se anunció. Ahora está viendo si hay alguna otra alternativa electoral o si se va a tener que quedar con el menos malo. Creo que muchos saben que la solución implica varios años de hacer las cosas relativamente bien y ordenadas. No era tan fácil, las pruebas están sobre la mesa.

-¿Y de ahora para adelante qué puede pasar con la economía?

Este año puede recuperar algo de lo que perdió el año pasado el ingreso real de la gente, no mucho más que eso sinceramente, no se va a volver al mejor momento del 2017. En ese sentido, se tendrá gusto a poco porque se va a seguir sintiendo peor a ese entonces. La perspectiva es que el Gobierno o quién sea que triunfe en las elecciones plantee un nuevo esquema luego de la votación. Igual el punto de partida es mejor al del 2015 en varios aspectos: los desequilibrios macro se han corregido, como por ejemplo el fiscal primario o los atrasos tarifarios y de los precios relativos, o bien, ya se finalizó con el cepo, pero hay una herencia más pesada en el aspecto financiero por la deuda contraída.

El próximo gobernante tendrá otros desafíos, como profundizar lo fiscal e ir a un sendero de crecimiento sustentable de forma tal de renegociar con el Fondo Monetario, es decir, que pueda repagar la deuda. Y si le cumplís al FMI te refinanciará, porque para eso existe, sino sería raro que te preste para evitar una falta de pago para mandarte justamente a un default de nuevo.

Claro, también vienen las necesidades de establecer una agenda de reformas sustentables, que es la cuenta pendiente del Gobierno porque no realizó ninguna.

-¿Qué reformas piensa que se precisan?

La primera es la previsional porque es la que te libera recursos debido a que el sistema está quebrado. No pasa por una formula de ajuste de jubilaciones como planteó el Gobierno, sino que pasa por la edad jubilatoria, los años de aporte, cómo se acumulan beneficios, entre otras cuestiones. Otra reforma es la laboral, que no tiene que ver con las cargas sino con los costos laborales contingentes y no contingentes: cómo se realizan las negociaciones paritarias, si queremos que la indemnización juega el rol de seguro de desempleo o si se genera un seguro para tal fin. La tercera es la tributaria, pero para aplicar ésta primero se deben generar recursos. Por eso es tan importante empezar por la previsional.

-¿Es viable en Argentina poder generar este tipo de reformas sociales con todo lo que implican?

Fácil no es, pero es lo que hay que hacer, sino se seguirá como el perro que se quiere morder la cola. Es prácticamente imposible resolver y conciliar la necesidad de bajar la presión fiscal por un lado, con la de lograr un equilibrio fiscal para hacer frente a los pagos de la deuda en forma sustentable sin hacer una reforma previsional.

-La necesidad del Gobierno es urgente, ¿cómo se aplican todas esas reformas que llevan tiempo y mucha cohesión social?

Tiene que ser de forma progresiva, no se puede cambiar la edad jubilatoria o la cantidad de años aporte a una persona que le faltan dos años para retirarse, pero sí se puede hacer con aquellos que les falta diez años, por ejemplo. Esto es aun más difícil para la Argentina porque implica un ejercicio que el país no tiene, que es tomar decisiones en forma anticipada, mantenerlas en el tiempo y resistir a la tentación de cambiarlas en el camino. Va a ser un ejercicio.

-Pero esto es complicado de pensar que se discuta en un año electoral…

Eso no va a pasar en 2019, será para el que venga. Este año es para estabilizar, no queda otra cosa.

-¿El peronismo estaría dispuesto hacer estas reformas?

El que venga va a tener que negociar con el Fondo Monetario o correr el riesgo de tener problemas para pagar la deuda. Si no gana un peronismo extremo, algo va a tener que negociar, sino se terminará de repetir la historia y seguiremos sin crecer, situación que arrastramos desde 2011.

-¿Cuál es el problema de fondo que explica esa situación?

Se terminaron de consumir los stocks, empezó a declinar el súper ciclo de los precios de los commodities, más el aumento de la tasa de interés en el mundo, que alcanzará el 3% a diez años. Todo eso de forma conjugada hace que si no tenés buenos fundamentals, no podés crecer de manera sostenida. Y a nivel local, a diferencia de lo que pasaba hace un año atrás, ahora tenés al FMI, que es el garante de la estabilidad financiera, que te pide que se realicen ese tipo de reformas.

-¿Y cuáles son las desventajas de estar sujeto al Fondo Monetario?

Que se deben discutir las políticas con el FMI. Nadie va al Fondo porque quiere, sino por necesidad y muestra el fracaso del modelo. No es lo mejor que nos pudo pasar en la vida, pero es cierto que una vez que estás ahí se le empieza a encontrar la virtud al defecto. El FMI no te manda de default, sino que te condiciona políticas.

-¿Qué más puede hacer el Gobierno para ser reelecto?

Lamentablemente lo que le queda es estabilizar, mostrar que lo peor de la crisis ya pasó y después jugar a mostrar que es la opción menos mala.

-La inflación es muy elevada desde 2018 y no parece aminorar…

Este año también va a ser de alta inflación. El programa que armó el Gobierno es para estabilizar, no para bajar la inflación. La suba de precios sigue siendo alta, necesariamente va a ser así y estará arriba del 30% en 2019, aunque será considerablemente más baja que el año pasado, donde estuvo cerca del 50%. Y para el 2020, según el Presidente que tengamos, pinta como un proceso desinflacionario mucho más lento y gradual que el que intentó inicialmente.

-¿Por qué ocurre este proceso?

Hay un componente inercial en la inflación, más allá que se pueda elegir con la política monetaria no convalidarlo, pero eso generaría costos por el lado de la actividad y de los propios pasivos remunerados del Banco Central. Eso hace que el proceso tenga más riesgos de sufrirdiscontinuidades“, que es lo que nos terminó pasando. Por eso, si se quiere ir a lo seguro, el proceso será más lento pero más consistente y menos riesgoso.

-¿En cuánto influye en la inflación la convalidación de las altas tasas de interés y las compras de dólares por parte del Banco Central?

El Central destinó entre enero y febrero más de $33.000 millones para adquirir dólares, pero eso está dentro del régimen que anunció el organismo monetario, está en la cláusula de intervención prevista si el valor del tipo de cambio se encuentra por debajo de la banda cambiaria. De hecho, compró un monto inferior de divisas al podría haber comprado adquirido. Y por Leliq prácticamente no está expandiendo el Banco Central, está cumpliendo su programa.

Por otro lado, hubo un cambio en la normativa de los encajes, de hasta $50.000 millones más de liquidez a los bancos. Creo que ese fue uno de los factores que aceleró la baja de las tasas. Pero ahora se estabilizó y el dólar también se ubicó  en la zona de no intervención. Pasó el temblor y si uno mira más a la distancia la tasa está alrededor de 10 puntos porcentuales más baja que en diciembre. Es decir, el descenso de las tasas sigue siendo mucho más rápido de lo que varios estimaban. Y el dólar subió lo esperado.

Por eso, potencialmente es más peligrosa la clausula de flexibilización implícita que se puede hacer con los encajes, ya que cambia la composición de la base monetaria y eso impacta en los niveles de liquidez, no la compra predefinida de dólares. Hoy se habla más de esto explicito (dólares y Leliq) que de lo implícito, que tiene más riesgo.

-¿Qué puede ocurrir con dólar y tasa, dos variables trascendentes, en el año electoral?

Uno espera que la tasa de interés sea más volátil que el tipo de cambio, en el sentido que el régimen está diseñado para que la tasa sea la variable de ajuste endógena y que absorba el shock. El Gobierno no quiere tener una nueva crisis por balanza de pagos, que por su dimensión más estrecha implica un nuevo evento cambiario. En este sentido, la tasa seguiría bajando hasta abril, hasta un 40% a 45%, cuando empiece el ruido electoral, lo difícil de predecir es el ritmo. Hasta ahí se esperan los dólares de la cosecha y conocer el mecanismo de subasta de divisas que el Gobierno necesita vender para financiar el déficit primario y vencimientos de deuda en pesos. Para fin de año puede ubicarse en el 30% anual.

Respecto al dólar, lo veo al 4% o 5% del piso de la banda, hasta ahora estaba a 2,7%. A la larga, la variable de ajuste es la tasa.-

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