Ago 1, 2020
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Así jugaba el Belgrano de la Sudamericana 2016

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Cuándo se interroga a un simpatizante de Belgrano sobre cuál fue el mejor partido que su equipo jugó tras la salida de Ricardo Zielinski en junio de 2016, la mayoría responde sin titubeos que fue el disputado por octavos de final de la Copa Sudamericana en Curitiba, Brasil.

Ese 21 de setiembre en el país “carioca”, el Pirata que había dejado en el camino a Estudiantes en la llave anterior y que por primera vez jugaba oficialmente fuera del país. No solamente metió más de cuatro mil hinchas en el estadio, sino que disputó futbolísticamente un partido que tuvo momentos de altísimo vuelo.

La muestra del cambio

Ese equipo de Belgrano, que era dirigido por Esteban González, intentó hacer algunos cambios radicales en el concepto de juego. Buscó una vuelta de mentalidad porque el sello de Zielinski estaba metido en la piel y los buenos resultados cosechados por el “Ruso” hacían difícil de olvidar.

La pelota contra el piso. El balón jugado desde el fondo. Los marcadores centrales abiertos dejando espacio para que uno de los volantes centrales se ubique entre ellos como una alternativa más de salida y los laterales recostados sobre la mitad de la cancha, eran la imagen que dejaba al momento de iniciar la jugada desde el fondo. Un doble volante central, dos carrileros abiertos, un Matías Suárez parado de segundo punta y Claudio Bieler en el área. Así se mostró aquel Pirata en el torneo continental.

Ante Estudiantes, en el partido jugado en el Mario Kempes y que le dio el pase a los octavos tras ganar 2 a 0, formó con: Juan Olave; Sebastián Luna, Cristian Lema, Lucas Aveldaño y José Rojas; Federico Lértora y Gastón Álvarez Suárez; Nahuel Luján, Matías Suárez y Jorge Velázquez; Claudio Bieler.

La “B” demostró que podía ser un equipo corto, que su avance se daba en bloque y el desequilibrio se buscaba por juego (ya no por el aprovechamiento de un rival mal parado o de una segunda jugada). Eso es lo que pretendió el entrenador en ese momento. La idea se pudo plasmar de la mejor forma en los partidos de la Copa, porque fue allí donde se vio lo mejor de lo mejor.

Cuando el balón quedaba en poder de los adversarios, las líneas de cuatro se armaban. El doble cinco se cerraba, Luján se posicionaba sobre la derecha y Velázquez en la izquierda y allí el esquema era clarito: 4-4-2, pero con la particularidad que ambos núcleos de cuatro estaban más cerca y buscaban achicar hacia adelante.

Brasil y después

El equipo pretendió cambiar de manera de pensar los partidos. Había más vértigo, mayor intención de tratar la pelota con criterio y en Brasil se vio un conjunto cargado de juego que debió sacar una diferencia bien amplia: Juan Olave; Sebastián Luna, Cristian Romero (el juvenil ingresó por Aveldaño que fue suspendido ante Estudiantes), Cristian Lema y José Rojas; Federico Lértora y Guillermo Farré; Nahuel Luján, Matías Suárez y Jorge Velázquez; Claudio Bieler.

La jornada fresca en Curitiba, fue testigo de un equipo que superó a su adversario con el sistema que plantó. Presión alta, ahogar al local en la salida y obligarlo a dividir. Apostar a la velocidad de Suárez en ataque fue clave y desequilibrante. Y como ante Estudiantes, cuando la pelota se perdía, repliegue, armado de las dos líneas de cuatro y buscar el recupero del balón.

La noche fue propicia en ataque, porque marcó dos goles y pudo haber conseguido al menos uno más. Pero el triunfo fue justo. Pero no todo fue alegría, porque algunas fallas en defensa lo pusieron a Coritiba a un gol cuando debió estar a tres de desventaja.

En la revancha en Córdoba, los nervios le jugaron una mala pasada a todos. Los de adentro y los de afuera. Porque es factible que el partido debió cerrarse cuando Bieler marcó el 1 a 0 en un Kempes repleto. Pero no se dio, la visita reaccionó y después la tómbola de los penales cayó para el lado de los brasileños.

Fue un equipo que quiso cambiar, que pretendió ser distinto y que por momentos lo consiguió. Hizo historia por haber ganado fuera del país, por pasar de fase en la Sudamericana y porque hasta el momento es el último que disputó un torneo internacional.

Será recordado por el intento de cambio, por la búsqueda de una identidad que no se terminó de plasmar porque los resultados en el torneo local no se dieron y el entrenador que había asumido para hacer posible un “nuevo Belgrano” se fue sin haber contado con la paciencia de los de pantalón largo y de aquellos que pueblan las tribunas.  

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