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6 diciembre, 2019
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Andrey Rublev: quién es el ruso que dejó atrás la depresión y eliminó a Roger Federer en Cincinnati

















La felicidad de Rublev: el ruso celebró en Cincinnati la mejor victoria de su carrera Fuente: AFP


Andrey Rublev nació en Moscú hace 21 años y era considerado, hasta no hace mucho tiempo,
uno de los jugadores con mayor proyección; uno de los aspirantes de la próxima camada del circuito conocida como #NextGen. Hace 18 meses tocó su mejor ranking: 31°. La clasificación semanal de la ATP lo encuentra esta semana
en el puesto 70°. Desde ese lugar, cosechó ayer la mejor victoria de su carrera, un
triunfo por 6-3 y 6-4 sobre Roger Federer, número 3 del mundo y siete veces campeón del
Masters 1000 de Cincinnati, donde Rublev se encargó de pulverizar el sueño de una octava corona para el Maestro suizo. Mañana. por los cuartos de final, se enfrentará con su compatriota Daniil Medvedev.



































Entrenado por el español Fernando Vicente, Rublev había entrado en este torneo desde la clasificación. Venía de conseguir dos muy buenas victorias, a expensas de Nikoloz Baslashvili y Stan Wawrinka. Pero, claramente, ganarle a Federer es otra cosa. Hasta aquí, el ruso sólo había obtenido dos victorias frente a jugadores ubicados dentro del Top 10: Dominic Thiem (4°), en los cuartos de final de Hamburgo, hace cuatro semanas, y la primera, en el US Open 2017, sobre el búlgaro Grigor Dimitrov (9°).











































Lo llamativo, por otra parte, fue lo expeditivo del triunfo: apenas 61 minutos necesitó Rublev para firmar un triunfo rutilante. Federer no se despedía tan temprano de un partido desde una derrota contra Mardy Fish en 2008, en una hora y 4 minutos. Y es la segunda derrota más temprana desde Sydney, en enero de 2003, cuando perdió con el argentino Franco Squillari por 6-2 y 6-3, en 54 minutos. Esta vez, el suizo aportó con su propia caída: acumuló 19 errores no forzados (10 de revés), contra apenas 6 del moscovita, y estuvo extrañamente errático en la red, con apenas 7 puntos ganados sobre 19 subidas.



















Por el momento, Rublev sólo cuenta con un título ATP (Umag, 2017) y dos finales perdidas (Doha, 2018, y Hamburgo, hace un mes). Llegaba a Cincinnati con apenas 13 victorias ATP. Como sucede con muchos tenistas, procede de una familia con ancestros deportivos: su padre, también llamado Andrey, fue boxeador, y Marina, su madre, es profesora de tenis, al igual que Arina, su hermana mayor. Creció en un mundo de raquetas, con su compatriota Marat Safin y Rafael Nadal como ídolos. Conoció al mallorquín hace algunos años, durante unos entrenamientos en la academia de Guillermo Vilas, en Mallorca.










Su ascenso se vio interrumpido por problemas físicos: estuvo fuera del tour durante tres meses en 2018 por una fractura por estrés en la zona lumbar, y otras seis semanas este año por una lesión en la muñeca. Sobre ese momento complejo, Rublev escribió hace dos semanas en el blog “Behind the racquet” (Detrás de la raqueta), de Instagram: “Fue un momento increíblemente difícil para mí, que me llevó a una depresión. Por precaución, no tenía permitido hacer nada durante los primeros dos meses. Tenía más tiempo libre que nunca y no sabía qué hacer. Extrañaba mucho el deporte y todo lo que quería hacer era competir. Recuerdo claramente que nada me hacía más feliz que competir. Realmente fue uno de los momentos más difíciles de mi carrera. Nací para competir y no podía, y de ahí surgía la depresión. Intentaba no seguir los resultados de los torneos. Cada vez que lo hacía, por accidente, me molestaba mucho ver a otros jugadores haciendo lo que yo no podía hacer. Tuve que esperar a que el hueso sanara para empezar la rehabilitación. Solo quería hacer un poco de ejercicio, pero me moría por no tener nada que hacer. Comencé a ver los partidos, y casi tuve el mismo feeling de competencia que tendría como jugador, pero luego me puse muy mal cuando supe que pasaría tiempo hasta poder volver a hacerlo. Definitivamente hubo momentos en los que estaba haciendo un poco de rehabilitación y olvidaba todos los problemas, pero después veía un partido y me daba cuenta lo largo que era el camino hacia la recuperación y cuánto tiempo pasaba hasta poder jugar de nuevo. Todo eso me hizo querer volver a pisar una cancha más que nada en el mundo”. De regreso al circuito, Rublev volvió a ser feliz.















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