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31 marzo, 2020
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Angelelli y sus compañeros mártires fueron declarados beatos ante una multitud

Y los nombres de Enrique Angelelli y sus compañeros mártires fueron inscriptos como beatos de la Iglesia Católica. Cuando el enviado del  Vaticano, Angelo Becciu leyó el documento del papa Francisco que los proclamaba así, los aplausos y la ovación de conmovieron al Parque de la Ciudad, en la capital de La Rioja.

Una gran multitud con gente venida de distintas partes del país se convocó este sábado soleado al pie del cerro del Velazco para seguir una ceremonia de beatificación que se inició a las 10.30 y culminó más allá de las 12.

Junto al obispo de origen cordobés Angelelli fueron confirmados beatos los sacerdotes Carlos de Dios Murias (también cordobés) y Gabriel Longueville (francés, un grupo de familiares llegó especialmente), más el laico Wenceslao Pedernera. Los  cuatro fueron brutalmente asesinados por la dictadura.

En el escenario especialmente montado estaba el episcopado argentino con sus cardenales y obispos. También fue parte el arzobispo de Córdoba Carlos Ñañez, que llegó acompañado por todos los obispos de la provincia. La misa fue llevada adelante en gran parte por el enviado papal.

Los mensajes del papa Francisco que trajo Becciu y las menciones a su figura fueron saludados con  aplausos.

El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti fue una de las autoridades políticas que asistieron

La máxima autoridad nacional presente fue la vicepresidenta Gabriela Michetti (hubo silbidos cuando fue anunciada). Estuvo ademas el gobernador de Salta, Juan Urtubey. 

También se leyó el beneplácito por la beatificación de la legislatura de Córdoba.

Uno de los momentos más emotivos sucedió cuando Becciu pidió que los nuevos beatos rogaran por el pueblo católico presente.

En un momento de la ceremonia subieron al escenario portando la reliquia de los cuatro mártires la sobrina de Angelelli, María Elena Coseano Angelelli, residente en Córdoba, junto a Luis Miguel Baronetto, estudioso de la obra del obispo nacido en Córdoba y presidente del Centro Tiempo Latinoamericano.

Al cabo de la ceremonia, Maria Elena, nos diría: “No hay que bajar los brazos”,  como la gran conclusión de este momento que la encontraba “por fin, tranquila”. Al cabo de largos años de adversidad y soledad, resaltó la figura y el gesto de Francisco.

Arturo Pinto, que acompañaba a Angelelli en el auto cuando fue asesinado, habló brevemente al final. “Angelelli era un tipo tozudo, valiente, que no se bajaba del camino. Por eso lo bajaron. Y ahora es beato”. Y pidió seguir en el camino del obispo tomando la frase señera del mártir: con un pido en el Evangelio y otro en el pueblo”.

“Gracias por esta fiesta y por este testimonio de fe. Le diré al Santo Padre que aquí encontré una gran fe: dijo el enviado de Francisco al cerrar la ceremonia, no sin reparar también en el ardor del sol riojano.



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