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15 diciembre, 2019
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Alberto Fernández: por qué no quiso ser de Boca, sus dos ‘papás’ y el desmayo el día en que nació su hijo

Alberto Fernández debería haber sido hincha de Boca pero se “resistió”. En la víspera de una elección primaria en la que enfrentará a Mauricio Macri, ex presidente de ese club, subraya con énfasis ante Infobae aquella rebeldía infantil.

Su padre era hincha de Boca pero no le interesaba el fútbol. Al resto de la familia sí. Tenía ocho años cuando una tía paterna le regaló un palco en La Bombonera. Vivía en Villa del Parque y estudiaba en la escuela Avelino Herrera, a diez cuadras de la cancha de Argentinos Juniors. A los 11 eligió ser hincha del “Bicho” como todos sus amigos y compañeros de colegio. Excepto por su hijo Estanislado, a quien no le dio opción, nadie más es hincha de Argentinos en toda su familia.

Celia, la mamá de Alberto Fernández, murió en abril de este año. La recuerda con cariño en la voz y la define como una “gran madre”. Confiesa  que le gustaría que lo viera en este momento. Ella y su padre eligieron para él los nombres de sus dos abuelos y por eso se llama Alberto Angel. Aclara que ellos fueron sus abuelos biológicos. Cuando menciona a su “papá” se refiere a Carlos, quien fue juez, el marido de su madre con quien se crió desde que tenía dos años. Carlos murió en 1997 y su padre biológico, a quien vio poco, el año del Mundial 78.

Aunque Fernández nació en Capital se define como “un porteño federal”. Ariano, es hijo del medio, tiene una hermana mayor y un hermano menor y el pasado 2 de abril cumplió 60 años.

A los 14 su amigo Carlos López lo llevó a estudiar guitarra con Litto Nebbia. Durante un año aprendió el cifrado con el autor de “Sólo se trata de vivir”. Todavía hoy intercambia mensajes con el músico rosarino. También con Iván Noble y con Gustavo Santaolalla. Noble le escribió después de verlo y escucharlo en televisión hace pocos días: le gustó la versión que hizo de un tema de Nebbia. Y Santaolalla le avisó que viajaba a votar.

El día que nació su único hijo

Poco después de aceptar la precandidatura presidencial y del anuncio del sábado 18 de julio con el que sorprendió Cristina Fernández, el ex jefe de Gabinete salió a defender a su hijo Estanislao. Le preguntaron y expresó su orgullo por el joven de 24 años que se destaca como cosplayer, dragqueen y crossplayer. Lo han invitado desde la Comic Con en Estados Unidos por su profesionalismo en el tema. “Que haga lo que le divierta”, se ríe Fernández y admite su debilidad cuando nació su hijo. “Fue sin dudas el momento de mayor felicidad de mi vida. Bueno, como el de cualquier padre, ¿no?”, responde y pregunta al mismo tiempo.

Fernández se casó solo una vez, con Marcela Luchetti, de quien se divorció en el año 2005. Cuando supieron que serían padres eligieron Estanislao como nombre de varón. “Siempre me gustó ese nombre. Estanislao se llamaba un amigo riojano de mi papá y un sobrino de Felipe Solá”, recuerda. El trabajo de parto duró cinco horas y cuando a las seis de la mañana la partera avisó que la mamá estaba lista para dar a luz el hoy precandidato presidencial la despidió con un beso. “¿Usted no va a venir”?, le reprochó una enfermera. “Soy muy impresionable”, se defendió. Reto mediante lo obligaron a ponerse un ambo y barbijo para ingresar a la sala de parto. Parado detrás de la cabecera de la camilla sólo alcanzó a ver cuando el médico obstetra sacaba la mano ensangrentada de su hijo y se desmayó. Tuvieron que coserle un corte en la cabeza que le produjo el golpe que se dio con las patas del sostén del suero.

Después Fernández fue pareja de la dirigente Vilma Ibarra, hermana del ex jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra.

Desde 2014 está en pareja con la periodista y actriz Fabiola Yáñez de 38 años. Ella es hincha de River pero como no es fanática del fútbol con ese tema dicen poder convivir. Casi no ha aparecido en campaña y únicamente lo acompañó en su viaje a Posadas, Misiones, donde ella se crió y tiene familia. Algunas veces comparte imágenes en las redes sociales, especialmente con Dylan, el collie que parece ser la debilidad de los dos además de una figura destacada en las redes sociales donde hace campaña por su dueño.

Hasta el sábado 18 de mayo parte del peronismo creía que la fórmula sería Cristina Fernández-Felipe Solá. El ex gobernador la complementaría y le daría el apoyo del Movimiento Evita. Pero es con Fernández con quien ella tiene mayor afinidad, en quien más puede confiar y en quien acepta delegar. Lo ha dicho en público: él le propuso escribir un libro, volver al Consejo Nacional Justicialista, rodearse de la estructura partidaria, reconciliarse con todos los que se distanció y hasta impuso el tono de campaña. La ex presidenta le agradeció todo eso varias veces en público tras ceder como antes no había hecho. Fernández era además el único que podía convencer a Massa, que postergó sus deseos presidenciales para conformar la unidad y el Frente de Todos.

Su amigo Néstor Kirchner

Alberto Fernández recuerda a Néstor Kirchner como su gran amigo. El fallecido ex presidente manifestó una vez ante un ex ministro: “Lo extraño acá” y se tocó el pecho al recordar a su ex jefe de Gabinete con quien mantenía conversaciones ‘a escondidas’ de su esposa.

La mayor habilidad que se le atribuye a Fernández es el arte de la negociación. Abogado y profesor de Derecho en la Universidad, recibido en la Universidad de Buenos Aires con un promedio de 7.80, puede conversar con referentes de ambos lados de la grieta, aunque su acercamiento a Cristina Fernández lo ubicó en otra posición y lo distanció de los que lo veían ‘distinto’. Hay quienes no le perdonan, como a Massa, el cambio que hizo. Él, sin embargo, asegura que charla en privado con empresarios, incluso con aquellos que en público apoyan a Mauricio Macri. En los 45 días de campaña que terminaron el jueves buscó acercarse a los sectores más alejados del kirchnerismo. Y decenas de veces tuvo que explicar cómo pasó de ser hipercrítico anti K a compartir fórmula con la ex presidenta.

Frontal, puede guardar estratégico silencio aún cuando no calla lo que no le gusta. Hasta lo hizo con Cristina, a quien le señaló el ‘error’ que cometió con Luis Novaresio al calificar como “interrogatorio” la entrevista que el periodista le realizó en 2017 en el estudio de Infobae. Tras su charla con el precandidato presidencial, Cristina Fernández pidió disculpas públicas vía redes sociales. A diferencia de su compañera de fórmula que cambió de opinión en el debate del año pasado, siempre estuvo a favor del aborto.

Algunos lo definen como un hombre de carácter y hasta “calentón” aunque quienes lo quieren aseguran que así como engrana sabe pedir disculpas. Tuvo hace poco una semana entera de tensión que mostró ese costado y lo que lo exaspera. Se cruzó con la periodista Mercedes Ninci, con un periodista en Córdoba, con Jonatan Viale y como se vio en un viejo video con un comensal que lo insultó en un restaurante. Y al que pecheó, según su versión, en defensa propia.

Treinta y seis años de historia política

Fernández se afilió al Partido Justicialista en el año 1983. Lo hizo en un local de Puyerredón y Santa Fe adonde llegó de la mano de Jorge Argüello, su amigo y ex compañero de facultad. Nunca lo desafiliaron ni se desafilió a pesar de las idas y vueltas que transitó.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín trabajó como subdirector General de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía, cuando el ministro era Juan Vital Sourrouille. En el gobierno de Carlos Menem fue superindentende de Seguros de la Nación, cargo que ejerció entre 1989 y  1995. Con el gobernador Eduardo Duhalde fue presidente de Gerenciar Proyectos y Administración Sociedad Anónima, una compañía dependiente del Banco Provincia de Buenos Aires y fue vicepresidente del Grupo BAPRO entre 1997 y 1999, entre otros cargos.​

En el ámbito político, a fines de los 90, formó el grupo Calafate junto a Cristina Fernández, su gran amigo y ‘maestro’ el ex procurador Esteban Righi (a quien poco antes de su muerte juntó con CFK para que se reconciliaran), Eduardo Valdés, Carlos Tomada y Julio Bárbaro, entre otros. Primero apoyaron a Duhalde y luego la candidatura presidencial de Néstor Kirchner.

En dos ocasiones se presentó como candidato en elecciones. Primero en el 99 como compañero de ‘fórmula’ de Jorge Argüello, precandidato a jefe de gobierno porteño. Perdieron por pocos votos. Luego, en el 2000, como legislador de la Ciudad, cargo para el que fue electo por el partido Nuevo Encuentro que conformó con Domingo Cavallo y Gustavo Béliz. Renunció a la Legislatura para ser el jefe de Gabinete de ministros de Kirchner, cargo que asumió el 25 de mayo del 2003 y que continuó hasta julio del 2008. Cuando renunció la presidenta era Cristina Fernández. Y quien lo sucedió fue Sergio Massa.

La 125 y el distanciamiento de Cristina

En marzo del 2008 Martín Lousteau, ministro de Economía, presentó el proyecto de retenciones al campo que derivó en un paro agroganadero y un largo enfrentamiento con el sector. Tras el voto no positivo de Julio Cobos en el Senado contra la Resolución 125, Fernández presentó su renuncia.

Muchas veces estuvo detrás de escena. Fue tesorero de campaña de Eduardo Duhalde, jefe de campaña de Cristina, de Massa y de Florencio Randazzo. Ahora dice que es su propio jefe de campaña. Sus amigos más cercanos son todos dirigentes políticos: Claudio Ferreño, Julio Vitobello, Eduardo Valdés, Alberto Iribarne y Argüello.

Desde el Año del Bicentenario en adelante fue crítico de CFK y varias veces dijo que sería candidato a Presidente, deseo que postergó después de la muerte de su gran amigo Néstor Kirchner (en sus palabras “el mejor presidente de la Democracia”).

A pesar de sus duras críticas, dijo que en 2011 votó por Cristina pero dos años después se sumó al Frente Renovador massista. En 2017 hubo un último intento de unidad entre CFK y Randazzo, el precandidato a senador cuya campaña organizó por el frente Cumplir. No hubo acuerdo entre ellos y llegaron enfrentados a las urnas. Ahora hace un tiempo que no habla con Randazzo, que está alejado de la política.

Tras casi una década de desencuentros, a fines del 2017 Alberto y Cristina Fernández retomaron el diálogo personal y político. Primero Fernández visitó a Juan Cabandié, gran amigo de todos los Kirchner, nieto restituido de Abuelas de Plaza de Mayo. En el quincho de la casa de La Paternal del diputado, cerca de la cancha del “Bicho”, hubo varias reuniones y asados para intentar la unidad del peronismo. Después de una charla con Cabandié los Fernández volvieron a verse. El resto es la historia conocida: el intento de recomponer con todo el PJ y la promesa del ahora precandidato presidencial: “Nunca más me voy a pelear con Cristina”.

Sin gurúes, coach ni jefe de campaña

Tal vez porque su posición en el fútbol sea la de arquero, a pesar de su intensa actividad política, a veces prefiere moverse sin compañía. No tiene grandes comitivas y despista a aquellos con quienes comparte el día a día. En varias ocasiones durante la campaña sorprendió a su entorno yéndose en su auto, sin avisar, a una reunión o a una entrevista. Ocurrió el viernes último cuando decidió ir al Instituto Patria a reunirse con Cristina Fernández para conversar sobre los últimos detalles previos a la elección.

Fernández prefiere ser el que marque el ritmo. Escucha consejos pero es quien define. No aceptó gurúes, ni coaching, ni posar para las fotos aunque un equipo lo sigue en cada actividad pública.

En los viajes suelen acompañarlo siempre Santiago Cafiero y Juan Pablo Biondi, el responsable del contacto con la prensa que este sábado organizó un asado en su casa de Canning, Ezeiza, para que compartiera con economistas y especialistas del Grupo Callao que conformó en su estudio de abogado cuando empezó a pensar que podían tener un proyecto político: los economistas Matías Kulfas y Cecilia Todesca, Guillermo Justo Chaves, Miguel Cuberos, Cecilia Gómez Mirada , Aníbal Pitelli y, entre otros, Federico Martelli, hoy precandidato a intendente de La Plata junto con Victoria Tolosa Paz, mujer de su amigo José ‘Pepe’ Albistur. Él no se metió en esa interna en la que hay cinco precandidatos en disputa.

Entre los más cercanos que lo acompañan en los viajes y lo ayudan con su estrategia también están el dirigente del Movimiento Evita, Fernando ‘Chino’ Navarro, el rector de la UMET, Nicolás Trotta, y Felipe Solá que se entusiasma hablando del nacimiento del “albertismo”. En su búnker, en México 337, suele verse también a Víctor Santa María y es permanente la presencia de Juan Manuel Olmos, del PJ porteño.

En campaña evitó moverse con grandes comitivas y no quiso ni aviones privados ni helicóptero. Sólo acepta, en los viajes por tierra, que maneje algún amigo o Daniel, a quien conoció hace 21 años y el único a quien le confía el cuidado de su perro Dylan cuando está lejos.

Aunque es ordenado en su casa, en su oficina y con su auto, la concentración de decisiones lo deja al filo de la posibilidad de error: la semana pasada no le alcanzaron las camisas que llevó al viaje de cierre de campaña y tuvieron que salir a comprarle una blanca y hacerla planchar en el hotel en el que se alojó.

Por seguridad se comunica con CFK vía Telegram. Suele contestar él mismo su teléfono y responder los mensajes de Whatsapp mientras va de un lado a otro. Sólo dejó de escribir en sus redes sociales y quienes lo hacen por él le evitan peleas con sus ‘haters’.

El asado le gusta jugoso y coincide con Sergio Massa en preferir queso y  dulce a la hora del postre. Le gusta comer y aceptó gustoso los regalos de productos regionales que recibió en los distintos viajes como dátiles, alfajores, y especialmente aceitunas y aceite de oliva. El gobernador tucumano Juan Manzur satisfizo sus gustos y le obsequió productos de su empresa familiar.

“Todos están nerviosos menos yo, mejor”, respondió, tranquilo, después del asado en Canning, una visita al centro de cómputos propios con información de sus fiscales que montaron en el barrio de Caballito y de una reunión con Sergio Massa a quien recibió en su departamento de Puerto Madero cuando caía el sol. A la hora de la cena se fue a comer con Litto Nebbia.

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