May 23, 2020
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De casarse, ni hablar  | Bodas y lunas de miel frus…

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“Hubo poco tiempo para la decepción”

Giulietta Padín (53) y Jorge Abella (61) viven juntos desde hace más de 25 años. A principios de febrero, antes de la llegada del coronavirus a la Argentina, la pareja anunció en redes sociales una idea que, para sus seres queridos, resultó tan descabellada como emocionante: el 27 de marzo se casarían ante el registro civil de la ciudad neuquina de Plottier, donde residen desde 2016, y al día siguiente celebrarían la unión con una gran fiesta a la gorra. Pese a que había apenas un mes y medio de antelación, decenas de amigos y familiares de Buenos Aires, Chile y España confirmaron su participación y corrieron a comprar los pasajes para el que consideraban el gran evento del 2020. La suspensión del casamiento, decidida los primeros días de marzo, fue vivida por Giulietta y Jorge con mucho humor porque, explicaron carcajada telefónica de por medio, “hubo poco tiempo para la decepción”. “Fue todo tan loco y vertiginoso que hay amigos que nos culpan de la pandemia. ¡Dicen que todo esto está pasando porque decidimos casarnos!”, bromearon.

“La idea de casarnos surgió en febrero, cuando estábamos en el registro civil haciendo los trámites del concubinato”, contó Giulietta. “Teníamos ganas de hacer una fiesta y divertirnos. Reunir familia, amigos y pasarla bien”, explicó. Una vez definida la fecha en el registro civil, comenzó la organización del multitudinario festejo que tendría lugar el 28 de marzo: primero una ceremonia en el Parque Humanista de Plottier, ya que ambos pertenecen al Movimiento fundado por Silo, y luego un gran baile en la ciudad de Neuquén.

“Como no hicimos invitaciones personales sino que lo publicamos en las redes sociales, se empezó a sumar mucha gente y se terminó armando un lío importante. Así que además del salón para 150 personas que habíamos alquilado, estábamos pensando en reservar otro más chico que está justo al lado”, recordó Jorge, aún entusiasmado.

La emoción, sin embargo, duró poco. “A principios de marzo empezaron a aparecer las noticias del virus en Argentina. Después nos enteramos de que mi familia de España no iba a poder llegar a Neuquén porque debía hacer 15 días de cuarentena en Buenos Aires, así que ahí ya empezamos a querer suspender”, contó Giulietta. A los pocos días, la jueza del registro civil los llamó para avisar que a la sala solo podrían ingresar ellos con dos testigos. “¿Para qué nos íbamos a casar si la idea era ser muchos y divertirnos?”, se plantearon entonces.

Aunque la suspensión fue vivida con humor, ambos coincidieron en el dolor de no haber podido reencontrarse con sus seres queridos. “Me da lástima también por los pasajes que habían comprado para venir”, se apenó Giulietta, aunque aclaró que “por suerte la gran mayoría pudo cambiar los vuelos” para octubre, cuando la pareja espera tener una segunda oportunidad.

El festejo, fiel al espíritu bohemio con el que se identifican, era un evento “a la gorra, con choripanes, hamburguesas, pizzas. Cosas de pueblo que rasguña la clase baja/media. Así que había un grupo de WhatsApp que se estaba encargando de ver quiénes traían las pizzas, quiénes las empanadas, etc. Además, habíamos aclarado que no queríamos regalos porque iba a haber espectáculos y preferíamos que el que pudiera poner unos mangos colaborara con los músicos”, explicó Jorge.

Pese a la modalidad cooperativa, la fiesta requería afrontar ciertos gastos para los cuales la pareja había optado por sacar un crédito. “Al final, nos terminó sirviendo para afrontar la cuarentena, porque como yo no podía laburar íbamos a estar complicados”, admitió Jorge, que vende cartelería y productos gráficos. A su compañera, que trabaja de maestra, la cuarentena también la sorprendió laboralmente: “Es gracioso porque para esta época yo iba a estar casada y jubilada. Con el confinamiento se suspendieron los trámites de la jubilación y acá sigo: soltera y trabajando todo el día”, concluyó Giulietta entre risas.

Varados en una falsa luna de miel

Nicolás y Romina, abogado y diseñadora de indumentaria de 34 y 37 años, se conocieron en el 2017 haciendo teatro. El 6 de marzo de 2020, tras dos años de convivencia, los novios dieron el sí en un registro civil porteño frente a sus familiares y amigos más cercanos. Según lo planeado, una semana después pondrían cierre al ritual con una pequeña fiesta en el jardín de un pariente que les había prestado la casa para la ocasión. La llegada del coronavirus al país, sin embargo, no solo dejó en suspenso la celebración sino que también terminó torciendo los planes de su luna de miel: ante el rumor del posible cierre de fronteras, la pareja postergó el viaje a Brasil y se fue a pasar dos semanas a unas sierras en Córdoba, donde los sorprendió la cuarentena.

“La semana anterior a la fiesta se me empezaron a dar de baja varios invitados. Sobre todo amigos que fueron padres y no querían exponerse al contagio. A través de las noticias, se veía venir algo extraño que a la gente la asustaba”, recordó Nicolás a Página/12, desde el departamento de Villa Urquiza que alquila junto a su compañera. “A eso se sumó que el pronóstico del tiempo era malísimo. Así que hicimos 2×1: por lluvia y por los riesgos desconocidos de una pandemia, decidimos pasar la fiesta para noviembre”, explicó.

La decisión, sin embargo, “fue bastante difícil para los dos. Habíamos hecho todo muy a pulmón, con mucho esfuerzo y anticipación. Pero creo que actuamos bien. Los indicadores nos estaban jugando en contra”, evaluó Nicolás.

Según el plan original, durante la madrugada del 15 de marzo los recién casados tomarían un avión rumbo a Caraíva, Brasil, para festejar su luna de miel. “El sábado 14, el día en que se iba a hacer la fiesta, subimos al auto en medio del diluvio y nos fuimos hasta Aeroparque para reprogramar el pasaje”, relató el joven abogado. Aunque en ese momento aún no se había decretado la suspensión de vuelos provenientes de Brasil, sí se había anunciado que a partir del 17 dejarían de llegar vuelos de pasajeros provenientes de China, Corea del Sur, Japón, Irán, Europa y Estados Unidos.

“Además, teníamos amigos que estaban viajando por Latinoamérica y estaban empezando a tener problemas para trasladarse”, agregó Nicolás sobre la decisión de no abandonar el país. Y menos rumbo a Brasil: “Después nos enteramos de que el pueblito al que íbamos, por el coronavirus, cerró. O sea que hubiera sido una pesadilla, no una luna de miel. Más con un gobierno como el que tiene Brasil”.

Para aprovechar los quince días que ya habían pedido en sus trabajos, ese mismo domingo decidieron emprender un viaje hacia San Marcos Sierras, Córdoba. La pandemia, nuevamente, inundaría de incertidumbre el plan: “Nos íbamos a quedar del 16 al 30 pero el 19 Alberto dictó la cuarentena con 3 horas de antelación, con lo cual no me dio tiempo de volver a Buenos Aires. Recién pudimos regresar el 19 de abril, cuando el gobierno autorizó el traslado de los varados internos”.

Pese al estrés de tener que afrontar un gasto que no estaba contemplado, la pareja coincidió en que pasar allí la cuarentena “fue un paraíso. Caímos en las cabañas de Sergio Pautassi, un personaje al que le dicen ‘el gaucho’ que parece sacado de un libro. Estábamos en medio de la naturaleza. Si bien había restricciones, no es lo mismo quedarte encerrado en un departamento céntrico que en una cabaña con espacio al aire libre, donde hasta nos pusieron a disposición una pulpería para cocinar”, celebró Nicolás.

Además, agradeció, “Pautassi se portó de diez. Cuando vio que no nos íbamos a poder volver, nos hizo una rebaja del 60%. Como se le habían caído varias reservas, en vez de pagarle directamente a él nos organizamos para pagarle los servicios, depositarle a la hija que necesitaba ayuda, etc.”.

Ahora, ya en Buenos Aires, Nicolás y Romina se encuentran a la expectativa de poder celebrar a fin de año. “Mientras, nos dedicamos a engordar con los postres que nos había preparado una amiga para ese día. Los tenemos stockeados en el freezer y de a poquito los vamos bajando”, bromeó, aliviado de haber llegado a cancelar a tiempo el resto del catering.

Planes postergados

El 21 de marzo, luego de un largo año de preparativos, Matías Andino (39) y Mariana Aguiliano (29) tenían planificado celebrar su casamiento en Mar del Plata, con una gran fiesta para 300 personas. Estaba todo pensado: como la mayoría de los invitados viajaría desde Buenos Aires, la pareja había elegido el fin de semana largo de marzo para que pudieran despedir el verano juntos disfrutando de la ciudad balnearia. Cuatro días después de la boda, los recién casados embarcarían en un vuelo hacia China para disfrutar de su luna de miel. “No teníamos miedo del coronavirus porque los médicos con los que hablábamos nos decían que no era tan grave. Lo que sí nos habían advertido es que nos aseguráramos de ir a ciudades que tuvieran un buen sistema de salud”, contó Matías a este diario sobre el viaje que, al igual que el casamiento, debió postergar por la evolución de la pandemia.

“Un mes antes del casamiento el tema coronavirus ya empezaba a crecer en el mundo. Pero acá todavía no había nada, así que decidimos seguir adelante”, recordó Matías desde la casa en Mar del Plata que comparte con Mariana, su novia hace 7 años. Cuando faltaba apenas una semana para la boda, recibieron una llamada de los dueños del salón que habían alquilado para la fiesta: “Nos dijeron que había salido una orden de Provincia que prohibía todos los eventos multitudinarios, así que no tuvimos mucha opción”, lamentó. Por el mismo motivo, en el Registro Civil les comunicaron que solo se aceptaría la presencia de la pareja, los testigos y un fotógrafo, así que también optaron por suspender la unión legal.

“Yo me decepcioné bastante porque es triste organizar algo y tener que postergar. Pero bueno, no dependía de nosotros y tampoco queríamos que casarnos sea un riesgo para los invitados, así que dentro de todo me lo tomé bien. Para mi cuasi esposa, en cambio, fue una tragedia. Ella estaba mucho más comprometida con todos los detalles. Que se caiga así, tan cerca de la fecha, fue un golpe muy duro”, admitió.

Luego de dar a conocer la triste noticia, comenzaron las gestiones de los invitados para reprogramar las fechas de los pasajes y estadías en Mar del Plata. “No sé qué se habrá resuelto en cada caso, pero creo que la mayoría pudo pasarlo para más adelante. También teníamos invitados de Italia, que por el coronavirus no iban a poder venir, y una prima viviendo en Estados Unidos, que tenía pasaje pero como la iban a poner en cuarentena al llegar ya había avisado que no iba a viajar”, detalló.

A pesar de la decepción, Matías rescata “la buena onda que le pusieron todos los proveedores”. “Los del salón fueron muy macanudos porque primero les pedimos reprogramar para octubre y esta semana, como vimos que el panorama sigue complicado, les volvimos a pedir la reprogramación para marzo sin problemas”, celebró. Con el resto de los servicios, corrió la misma suerte: “Todos me cambiaron de fecha. Lo único que va a variar un poco es el precio del catering, que aumentará de acuerdo a la inflación del país”.

Lo que aún queda por definir, lamentó la pareja, es la luna de miel. “Estamos complicados porque hasta ahora los de la empresa Al Mundo no nos devolvieron la plata y solo nos ofrecen reprogramar para antes de fin de año”, denunció Matías.

La confirmación del destino, explicó, dependerá del acuerdo que les ofrezca la compañía y de la cotización del dólar. “El coronavirus no nos da miedo. Así que vamos a ver si nos devuelven el pasaje en dólares o en pesos. También tenemos que ver qué hacemos en cuanto al dólar, porque no me dan muchas ganas de irme a un lugar donde tenga que pagar en dólares con la cotización a $130”.

El casamiento y la luna de miel, para su pesar, no fueron los únicos planes postergados. “La idea era empezar a buscar un hijo después del casamiento. Pero bueno, con todo esto lo pateamos para el año que viene”, concluyó apenado.

“No me quiero casar con barbijo”

Para el 27 de febrero de 2021, fecha en la que cumplen 15 años de novios, Georgina Ferri (28) y Juan Andrés Marini (30) estaban organizando una gran fiesta de casamiento en un salón de Brandsen junto a sus familiares y amigos. “La cosa surgió un poco en chiste, jodiendo por los 15 años, y terminamos diciendo ‘bueno, ¡casémonos!’. El pasado 27 de febrero, fecha en la que además de ser nuestro aniversario es mi cumpleaños, mi novio me lo propuso formalmente, con anillo y todo”, contó emocionada Georgina, en diálogo con Página/12. La emoción, sin embargo, duró apenas un par de semanas: “Por cómo vimos que está avanzando el coronavirus, decidimos postergar al 27 de febrero de 2022, como para mantener la fecha que para nosotros es muy especial. La verdad es que no me quiero casar con barbijo ni tener que separar las mesas con un policarbonato. Quiero un casamiento normal”, señaló.

Como estaban esperando a casarse para vivir juntos, la cuarentena los obligó a tomar la decisión por videollamada. “Decidimos suspender la fiesta cuando salió el segundo decreto para extender la cuarentena. Alberto no había terminado de hablar y yo ya lo estaba llamando a mi novio. Teníamos que tomar una decisión. No se sabe qué va a pasar con el país, no se sabe si en febrero ya va a estar todo normal o no. Si se van a poder hacer eventos masivos. Tampoco quiero arriesgar a la gente por casarme”, explicó.

“Además, yo por ahí empiezo a planificar una fiesta con cierto presupuesto y después ese monto se me triplica o cuadriplica. Y casarse es todo un gasto. Yo soy farmacéutica y trabajo en un laboratorio, así que tenía el mismo trabajo o incluso más. Pero mi novio tiene un puesto de diarios y los primeros 15 días de cuarentena fueron la muerte”, reflexionó Georgina, sobre la incertidumbre económica que conllevan las medidas de aislamiento, necesarias para frenar el avance de la pandemia.

Por suerte, dijo al hacer un balance, solo habían alcanzado a pagar el salón y parte del catering. “Aún no sabemos si la gente del salón nos aumentará el precio. Es un gran signo de pregunta. Respecto al catering, que lo venía pagando por mes, lo dejé en stand by hasta que tengamos más claro qué va a pasar. Pero quedamos en buenos términos. La cantidad de platos que ya se pagaron se van a respetar y a los otros se les va a actualizar el precio según la inflación”, detalló .

Lo que sí estaba pago en su totalidad, lamentó la joven, es el viaje a Nueva York que realizaría junto a su madre para ir a comprar la tela del vestido de novia. “Iba a ser el último viaje de soltera con mi mamá, pero por el coronavirus la aerolínea nos terminó cancelando el vuelo. Ahora me dicen que si no viajo antes del 30 de noviembre me van a actualizar el precio del pasaje”, protestó. Aunque agradeció: “Por suerte, como yo estaba con ese viaje, no habíamos llegado a pagar las cosas para la luna de miel. Nuestra idea era hacer el Triángulo del Oeste: Las Vegas, San Francisco, Los Ángeles y California”.

“La verdad es que suspender no me hizo muy bien –recordó Georgina–, lloré mucho y estuve unos días muy mal. Todo el mundo me decía que igual me iba a casar. Y mi novio, que me banca en todas, me decía lo mismo. Pero bueno, yo me quería morir. Él tiene otra personalidad, se lo tomó más tranquilo”. El nuevo plan, pese a la imposibilidad de planear en épocas de pandemia, es casarse el 27 de febrero de 2022. 

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