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5 diciembre, 2019
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Besos, club de fans y revolución en una pequeña escuela: así fue la votación de Axel Kicillof

“¿Viste?, me saqué una foto con él y llegué a darle un beso.: ahora andá vos”, le dijo una joven a otra dentro del patio de la escuela primaria 10 de Manzanares. Estaba muy emocionada. Hacía sólo segundos había logrado saludar al candidato a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires por el Frente de Todos, Axel Kicillof, quien estaba en medio de una larga fila, rodeado de periodistas, militantes y vecinos, esperando para poder entrar al cuarto oscuro y poder depositar su voto en la urna de la mesa 248, el lugar que le fue asignado para las PASO de este año.

El saludo de la joven fue una pequeña muestra de lo que fue la votación del ex ministro de Economía kirchnerista. Apenas llegó a la pequeña escuela 10 de esa localidad del norte del GBA la revolución del lugar fue total. Decenas de personas se le acercaron para sacarse una foto, darle un beso o simplemente saludarlo. Muchos de los que esperaban en la cola miraban con sorpresa la situación e incluso con cierto malestar: sabían que la presencia del candidato les iba a alargar los tiempos de espera.

Una mujer se acercó a este cronista y relató la emoción que le despertó poder tenerlo tan cerca. “Manzanares no está acostumbrada a esto, por eso verlo a Kicillof así es muy emocionante“, relató a Infobae. Una vez logró entrar al patio para hacer la fila, fue recibido con el tradicional “Vamos a volver”, cantado por los militantes K. Un séquito de fotógrafos y cámaras lo siguieron minuto a minuto. Acercarse a él no era fácil. Por eso la emoción de la joven que sí pudo, fue inocultable.

La jornada del candidato comenzó cerca de las 10.30. Fue en el tradicional restaurante 1888, a pocas cuadras de la escuela. Allí desayunó medialunas con café junto al candidato a intendente de Pilar de su espacio, Federico Achával y el intendente de Escobar, Ariel Sujarchuk. Allí no había ni prensa, ni militantes ni votantes. Unos 45 minutos después, Kicillof salió y en breve diálogo con este medio, dijo sentirse tranquilo, con una gran expectativa y contó que después de votar, iba a comer pizza en la casa quinta familiar, lugar en el que fijó su domicilio legal para poder ser candidato en la provincia. En realidad, el candidato del Frente de Todos vive en el barrio porteño de Agronomía. Tampoco era esperable una gran declaración. La veda electoral se lo impide.

Después de llegar en su propio auto a la escuela y atravesar las calles de barro que rodean la escuela, Kicillof y sus asesores decidieron que debían hacer la fila como cualquier persona. La desorganización fue total. La presencia del todavía diputado nacional revolucionó la escuela. Mientras esperaba hizo de todo: atendió a la prensa, se sacó fotos y repartió besos.

En el medio, mientras esperaba, aparecieron las “kicillovers”, un club de fans de vecinas y militantes de Pilar que juntaron por su admiración hacia el ex ministro. En una breve charla con este medio, emocionadas por tenerlo, contaron lo que despierta Kicillof en ella y que al enterarse que iba a votar en esa escuela no lo dudaron y se acercaron para darle apoyo. “Verlo caminar entre el pueblo así como si nada. Es emocionante“, dijo la mujer.

El caos reinó en el lugar. La aglomeración de gente fue una dificultad para el vecino que simplemente quería votar. De hecho, después de casi 40 minutos de espera, ya empezó a notarse cierto malestar. Muchos no entendían por qué el candidato a la Gobernación bonaerense no votó directamente sin hacer la fila. “Era más fácil. Esto es un quilombo“, se le escuchó decir a un vecino.

Finalmente llegó el momento. Kicillof, con una docena de facturas en la mano, se acercó a la mesa 248 y tras posar para los flashes y sonreír ante las cámaras de televisión votó. Afuera de la escuela habló de cómo continuaba su día. “Hoy es un día hermoso, no lo vamos a llamar de otra manera porque hoy no corresponde. Voy a comer pizza con la familia, sin ajo porque voy a dar entrevistas, y hacia las 5 nos vamos a esperar los resultados”, detalló el candidato.

Así, otra vez rodeado de gente y periodistas, se fue alejando de la escuela. Exactamente como había llegado. La revolución en el pequeño colegio de Manzanares había llegado a su fin. Las cosas volvieron a ser normal, el foco de atención en el lugar se disipó y Kicillof se fue a la casa de la familia en la calle de la calle Brashich. Una zona rodeada de barrios privados, quintas, calles de barro y mucho verde.

Es la segunda vez en su vida que el ex ministro se enfrenta a una elección como candidato. La primera fue en el 2015 cuando fue elegido como diputado nacional por el Frente para la Victoria. Ahora, sólo cuatro después, está ante el desafío más importante de su carrera: disputar la gobernación de la Provincia de Buenos, el distrito más relevante del país.

La tarea no es fácil. Su principal rival es la actual gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, la dirigente con mejor imagen del oficialismo e incluso de todo el arco político nacional. Pero ahora, después de meses de intercambio de agresiones y no mucho más, llegó el primer test: las PASO. Si bien aún no se define nada, la jornada electoral de hoy servirá como un termómetro para saber realmente si el candidato bendecido por Cristina para la Provincia tiene con qué vencer a Vidal.

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