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16 octubre, 2019
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Buscan reagrupar fuerzas e ideas















La cadena agroindustrial no quiere nuevas restricciones a los cereales Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro V. Rizzi

El escenario político está impulsando a la agroindustria a juntar fuerzas frente a un posible cambio de orientación después del 27 de este mes. En las últimas semanas se comenzó a percibir un nuevo intento por reflotar el concepto de cadena que varias veces se pregona, pero que se rompe apenas queda un conflicto sin resolver o una disputa sin aclarar.









































El martes pasado, en una reunión de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, representantes de exportadores, acopiadores, corredores y productores analizaron las propuestas que el candidato a presidente por el Frente de Todos, Alberto Fernández, realizó un día antes en un acto de campaña electoral en la Fauba, para enfrentar los problemas del hambre en el país.

En ese encuentro se habló de comenzar a trabajar en una propuesta para que, en caso de ganar Fernández, la cadena agroindustrial tenga una respuesta a una eventual mesa de discusión. Se dijo que las propuestas solitarias no eran convenientes, en alusión a las ideas que lanzó a título individual el CEO de Syngenta, Antonio Aracre, de donar el 1% de la facturación de la compañía a un eventual programa contra los problemas de nutrición. Coincidieron en que es mejor subsidiar la demanda y no restringir la oferta y que se podían recoger las experiencias de Estados Unidos, con el Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria (Snap, en sus siglas en inglés), conocido como Food Stamp, o el programa Bolsa Familia, de Brasil. Se comprometieron a trabajar en una propuesta conjunta.

























El trascendido de esa reunión no satisfizo a todos. En las redes sociales hubo productores que expresaron su rechazo a cualquier acercamiento con el ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina Kirchner. Algunos fueron más lejos y propusieron impulsar un boicot contra productos de Syngenta.

















Algunas de las entidades que no participaron de ese encuentro en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, como la Sociedad Rural Argentina, hicieron hincapié en que con los recursos fiscales existentes se puede hacer bastante para superar la crisis alimentaria disparada por el aumento de más de 50% del índice de inflación en un año. “El campo aporta en impuestos unos 11.300 millones de dólares al año entre derechos de exportación y otros tributos, eso alcanza para pagar una canasta básica de alimentos y obra social por tres años a la población en situación de indigencia”, dijo el presidente de la SRA, Daniel Pelegrina.

En lo que parece que hay coincidencias es que las recetas que se tomaron en el pasado como listas de precios máximos, cupos a las exportaciones o retenciones no sirvieron para beneficiar a la población más vulnerable. En otras palabras, con el supuesto propósito de hacer el bien, estas medidas pueden servir para instaurar mecanismos de transferencias de ingresos de la producción hacia la industria y asegurar rentas. Todo en nombre del valor agregado.

















Un día después de la reunión de la Bolsa de Cereales, representantes de una veintena de entidades se encontraron en la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y analizaron los números y la situación del sector. Recordaron que de los poco más de 61.000 millones de dólares que generó la Argentina por exportaciones en 2018, el 60% provino del sector agroindustrial y que, en la actividad, trabajan directa e indirectamente, unas 5,5 millones de personas. Datos conocidos y que renuevan el interrogante de por qué, con semejante estructura e importancia, la actividad no tiene mayor incidencia en la decisión de las políticas públicas.









Los participantes de este encuentro se comprometieron a reunirse el mes próximo en Buenos Aires, en la sede de la SRA. Es un lapso que en la Argentina, a diferencia de otros países, puede configurarse un escenario diferente del actual.

Esta masa crítica que comienza a generarse alrededor de la cadena agroindustrial tiene el desafío de encontrar una forma institucional que, hasta el momento, no ha logrado concretar. A otras ramas de la actividad económica, como la industria, aunque no se esté de acuerdo con ciertos postulados, hay que reconocerle su habilidad para influir en las decisiones. La realidad política, sea para un lado o para el otro, marcará el pulso de las respuestas del sector. La Argentina demostró que es capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Se verá si hay forma de evitarlo.





















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