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23 mayo, 2019
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Cuando la familia son los perros y los gatos

Hay personas que sienten un amor incondicional por los animales. Algunas dicen preferirlos antes que a las personas y los tratan como parte de sus familias. Otras conviven con una gran cantidad de animales aunque, en algunos casos, no tienen los recursos necesarios para brindarles las condiciones básicas de alimentación y de atención veterinaria.

“Los humanos, que se jodan. A mí los que me duelen son los animales”, sostuvo el novelista colombiano Fernando Vallejo al ser criticado por donar los 250 mil dólares provenientes de dos de sus galardones literarios, el premio Rómulo Gallegos y el FIL de Literatura en Lenguas Romances, a asociaciones defensoras de animales de su país.

Todos conocemos a alguien que diría lo mismo. El amor por los animales parece crecer cada vez más, y en la enorme mayoría de los hogares de Argentina hay, al menos, una mascota. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), por ejemplo, en las principales ciudades de América latina hay un perro cada cuatro personas.

“Pese a que el origen de la tenencia de mascotas es prehistórico, esta práctica parece haber alcanzado en las últimas décadas niveles sin precedentes en la cultura occidental. En estos países, el número de hogares que cuentan con perros o gatos ha crecido firmemente”, resaltó Marcos Díaz Videla, psicólogo y autor del libro Antrozoología y la relación humano-perro.

Marcela Galavanesky Marelli pasa sus días alegres en Berrotarán, acompañada por una veintena de perros.

En compañía numerosa

En la actualidad, no resulta difícil encontrar personas que viven con un gran número de animales. La Voz entrevistó para este informe a cuatro mujeres que comparten su vida, en sus casas, con una gran cantidad de animales. Entre las cuatro, suman 70 ejemplares de perros y gatos.

Desde la antrozoología, un ámbito científico emergente que analiza el vínculo humano-animal, sostienen que las causas por las que una persona decide compartir la vida con animales pueden ser múltiples. Una de ellas es que los animales promueven sentimientos como la seguridad, la alegría y la compañía.

Además, la influencia positiva de los animales en la salud de las personas es un ámbito al que la antrozoología le ha dedicado muchas páginas. Entre estos beneficios, el psicólogo Díaz Videla sostiene que la relación incrementa la actividad física, ya que las personas que tienen mascotas son más activas y ejercitadas.

Por otra parte, los animales se configuran como facilitadores de interacciones sociales, en tanto permiten aumentar los contactos con extraños porque son ellos quienes llaman su atención, y, también, mejoran la imagen social de sus dueños haciendo que sean percibidos como más amigables.

Nilda Morales comparte su casa con 33 canes en barrio Parque Liceo Tercera Sección, en Córdoba capital.

El síndrome de Noé

“Los animales de compañía son un excelente antídoto contra la soledad no deseada”, sostiene el médico español Manuel Serrano Vázquez, especializado en Psiquiatría. Esta solución “mágica” puede llevar a muchas personas a acumular una gran cantidad de animales en sus casas.

Hay personas que convierten la acumulación de animales en un trastorno mental, llamado síndrome de Noé. Los afectados suelen rescatar animales en la calle con la excusa de darles hogar y comida, pero no pueden cumplir con la nutrición de sus animales, con la atención veterinaria, ni con el mantenimiento de las condiciones de higiene necesarias.

¿Cómo reconocer un caso de síndrome de Noé? De acuerdo con el Consorcio de Investigación de Acumuladores de Animales, un grupo de investigación estadounidense, para considerar que una persona es acumuladora de animales se deben considerar los siguientes aspectos: tener animales a los que no pueden ofrecerles los cuidados requeridos para cubrir sus necesidades básicas, falta de percepción del problema del bienestar de los animales o negación de este por parte de la persona implicada.

La tarea altruista del rescate animal limita con una patología en la cual la persona, al no poder brindarle las condiciones necesarias, incurre en maltrato.

Así lo confirma la ley 14.346 sobre los malos tratos y actos de crueldad contra los animales en su artículo 2 al sostener que “no alimentar en cantidad y calidad suficiente a los animales domésticos o cautivos” es una forma de maltrato.

Nilda Morales comparte su casa con 33 canes en barrio Parque Liceo Tercera Sección, en Córdoba capital.

El abogado Iván Mochkofsky, miembro activo de la sala de derecho animal del Colegio de Abogados de Córdoba, sostuvo: “En estos casos hay que denunciar. Lo más importante para tener en cuenta es la ley penal, la conocida ‘ley Sarmiento’. Así un juez investigará, y será el próximo paso el secuestro de esos animales que, por lo general, ya tienen una fundación que los va a tener en el juicio. Este lugar se llama depositario judicial”.

Agregó que en la ciudad de Córdoba existe una ordenanza que pretende regular la cantidad de animales domésticos. “La tenencia de más de tres animales de gran porte, o de cuatro medianos, o de cinco pequeños, podrá ser pasible de una inspección por personal especializado de la autoridad municipal competente”, sostiene la ordenanza 11.006. Muchos de estos casos han desatado grandes quejas entre vecinos. Algunos hasta realizan denuncias.

Según el Código Civil y Comercial, los animales se califican como bienes muebles, es decir, los animales pertenecen a la categoría de cosas que se pueden desplazar por sí mismos o por una fuerza mayor. En cualquier caso, los animales son vistos como cosas y objetos de apropiación, lo que otorga a sus propietarios el derecho y las responsabilidades de disponer de ellos sin más limitaciones que las establecidas en las leyes.

“Si dañás a un animal, es lo mismo que dañar a un auto, así lo expresan las leyes de Argentina. Es lo mismo una casa que un animal, no son sujetos de derecho ante la ley”, se preocupa el abogado Mochkofsky.

Guiados por esta reglamentación, no existe prohibición alguna ante la tenencia de animales domésticos. Sin embargo, muchas de las nuevas propiedades horizontales o condominios establecen en sus normas de convivencia ciertas pautas en referencia a la tenencia de animales.

“Existen muchos problemas con los consorcios. Cada edificio tiene su reglamento, pero son todos parecidos: la mayoría prohíbe tener animales”, afirmó el miembro de la sala de derecho animal.

Una de las entrevistadas por La Voz, Nilda Morales, contó que le costó mucho encontrar una casa para alquilar porque en la mayoría de los lugares le manifestaban que no podía tener animales.

Aunque no existe una prohibición para la tenencia, cuando los animales ocasionan molestias, se denuncia usando el artículo 6 de la ley 12.512 de propiedad horizontal, que prohíbe a los ocupantes de departamentos “perturbar con ruidos la tranquilidad de los vecinos.”

Eso no cambia que para muchas personas las mascotas son un miembro más de su familia: festejan sus cumpleaños, las visten e incluso les pintan las uñas.

“Esto se asocia directamente con el cariño y el cuidado del animal. Usamos un lenguaje de afecto para definir su lugar, es dependiente, requiere educación y demanda jugar y proximidad física”, reflexionó Díaz Videla.

*Especial

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 18/05/2019 en nuestra edición impresa.



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