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25 enero, 2020
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Crecen las demandas por mala praxis médica

Casos paradigmáticos de presuntas prácticas médicas incorrectas han trascendido en los últimos días los ámbitos públicos de expresión y generaron manifestaciones de asombro y de inquietud. Con cada hecho, aumentó también la percepción de que la mala praxis en profesionales y centros de salud es un problema en expansión.

Las estadísticas de Córdoba confirman un incremento de las denuncias.

Según datos del Centro de Estudios y Proyectos Judiciales, organismo dependiente del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, entre 2017 y 2018 se incrementó un 12 por ciento el número de causas civiles por daños y perjuicios (con pedido de resarcimiento económico) por mala praxis. Pasaron de 75 (11 juicios abreviados y 64 ordinarios) a 84 (dos abreviados y 82 ordinarios).

Referentes de distintos ámbitos legales o de la salud coinciden en que el incremento ha sido progresivo en las últimas décadas.

“En el Comité Consultivo y Operativo en Prácticas Médico-Sanitarias y Bioética del Poder Judicial (Copramesab), recibimos causas tanto del ámbito civil como del penal, y el incremento es global”, afirma Moisés David Dib, titular del cuerpo.

“De hecho, hay demandas presentadas en ambos fueros que se resuelven en el mismo proceso”, añade.

Dib recordó que se trata de una tendencia que comenzó a verificarse tempranamente en Estados Unidos, en la década de 1970, y que en nuestro país se hizo observable a partir de 2000.

Desde el ámbito de las aseguradoras, afirman que sólo aproximadamente el 30 por ciento de las demandas se resuelven favorablemente para el denunciante. Y Dib tiene una visión similar. “En general, hemos valorado que, en su gran mayoría, los médicos salen libres de culpa y cargo”, dice.

De todas formas, el especialista afirma que la importancia de los planteos de los pacientes amerita acordar cambios en la formación médica. Entre otras cosas, considera que “los pacientes deben tener acceso a mejor información, más concreta, menos complicada en términos de léxico médico o técnico”. Asimismo, opina que la fuente del conflicto puede ser vincular. “Cuando se rompe la relación del médico o de otros profesionales de la salud con los pacientes, la reacción es recurrir al estudio judicial”, declara.

Para Dib el aumento de causas menos fundadas ha derivado en problemas como la aplicación de una medicina defensiva, concepto que alude al pedido de estudios innecesarios a los pacientes para evitar luego cuestionamientos, lo cual aumenta la carga del sistema de salud y la imposibilidad de aprender con base en el error.

“En Argentina, es muy difícil hablar de error médico porque está vinculado con mala praxis y significa un juicio. Eso hace compleja la corrección. Además, lo que antes se resolvía con la evaluación clínica, hoy requiere de exámenes complementarios, muy caros”, asevera.

Apunta Dib que el problema es multifactorial. “Es una época de transición del modelo de la relación médico-paciente que en muchos casos termina con una denuncia, con la que se intenta un resarcimiento o, por lo menos, una explicación que no se obtuvo en el consultorio, en el quirófano o en el hospital”, plantea.

Consultado sobre si hay sectores que intentan capitalizar el malestar de los pacientes, responde: “No sé si hay una promoción de ese tipo de denuncia por parte de los estudios de abogados; hay una cultura que entrelaza estos factores. Deberíamos empezar a discutir en términos de salud”.

“Hay mucho dinero que se pierde en el juicio por mala praxis y en la sobreatención de los pacientes y deberíamos preguntarnos si no sería mejor orientarlo a la prevención. Probablemente, hay que dar esa discusión”, concluye.

Otras voces

El abogado Carlos Nayi, uno de los más reconocidos en Córdoba por representar a personas en sus denuncias por mala praxis, percibe un aumento de situaciones. “En los dos últimos años, el incremento ha sido exponencial. En mi estudio se han duplicado las presentaciones”, ratifica. Defiende que “no son cuestiones subjetivas, sino importantes”.

Nayi atribuye estas situaciones a “la ausencia de compromiso profesional, a anteponer la cuestión económica y a un distanciamiento y falta de apego al juramento hipocrático”.

El Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba (CMPC) también puede recibir denuncias relacionadas con un presunto comportamiento poco ético de los profesionales que nuclea. Sin embargo, según cuenta su presidente, Andrés de León, su número oscila entre las tres y las cuatro mensuales y no se ha modificado en los últimos años.

En cambio, sí admite que la litigiosidad va en aumento, pero lo atribuye a otras causas, como los cambios en la medicina, en la vida y en las situaciones de salud y enfermedad de las personas. “Hace 40 o 50 años, la expectativa de vida era mucho más baja. Hubo avances médicos que hicieron que hubiera más actividad sobre los pacientes, tanto en sentido preventivo como terapéutico”, manifiesta. “Si antes había una posibilidad de cometer un error, ahora esa posibilidad se multiplica”, completa.

Asegura De León que es un fenómeno que se enlaza con el crecimiento de la cantidad de médicos y con incentivos económicos para un mercado de acciones judiciales.

Aclara que la mala praxis médica no alude a un resultado, sino a una falla en el procedimiento. “Si un médico usó un medio correcto para hacer el diagnóstico y para el tratamiento, los fallos judiciales, con base en las pericias, terminan reconociendo que un desenlace no deseado era una posibilidad”, señala.En la mayoría de los establecimientos –apunta–, se exige un seguro que es contratado por los profesionales de manera independiente y que, según las condiciones, la especialidad médica y otros factores, oscila entre 700 pesos y más de dos mil pesos. Los más caros son para quienes se dedican a la práctica quirúrgica, a la cirugía plástica, a la tocoginecología, a la traumatología y a la anestesia, entre otros ámbitos de acción.

Un concepto muy instalado en la sociedad es el de que los médicos suelen tener un comportamiento arrogante que alarga de manera artificial e inhumana la distancia con el paciente. Hay un viejo chiste que describe esta idea: “La diferencia entre un médico y Dios es que Dios no se cree médico”.

Para De León, esto responde a un antiguo paradigma. “Creo que antes la medicina era totalmente paternalista; inclusive, en la forma de ejercerla. Pero se ha producido un avance, tanto en las leyes como en la visión actual de la profesión”, destaca. Asevera que todas las instancias de formación –tanto de grado como de posgrado– incluyen materias de ética.

“Si hay algún médico que todavía se siente superior o que tiene más poder, está totalmente equivocado. En cualquier residencia o curso, lo primero que se enseña es el respeto a los pacientes. En todas las profesiones hay gente buena y mala y gente que actúa bien y mal”, analiza.

Por su parte, Juan Gras, presidente de la Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de la Provincia de Córdoba, indica que el seguro, en el caso de las entidades, supera los dos millones de pesos anuales. Los costos –remarca– se terminan trasladando a las prestaciones prescriptas. A su vez, asevera, la extensión del plazo para hacer demandas también encarece el monto de los seguros.

Además del médico y del centro de salud, las demandas judiciales también pueden apuntar al financiador (obra social o empresa de medicina prepaga).

“Las instituciones nunca estamos ajenas a la posibilidad de estar involucradas”, indica Gras. Pero llama a una selección responsable del sitio en el que una persona se someterá a una intervención de alta complejidad: “No se puede elegir una clínica que básicamente sea una casa con un quirófano cuando hay establecimientos con terapia intensiva, porque después, ante una complicación, se termina haciendo un traslado”.

El también director del hospital Italiano concuerda en que, “en la salud, se pueden garantizar procesos, pero no resultados”.

Situación nacional

La del aumento de las demandas por mala praxis es una situación extendida en el país.

Así lo considera el abogado Guillermo Geraghty, especializado en este tipo de casos en Buenos Aires y proveniente, a su vez, de una familia de médicos, lo que lo acercó tempranamente al fenómeno.

Para Geraghty, el aumento de las denuncias por mala praxis –que, opina, comenzó a registrarse en la década de 1980– está asociado con una mayor concientización sobre los derechos de los pacientes, con la difusión a través de los medios de comunicación y con el deterioro de la reputación de la actividad.

Geraghty tiene, a la vez, una mirada crítica sobre las reacciones de los profesionales de la salud. “Cualquier cuestionamiento lo toman como agresión”, cree.

Casos paradigmáticos

Muerte en una endoscopia. La periodista y legisladora Débora Pérez Volpin murió en febrero de 2018 en medio de una endoscopia, un procedimiento que regularmente no presenta mayores complejidades y permite tanto efectuar diagnóstico como tratamiento.

Amputación equivocada. Magdalena Leguizamón es una paciente con diabetes cuyas complicaciones habían derivado en la indicación de la amputación de la pierna derecha. A fines de julio, en el Nuevo Sanatorio Berazategui, le amputaron la pierna izquierda.

Muerte por cirugía estética. La cordobesa Sol Arbach se sometió a una operación de remoción de un implante mamario en una clínica de cirugía estética. Su estado se complicó en la intervención y fue trasladada a otro centro de salud, donde murió.

El modelo de cirugía ambulatoria, en debate

Algunos de los casos pusieron en cuestión el modelo de cirugía ambulatoria, que no requiere que el establecimiento donde se realiza tenga terapia intensiva, pero sí que haga un convenio con una institución de mayor complejidad para un eventual traslado.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 4/08/2019 en nuestra edición impresa.



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