May 9, 2020
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Coronavirus. La pandemia puso bajo cuarentena a los precios del maíz y de la soja

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Mientras en el polo exportador argentino se siguen despachando granos, las mayores bajas de precios se registran en el mercado estadounidense, por la crisis del etanol, por la menor demanda forrajera y por la previsión de cosechas abundantes en la nueva campaña Fuente: LA NACION – Crédito: Marcelo Manera

A casi cuatro meses de la firma de la “fase uno” del acuerdo comercial entre

Estados Unidos y China,

que se esperaba fuera el mojón para el despegue del valor de los granos, la pandemia de

coronavirus

que ensombrece al mundo nubló, también, el horizonte del mercado de cereales y oleaginosas.















































El hecho de que EE.UU. se haya convertido en el epicentro de la crisis sanitaria, con más de 75.000 muertos en cerca de tres meses, amplifica el impacto de la pandemia sobre el mercado de granos, dado su posicionamiento como referente global para las cotizaciones. El maíz y la soja son los productos que más están padeciendo el golpe derivado de las medidas tomadas para intentar contener al virus.


En efecto, las restricciones comerciales y sociales provocaron el derrumbe del consumo de combustibles, que no solo se reflejó sobre los precios del petróleo -acumula una baja próxima al 60% en lo que va del año-, sino que agravó el mal presente que traía la industria de los biocombustibles, particularmente la del etanol derivado del maíz, que anualmente consume cerca del 38% de la producción estadounidense del cereal.


















































Pero el Covid-19 también golpea a la cadena de ganados y carnes, y con ella, a la oferta forrajera (maíz, DDG’s y harina de soja). Ocurre que la demanda de cortes bovinos, porcinos y aviares disminuyó por el cierre de restaurantes y de cadenas hoteleras, a la vez que se redujeron los puntos de entrega de animales listos para faena por la paralización de frigoríficos y de plantas de empaque que registraron casos positivos entre su personal.


“El uso de etanol se redujo en un 40% y eso afecta la demanda de maíz, como también lo hace la menor demanda de alimento para el ganado por los cierres de plantas de empaque. Ambos factores son preocupantes para la evolución de los precios de los granos”, dijo a

LA NACION,

desde Chicago, Charlie Sernatinger, jefe global de Futuros de Granos de ED&F Man Capital Markets.




















Con una caída próxima 20% en lo que va de 2020, el maíz mantiene actualmente sus valores entre los peores desde septiembre de 2016, tras haber rondado pocas jornadas atrás el nivel más bajo en casi 10 años, al bordear los 118 dólares por tonelada. Para la soja, que no logra dejar atrás el fantasma de la vigente guerra comercial entre Estados Unidos y China, el descenso de su precio en lo que va del año es del 13% y no logra remontar vuelo desde un rango que en las últimas semanas la mostró oscilando entre 305 y 315 dólares por tonelada.











Una fuente que hasta fines de 2019 integró una de las principales firmas estadounidenses productoras de etanol, con sede en Iowa, contó a

LA NACION

que por la caída que se prevé en la demanda de combustibles, “para el ciclo 2020/2021 el consumo de maíz por parte de la industria del etanol va a reducirse en un 20% respecto del nivel actual, es decir, unos 25,40 millones de toneladas”. Cabe recordar que en su informe de abril el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) calculó para la campaña 2019/2020 una demanda de maíz para etanol de 128,27 millones de toneladas, tras ajustarla desde los 137,80 millones que se estimaban a principios de marzo.


Para el maíz agrava el cuadro el hecho de que este eventual ajuste en la demanda de maíz llegará en una campaña que tiene potencial para ser récord, con estimaciones privadas que llegan a augurar una cosecha estadounidense 2020/2021 en torno de los 400 millones de toneladas, dado el incremento de la intención de siembra (de 36,30 a 39,25 millones de hectáreas); el rápido avance de la implantación (al lunes pasado, 51%, contra el 39% de las cuatro campañas anteriores), y la vigencia de un clima hasta el momento amigable con los cultivos.











“Hoy el maíz presenta interrogantes de oferta, por su posible abundancia, y de demanda, por su retracción. Así, la proyección del stock final de EE.UU. en el nuevo ciclo podría ubicarse en torno de los 90 millones de toneladas, contra los 53,15 millones estimados por el USDA para el cierre de la campaña 2019/2020”, estimó Sernatinger.


Sin la estridencia del crecimiento del maíz, para la producción de soja estadounidense las perspectivas también son favorables, por la previsión de un crecimiento de la siembra, desde los 30,70 millones de hectáreas del ciclo anterior a 33,80 millones de hectáreas, de los cuales al lunes pasado se había cubierto el 23%, contra el 11% promedio de las anteriores cuatro campañas.











El martes, en su nuevo informe mensual de estimaciones agrícolas, el USDA revelará sus primeras proyecciones sobre el ciclo comercial 2020/2021 en el nivel mundial, con la atención del mercado puesta sobre la campaña estadounidense. Entonces, la historia comenzará a escribirse sobre la base de cifras oficiales.



¿Guerra sanitaria?



En plena campaña por su reelección, las críticas por como enfrentó la pandemia acorralan al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Quizá ahí esté la mejor explicación al por qué de su arremetida contra China, país al que él y el resto de su equipo acusan de ser responsable de los padecimientos actuales. “China eligió no frenar el coronavirus”, dijo durante la semana el mandatario, que no descartó la imposición de sanciones si se confirma la responsabilidad china en ocultar información.


Casi en simultáneo, Steven Mnuchin, secretario del Tesoro estadounidense, advirtió a China sobre “consecuencias muy importantes” si no respeta los términos del acuerdo comercial firmado el 15 enero.





A casi 4 meses de la firma de la "fase uno" del acuerdo comercial, el coronavirus volvió a tensar la relación entre Estados Unidos y China
A casi 4 meses de la firma de la “fase uno” del acuerdo comercial, el coronavirus volvió a tensar la relación entre Estados Unidos y China Fuente: Archivo

“Trump tiene una historia de arremeter contra terceros cuando lo critican en casa, y hoy está siendo criticado por su lenta reacción a la pandemia, por lo que está buscando culpar a otros. Eso no es bueno para los precios de los granos y no es bueno para el agricultor estadounidense, que presumiblemente votará por él en cantidades abrumadoras”, advirtió Sernatinger, frente a lo que podría ser el inicio de una guerra sanitaria entre las dos principales potencias globales.


El especialista agregó que China está aumentando lentamente las compras agrícolas en Estados Unidos y que “el riesgo de que Trump culpe a los chinos por el virus e implemente sanciones contra ese país podría ser la ruptura del acuerdo comercial”.


El mercado no desconoce que la estrategia detrás de las críticas sanitarias hacia China pueda ser, exclusivamente, la presión para que se acelere el ritmo de compras de productos estadounidenses, entre ellos los agropecuarios. Una acción que mejoraría el estado de ánimo del electorado. Claro que esa estrategia no está exenta de riesgos. A Trump, el tiempo se le agota en noviembre; a Xi Jinping, no.


“Muchos políticos en Washington adoran jactarse del papel principal de Estados Unidos en el mundo. El país realmente lidera hoy, pero de una manera trágica que nadie está dispuesto a ver”, publicó el martes la agencia oficial de noticias china Xinhua, en una columna titulada: “Washington, disruptor en jefe en la lucha mundial contra la pandemia”.


En medio del resurgimiento de las tensiones, a última hora del jueves, el representante para el Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, mantuvo una comunicación con el vice primer ministro de China, Liu He, en la que se habrían comprometido ambas partes a “cumplir con las obligaciones contraídas, en los plazos adecuados”, según el comunicado difundido por la oficina de Comercio estadounidense.


Y si bien la sola mención de ese contacto posibilitó mejoras parciales sobre los precios de la soja y del maíz en el cierre de la actual semana, a partir de la especulación de los fondos de inversión, que necesitan aferrarse de buenas noticias, para sostenerse será necesario que los dichos oficiales sean precedidos por hechos concretos, como un mayor volumen de compras chinas. En la actualidad, los mejores fundamentos alcistas que tienen los precios del maíz y de la soja son, justamente, sus bajos precios, que alientan las “compras de oportunidad”.



Perspectivas favorables para las ventas de Brasil



En un abierto contraste con las imágenes de dolor que la pandemia está generando en Brasil, donde ya suman cerca de 10.000 personas muertas, para el sector agropecuario la crisis sanitaria mundial está brindando mejores perspectivas para las exportaciones de granos.


“Hasta el momento hubo pocos efectos de la pandemia sobre el mercado. La devaluación del real frente al dólar aumentó la competitividad de la soja brasileña y estimuló las ventas no solo a China sino también a otros países. Sí, existe la posibilidad de una menor demanda de harina de soja para la producción de alimento animal en el mercado local y en el exterior, pero este efecto aún no se sintió y no hay certeza de que se sienta”, dijo a

LA NACION,

desde Florianópolis, Adriano Lo Turco, analista de Agroconsult.


Tal como ocurre en Estados Unidos, el especialista reconoció que el mayor impacto negativo de la crisis sanitaria sobre el agro de Brasil lo padece el maíz, por una caída en la demanda para la producción de etanol -la industria demanda unos 4,5 millones de toneladas del cereal para ese fin- y por una reducción en el potencial de exportación, debido a la menor demanda de forraje y al aumento de la oferta mundial.


“Las perspectivas para las exportaciones brasileñas de soja siguen siendo muy favorables, con un volumen proyectado en 76 millones de toneladas, de los cuales entre el 75 y el 80% irá a China. Allí no se advierte ningún impacto importante de la pandemia. Existen preocupaciones en cuanto al consumo interno, ya que la población está perdiendo empleos e ingresos, lo que afecta el consumo de carne. Eso se agrava por el cierre de restaurantes y escuelas. También impacta en una menor demanda de aceite de soja para la producción de biodiésel, a partir de la caída en el consumo de combustibles”, señaló desde San Pablo Ana Luiza Lodi, especialista en el mercado de soja de la consultora INTL FCStone.


Según un reporte publicado por Karen Braun, especialista en mercados agrícolas de Thomson Reuters, en función de cifras oficiales, durante abril Brasil exportó 16,30 millones de toneladas de soja, un volumen récord, que superó en un 32% la mayor marca anterior, de mayo de 2018, y que elevó el total exportado en lo que va del año a 33,70 millones de toneladas. “Las exportaciones brasileñas de enero a abril de 2020 a China sumaron 24,70 millones de toneladas. Como referencia, eso es un poco más que todos los envíos de soja de Estados Unidos a China entre febrero de 2019 y abril de 2020”, destacó la analista.


Por estos días, en Brasil, a la crisis sanitaria se suma una crisis política, por el modo en que el presidente, Jair Bolsonaro, está enfrentando la pandemia. Para acentuar el contraste planteado anteriormente entre el impacto social del coronavirus y el momento del sector agroexportador, ese escenario de caos político acentuó la ya importante devaluación del real frente al dólar, que está favoreciendo la competitividad de las materias primas brasileñas exportables.


“Con la devaluación del real y con un fuerte aumento en las ventas anticipadas, tanto para la cosecha actual como para la próxima, los márgenes son bastante atractivos. Como resultado, los productores brasileños están más capitalizados y podrán invertir más en la próxima campaña, además de aumentar el área cultivada”, aseguró Lo Turco.


En el mismo sentido, Lodi dijo a

LA NACION

que para la soja “los precios internos continúan fortaleciéndose y las primas en los puertos están por encima de los niveles vigentes un año atrás”. A esa firmeza atribuyó la analista el hecho de que ya este comercializado más del 80% de la cosecha 2019/2020, que se encuentra próxima a finalizar, con un volumen que INTL FCStone estima en 120,60 millones de toneladas.


Y frente al resurgimiento de las tensiones entre EE.UU. y China, Lo Turco explicó que hay posibilidades de que Brasil exporte más si se agravan esas tensiones, “pero el total exportado no se vería muy afectado, por las ajustadas existencias locales. Con gran parte de la soja 2019/2020 vendida, no hay mucho volumen para expandir los envíos a China. Sin embargo, el cambio más grande podría ocurrir si los exportadores pagaran bastante más que las fábricas. Ello podría desviar parte del volumen previsto para la molienda hacia el mercado externo”. Según los cálculos de Agroconsult, la actual cosecha brasileña de soja dejará 123,50 millones de toneladas, en tanto que las ventas externas totales de poroto de soja oscilarían entre 75 y 77 millones de toneladas.


Para Lodi, es muy pronto para evaluar qué sucederá con la relación entre Estados Unidos y China. “En las últimas semanas China compró soja estadounidense, pero aun así, existen muchas dudas sobre si la fase uno del acuerdo tendrá éxito”, indicó.



Golpe al maíz argentino



En el nivel local, los problemas de logística surgidos tras el inicio de la cuarentena se fueron superando, pero el impacto de la caída de los precios se hizo notorio desde fines de marzo, sobre todo para el maíz, aunque también alcanzó a la soja, que ya venía con valores deprimidos tras el incremento de los derechos de exportación.


“El precio del trigo en el nivel global se mantuvo relativamente estable y en la Argentina incluso se movió al alza. El resto de los granos sufrió notables caídas, influenciados por el derrumbe de la demanda de energía, que afectó al etanol y al biodiésel, y con ellos al maíz y al aceite de soja, pero también por un factor de coyuntura local, como la bajante severa del río Paraná, que afectó los embarques desde los puertos del Gran Rosario, responsables del despacho de casi el 70% de los granos y del 95% de las harinas y de los aceites que el país exporta”, dijo a

LA NACION

Emilce Terré, jefa del área de Informaciones y Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).


Añadió que recientemente en la BCR se analizó el impacto de la caída de precios en las decisiones de siembra 2020/2021. “A esta altura del año, el productor se plantea si va a hacer trigo y si puede, a continuación, implantar una soja de ciclo corto (doble cultivo en el lote) u optar por un maíz temprano o de ciclo largo. La caída del 12% en el precio del maíz que se concentró entre fines de marzo y el cierre de abril -en igual segmento la soja cayó poco más del 3%- impacta con una caída del 30% en el margen bruto para un productor en la zona núcleo, en torno del Gran Rosario (a 150 kilómetros del puerto), y del 70% en campo alquilado. De este modo, si bien los márgenes aún resultan positivos, quedan muy ajustados para la alta inversión inicial que requiere un cultivo como el maíz y el alto riesgo climático y comercial. Además, en zonas más alejadas de los puertos la situación se hace más difícil por el impacto en los fletes”, explicó Terré.





Margen para el maíz temprano en la zona núcleo agrícola argentina
Margen para el maíz temprano en la zona núcleo agrícola argentina Crédito: BCR

La especialista agregó que mientras un mes atrás el maíz de primera ofrecía un mejor horizonte de rentabilidad que la rotación trigo/soja, hoy el escenario es el opuesto, planteando un interrogante sobre lo que puede suceder con las siembras de cara al nuevo ciclo. “Hoy, en rentabilidad gana la opción trigo/soja de segunda, porque, además, le permite al productor un doble ingreso por año y, en estas épocas de incertidumbre, ese flujo financiero pesa”, aseguró.





Margenes para la campaña 2020/2021 en la zona núcleo agrícola argentina
Margenes para la campaña 2020/2021 en la zona núcleo agrícola argentina Crédito: BCR

Tal como ocurre en Estados Unidos, la crisis en la industria del etanol por la caída de la demanda de combustibles, golpea al maíz en modo particular. “Las tradicionales plantas de etanol de Córdoba están atravesando una situación muy difícil, que seguramente repercutirá en los flujos regionales de demanda. Debe comprenderse que el maíz que no se venda en la zona para procesar deberá ser trasladado a puertos u otros destinos más alejados que generarán un costo de flete más alto de lo presupuestado y que repercutirá en la ecuación de ingresos de los productores de la zona”, aseguró Terré.


Respecto de un recrudecimiento de las hostilidades diplomáticas entre Estados Unidos y China, y de la posibilidad de que la Argentina resulte favorecida con un mayor acceso al mercado chino de soja, Terré dijo que si bien, “sí, es probable que la Argentina pueda exportar más grano a China, es importante ver si eso se hace a costa de industrializar menos domésticamente o si redunda en una ganancia neta para el sector”. Consideró que Brasil volvería a ser el proveedor más beneficiado en términos relativos y recordó que lo máximo que llegó a exportar la Argentina de poroto de soja fueron 13,30 millones de toneladas en la campaña 2009/2010, mientras que en el ciclo 2018/2019 se embarcaron 10,30 millones.


“Por otro lado, agregar valor localmente a la soja (mediante su procesamiento para exportar productos como harina, aceite, glicerina, lecitina, entre otros) mejora la capacidad de pago de la cadena, al tiempo que permite una demanda más estable a lo largo del año; genera más empleo, e impulsa la actividad económica de toda una serie de bienes y servicios relacionados. Además, como los subproductos se envían a un abanico más amplio de países compradores -el poroto se destina casi exclusivamente a China-, ello minimiza el riesgo de contraparte o, en otras palabras, nos permite atravesar mejor cualquier contratiempo comercial, político o económico de un país específico”, destacó.



Control del Estado ruso

Por ser un producto destinado fundamentalmente a la alimentación humana -menos del 20% de la producción mundial tienen destino forrajero-, el trigo fue de los tres principales granos el que menores impactos negativos tuvo en sus precios por efecto de la pandemia. Sin embargo, en Rusia, el principal productor y exportador del grano fino, la crisis sanitaria habilitó una mayor injerencia del Estado, bajo la premisa de resguardar el abasto interno.


Así lo contó a

LA NACION,

desde Moscú, Andrey Sizov, director General de la consultora SovEcon. “En medio de la pandemia, el Ministerio de Agricultura introdujo una cuota para las exportaciones de granos -7 millones de toneladas, entre trigo, maíz, cebada y centeno, de abril a junio- y prohibió las ventas externas de girasol y de soja”, explicó. Agregó que hubo algunos problemas temporales con la campaña de siembra y el tránsito de camiones, pero que no representaron grandes inconvenientes.


En adelante, la inquietud del mercado es que este precedente en la imposición de cupos se repita. “Agricultura dice que pretende usar las cuotas en el futuro. Espero que el Ministerio de Economía -debería aprobar medidas como esa- no le permita volver a hacerlo. Sin embargo, podríamos ver restricciones informales, como retrasos con los certificados fitosanitarios, similares a las que ya vimos en los meses anteriores, u otras formas de obtener un mayor control sobre las exportaciones”, lamentó el consultor.


A nivel de los productores, Sizov no ve un impacto en el corto plazo de esta “mayor interferencia estatal”, pero en el largo plazo, cree que puede significar un crecimiento más lento del sector. “Contrariamente a la creencia popular, el sector de los cultivos rusos crece no debido a acciones del Estado (apoyo), sino a pesar de acciones como estas restricciones que vemos ahora”, aseguró.


Y en cuanto a la demanda de trigo, el especialista consideró que en lo inmediato se podrían ver algunas compras agresivas de grandes importadores como Egipto o Argelia, “pero esto aún no sucedió, a la espera de ver precios más bajos. Eso tiene sentido en mi opinión. En el largo plazo, y particularmente para el trigo forrajero, es probable que veamos una menor demanda mundial por los problemas en la industria del etanol, que generarán excedentes de maíz, y por la desaceleración, e incluso retracción, del sector ganadero”.


Para la cosecha de trigo que comenzará a finales de junio en Rusia hay buenas expectativas, pese a las condiciones secas que predominaron durante buena parte de abril. “En el cinturón de trigo del sur de Rusia y Ucrania hubo problemas de humedad después del seco invierno y de la primavera. En este momento la región disfruta de lluvias muy necesarias. Sin embargo, ya se produjeron algunos daños en el sudoeste de Ucrania y en partes del sur de Rusia. Otras regiones rusas se ven bien”, explicó Sizov.


Según las últimas proyecciones de SovEcon, la producción 2020/2021 de trigo de Rusia podría alcanzar los 84 millones de toneladas, 10 millones más que el ciclo anterior, mientras que para Ucrania la estimación de cosecha es de 26 millones de toneladas, 2 millones menos que en la campaña precedente. “La semana próxima publicaremos nuestras nuevas estimaciones y es posible que haya algunos recortes por las condiciones secas de abril. Pese a ello, y a que todavía es un poco temprano para asegurar un saldo exportable de trigo ruso, creemos que la nueva temporada comercial tiene el potencial de acercarse al récord de la campaña 2017/2018, de 41 millones de toneladas”, proyectó.



Impacto sobre la industria local de los biocombustibles

Al igual que en Estados Unidos, la caída en la demanda de combustibles generada por las restricciones a actividades comerciales y sociales impuestas para intentar contener al Covid-19 impactó sobre la industria de los biocombustibles de la Argentina que, también como la estadounidense, ya arrastraba complicaciones previas.


“Indudablemente, en la actual coyuntura bajó la demanda del mercado doméstico de combustibles, pero a eso se sumó un menor porcentaje de corte por parte de las petroleras, lo que dejó a la industria que abastece ese mercado trabajando con alta capacidad ociosa. Lo mismo sucedió con las exportaciones de biodiésel, que casi en su totalidad se dirigen a Europa. En este segundo trimestre se redujeron a 0 y, por lo tanto, las plantas más eficientes se encuentran paradas lo que obliga a la Argentina a exportar mayores volúmenes de aceite, con menor valor agregado”, explicó a

LA NACION

Luis Zubizarreta, presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles.


El empresario añadió que en lo referente al biodiésel que se obtiene del aceite de soja, las plantas más grandes están paradas y las pymes, trabajando al 50-60% de su capacidad. “En la actualidad está funcionando cerca del 20% de la capacidad total”, aseguró. Para dimensionar lo que implica el cese en las plantas productoras, agregó que en condiciones normales la industria demanda unos 2 millones de toneladas de aceite, que son equivalentes a unos 12 millones de toneladas de poroto de soja.





La caída en la demanda de combustibles afecta a la industria del biodiésel y del etanol, y provoca la paralización de plantas
La caída en la demanda de combustibles afecta a la industria del biodiésel y del etanol, y provoca la paralización de plantas Crédito: Archivo

Desde la Cámara de Bioetanol de Maíz, su director Ejecutivo, Patrick Adams, también confirmó la menor actividad del sector. “La crisis derivada del coronavirus tiene un fuerte impacto en la demanda de bioetanol de maíz por lo que se espera una caída a alrededor de 400.000 metros cúbicos, desde los 550.000 anuales que podríamos producir, en función del corte obligatorio de las naftas del 12%, equivalente en años anteriores a 1.100.000 m3/año, volumen que se completa con los otros 550.000 m3 obtenidos de caña de azúcar”.


En términos de volumen de maíz, Adams calculó que de los 1,5 millones de toneladas que la industria demanda anualmente, la coyuntura actual la hará caer en unas 500.000 toneladas. “La capacidad instalada de producción de bioetanol de maíz creció mucho en los últimos años, ubicándose hoy en unos 800.000 m3/año, un 45% por encima de la demanda de los años normales. Acorde a nuestras estimaciones, para 2020 la capacidad ociosa será, en promedio, del 56%, en un escenario optimista”, advirtió el empresario.


En opinión de Zubizarreta, una vez superada la pandemia, al sector le llevará un tiempo lograr normalizar su actividad. “En primer lugar, habrá que estabilizar la demanda de combustibles en niveles históricos y, en segundo lugar, esperar que los precios del petróleo vuelvan a niveles más razonables”, señaló. Agregó que sería clave para para la industria “que desde Cancillería se siga poniendo como prioridad la reapertura de los mercados de EE.UU. y de Perú para el biodiésel argentino, que hoy siguen injustamente cerrados. Y que el Gobierno promueva una nueva y superadora ley de biocombustibles -la actual vence el próximo año-, tomando como modelo el proyecto de ley definido con el apoyo de todos los sectores involucrados, junto con las principales provincias productoras, dejando de lado la posibilidad de prorrogar la ley actual que demostró muchas falencias”.


En el mismo sentido, Adams explicó que el crecimiento que se dio en la capacidad instalada para producir bioetanol de maíz respondió a la expectativa por la sanción de una nueva ley de biocombustibles, “que debería implicar un aumento del corte mínimo del 12 al 15%, con un objetivo de ir al 27%, acorde con lo que sucede en Brasil o en Paraguay, para darle valor en origen a al menos 1,5 millones de toneladas extra de maíz en la Argentina; para sustituir importaciones de nafta, y para incrementar el empleo en las economías regionales”. Y lamentó el hecho de que la caída del volumen de demanda y el precio congelado ($30 por litro) del biocombustible llevaron al sector “a una situación de crisis: hoy las plantas tienen los tanques llenos y están paradas”.









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