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16 noviembre, 2019
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De la protesta estudiantil al estallido social y el toque de queda:¿qué pasa en Chile?

¿Qué pasa en Chile? ¿Cómo es que una protesta de un grupo de estudiantes por el aumento del subte derivó en un estallido social generalizado, multitudes en la calle, el toque de queda, los militares en la calle para reprimir a la población? Tanto tiempo hemos escuchado, desde luego con cierta superficialidad, a dirigentes políticos y comunicadores sociales hablar del “modelo chileno” como un ejemplo a seguir, que esta implosión, Cordillera de los Andes mediante, nos sorprende un poco. BigBang conversó con dos periodistas (Juan Pablo Meneses y Milena Vodanovic) y un dirigente político (Francisco Medina, del partido Comunes) que intentan explicar y poner en perspectiva lo que está ocurriendo. Lo que sigue es la transcripción de los audios que ellos enviaron.

Juan Pablo Meneses (periodista)

Estoy caminando hacia mi casa y está lleno de milicos con fusiles y con todas esas cosas de guerra. Piñera dice que estamos en guerra y eso es jodidísimo por un lado, pero por otro lado hay gente, sobre todo los más jóvenes, que se pasan por el orto a los milicos, hacen fiestas cuando hay toque de queda, los empujan cuando llegan a las plazas, y hay marchas a favor del movimiento en todas las casas, en todos los barrios. Así que está bien jodido el tema, pero esperanzador por otro lado. No sé qué va a pasar, no veo una solución en el corto plazo. El viernes decretaron “estado de emergencia” y no pasó nada, no cambió nada. El sábado decretaron el “toque de queda”, y no pasó nada, no cambió nada. Ayer, domingo, Piñera dijo que estamos en guerra, y no pasó nada, no cambió nada. Vamos a ver qué dicen hoy, porque no ha cambiado nada, ni se ha acabado nada: por el contrario, el movimiento sigue. La gente se reúne en las plazas, donde no hay un escenario, donde no canta nadie, donde no hay ni un discurso ni una bandera, y por ahí lo único que llevan es una olla y un palo con el que le pegan, y no hay mucho más que eso. Paralelamente hay un tema con la televisión: ya hubo un par de marchas hacia los canales, que transmiten todo el día saqueos, porque han habido saqueos y quema de supermercados, pero cuando no hay saqueos ni quema de supermercados transmiten la fila de la gente que va a comprar al supermercado. Entonces lo único que les importa es el supermercado: si se lo están afanando, si se lo están quemando o si están haciendo la fila para comprar. Es una transmisión para yonquis del consumismo.

Gary Medel (futbolista)

Milena Vodanovic (periodista)

Han sido unas jornadas muy remecedoras, muy emocionantes a mi modo de ver, muy sorprendentes. Esto ocurrió sin que nadie, nadie, nadie, lo viera venir. Y aunque la derecha y Piñera traten de plantear que aquí hay un enemigo oculto que habría estado organizando esto en las sombras -no sé cuál porque no lo identifican- la verdad es que esto fue una cuestión muy espontánea que empezó alrededor del miércoles con el alza del pasaje del metro (el subte). Empezaron grupos de estudiantes a evadir los torniquetes (molinetes) del metro, a hacer algunos destrozos, se empezó a sumar otra gente a esta evasión. Era una protesta un poco agresiva y violenta, en el sentido de que estaban destruyendo el metro, que usamos todos los santiaguinos, pero estamos acostumbrados a este tipo de protesta de los jóvenes estudiantes. Sin embargo, para sorpresa de todos, el viernes esto se convirtió en una protesta ciudadana con la gente, sobre todo la clase media (mujeres, jóvenes, niños, viejos, gente en sillas de ruedas) haciendo sonar las cacerolas como se hacían sonar en el año 83. Hubo una manifestación ciudadana fuertísima y pacífica todos estos días, que no ha terminado todavía, de gente que manifiesta el hastío de una sociedad abusiva, de un país desigual que se ha desarrollado, que ha crecido pero donde los beneficios se los llevan unos pocos y el resto tiene que soportar unas AFP (el equivalente a nuestras AFJP de la época del menemismo) con unas jubilaciones de terror, muy bajas; tiene que soportar que los seguros privados de salud tengan altísimas comisiones y lucren con la salud de todos nosotros, servicios públicos tan deficientes, compañías privadas que le transfieren el costo a los usuarios ( como el caso de Enel, que le transfirió el costo de los medidores de la luz a todos los chilenos). Creo que el chileno se cansó y dijo Basta, basta del abuso. Más que una medida política aquí hay un grito, de decir “Mírenme, mírenme, aquí estoy, existo, escúchame, estoy hastiado. Mírame, mírame, existo.”

Dicho lo anterior, también ha habido un vandalismo muy extremo con muchísimos supermercados y estaciones de metro incendiados, y con saqueos. No es nuevo, se vio para el terremoto del 2010, pero no lo habíamos visto en estas dimensiones. El discurso de la derecha es juntarlo todo. Si protestas, apoyas el vandalismo. El discurso de Piñera ha sido terrible en su léxico y en su posición. “Esto es una guerra, estos son mis enemigos”.  El Gobierno decidió decretar estado de emergencia y sacar a los militares a la calle el viernes, y con los militares a la calle no se pudo evitar la destrucción y el incendio de las estaciones de metro. Esto habla de una inoperancia horrible. Yo no soy de creer en las teorías conspirativas, pero aquí tiendo a pensar que ha habido una estrategia de extremar las situaciones para producir un discurso de “O estás conmigo o estás contra mí”, de los buenos y los malos… Bueno, conocemos ese discurso. Ora interpretación también puede ser que los militares y los carabineros no quieren jugarse en esta vuelta, no quieren mezclarse con el poder político: se han visto muy juzgados en los últimos tiempos por distintas cuestiones de corrupción que tienen a sus altos mandos en la cárcel. Han sido muy humillados públicamente, y yo creo que el poder político no les ha tendido una adecuada liana para agarrarse y se sienten huérfanos también. Entonces están en una actitud de prescindencia. No lo sé , pero hay algo raro acá. 

¿Cómo se va a desenvolver esto hacia adelante? La verdad que me cuesta verlo porque no hay un interlocutor de la protesta. Aquí no llamó ni una serie de partidos políticos ni una organización. Es la gente espontáneamente, vinculándose y saliendo a la calle a través de las redes sociales. Entonces, ¿con quién se negocia? No hay con quién. Por otro lado, la oposición ha estado inexistente. Es una cosa impresionante y muy vergonzosa. Durante todo el fin de semana no hubo una reunión de los partidos de oposición, que se juntasen como antaño a sacar un documento, a tener una posición coordinada. Tampoco el gobierno ha llamado a la oposición al diálogo, o si lo ha hecho no lo sabemos. [Al cierre de esta nota, y al cabo de cinco días de crisis, Piñera convocó a la oposición a una reunión para mañana, martes 22, a las 9 de la mañana].

Entonces vemos a una autoridad completamente acorralada, perdida, queriendo convertir todo esto en un tema de violencia y punto, manejándolo con los códigos de seguridad y del Estado, tratando de mantener el orden público y no pudiendo, y no siendo capaces de leer las demandas mayores, que son muy profundas. Ahora, ¿cómo se les da curso a esas demandas mayores? ¿Cuáles podrían ser los llamados, los anuncios que la autoridad pudiese hacer, que calmaran a la opinión pública? Me cuesta mucho verlo, porque todos serían proyectos de leyes bien complejos. Sería sacar adelante el tema de las pensiones, sacar adelante el tema de los seguros de salud… plantear una serie de cosas que han estado estancadas en el congreso y en el Ejecutivo desde hace no sé cuántos años.

Pero hay una cosa muy bonita que es un lema que ha estado muy presente, que es Chile despertó. Y uno de los que levantó este lema es el arquero de la Selección chilena, Claudio Bravo, que no es un hombre de izquierda pero que empatiza con su pueblo agobiado, abrumado, agotado, abusado, y dice “Chile despertó”.  Es la frase que han estado repitiendo los taxistas, las dueñas de casa, la gente común, cuando les preguntan porqué están protestando.

Por otra parte, te puedo decir, desde una perspectiva bien personal, esto de tener los militares en las calles y de tener toque de queda es muy duro. Ayer, cuando decretaron el toque de queda a las 7 de la tarde, me fui a negro. Tuve las peores sensaciones, sentí el peso de la noche… A uno le recuerda cosas muy dolorosas y muy fuertes y sentí que los que nos están dirigiendo, los miembros del gobierno de Piñera son los mismos que apoyaban a Pinochet  y no han cambiado nada. Están ahí, y podrían ser así de crueles y así de ciegos.  No tengo información para decirte porqué, pero es una percepción que tuve, y que la ha tenido mucha gente. El discurso de Piñera hablando de guerra fue horrible, no sé quién lo asesoró. Ahora está tratando de desdecirse, pero cayó pésimo en todos los sectores. Junto con el despertar hermoso de una sociedad, un pueblo, una gente que se cansa de no ser vista y no ser escuchada y grita y explota, está también el despertar de los monstruos. Aparecen todos los fantasmas: tener toque de queda como en el tiempo de la dictadura es algo muy triste. Duele tremendamente. Yo sentí que esos monstruos que pudieron alguna vez tomar el control de este país y no ver y no tener compasión podían volver. Están la esperanza, el temor y la incertidumbre juntos en un momento muy clave en nuestro país.

Otra cosa hermosa ha sido ver a los jóvenes que se suman y se sienten parte de esto, porque entienden la demanda, pero también porque hay un anhelo de sentirse parte de una sociedad viva, que es algo que en esta sociedad tan dura de libre mercado no ha existido. No ha existido la sensación de pertenecer a una comunidad, de construir juntos un país, de tener esperanza en un futuro mejor. Creo que de alguna manera la parte más pacífica de estas protestas ha producido nuevamente esta sensación de comunidad, de encuentro.

Y agrego otro elemento que no es menor: esto del vandalismo ha sido encontrarse con un país que no conocemos, un país que estaba escondido en las zonas periféricas, en las poblaciones donde ya estamos viendo situaciones de narco, donde estamos viendo una delincuencia muy desatada de gente sin esperanzas, con un sentido de comunidad muy fragmentado. Yo creo que hay sectores donde eso es parte de cada día y el resto de la sociedad no lo ve. Y cuando explota esto, hay gente que se pregunta “¿De dónde salieron estos vándalos? Estos no son chilenos”. De repente habían llegado unos vándalos que no sabíamos que estaban entre nosotros, pero estaban, claro,  y están, sólo que en lugares donde la elite no los ve. Se ha perdido el tejido social y no lo vemos porque tenemos un país desigual y una ciudad segmentada. Vivimos en ghettos y no nos topamos, y no tenemos idea de cómo es la vida de los que están en otros lados. Ahí hay otra cosa para pensar: de dónde viene este vandalismo, quiénes son esos vándalos, por qué hay grupos de chilenos que aprovechan esta situación para destruir , para sacar televisores y venderlos baratos o llevárselos a sus casas, o para saquear unas bicicletas. Quiénes son esas personas, dónde estaban, porque estaban acá y no los veíamos.    

Francisco Medina (Partido Comunes, dentro del Frente Amplio) 

Justamente ahora habido una concentración en Plaza Italia. Posiblemente, esto no sale en los medios de información tradicionales, la mejor información circula en este momento por las redes sociales. La situación actual es que estamos en estado de emergencia. El toque de queda empieza a las 8 de la noche, que no es noche en realidad porque aquí en esta época del año oscurece más tarde. El presidente anoche calificó esto como un “estado de guerra”, lo que en vez de apaciguar los ánimos los ha exacerbado más, porque lo que ha hecho el gobierno a partir de este conflicto social, básicamente es decirle a la ciudadanía que son un grupo de terroristas. Y en esa lógica han llevado el conflicto a un tema sde seguiridad pública, cuando en realidad es mucho más que eso. Y los medios tradicionales de comunicación no hacen más que ser un portavoz del oficialismo, del gobierno de Piñera. Lo tragicómico de la situación actual  es que el presidente habla de un estado de guerra, pero minutos más tarde el encargado militar de la región metropolitana dice que él no está en guerra con nadie. Hay militares desplegados principalmente en supermercados, malls, para darles protección. Ciertamente la policía ha dejado bastante que el lumpen y la delincuencia prosperen, creo yo que con el objeto de convertir las demandas sociales en un tema de seguridad pública. Y los medios obviamente agitan esta situación de inseguridad, lo que probablemente redunde en más militares en la calle, mayor represión y mayor corte a las libertades democráticas. Hay muchos videos donde uno puede ver que las protestas son pacíficas y se reprimen brutalmente. Hay varios muertos ya y el llamado que están haciendo los movimientos sociales – y más que los movimientos sociales porque esto ha sidio bien espontáneo, no tiene una articulación- es a seguir manifestándose. Hay un cacerolazo a las 8 de noche y eso es la situación actual, te diría. El país funciona no con normalidad. De hecho hay varias estaciones de metro que no están funcionando. Y si uno camina por la calle, la verdad es que no hay nadie en contra de esto, salvo el gobierno, que quiere criminalizar a todos los ciudadanos. La verdad es que yo no me atrevería a decir lo que va a pasar, porque nadie tiene la capacidad orgánica para darle dirección a esto. La  única propuesta de gobierno, esto es lo más lamentable, ha sido congelar el alza de pasaje, cuando Chile, la verdad es que era una olla a presión. Una olla a presión de injusticia, de corrupción, de evasión de impuestos de los más ricos. Esto era una olla a presión que estalló y no tiene por dónde controlarse. Este conflicto pasó al costado del Frente Amplio, básicamente porque no ha tenido la capacidad orgánica para darle conducción a esto, sin embargo hoy día como Frente Amplio lo que estamos proponiendo es sumarse a las movilizaciones, a construir desde los territorios y no permitir que el foco del conflicto se traslade a un tema de seguridad pública, sino que se traslade y se mantenga en un nuevo pacto social, y hacer plebiscitos, que aunque parezca irrisorio, en Chile no existen. Aquí todavía hay movilizaciones, se cortan calles de repente, y la repre es muy fuerte.

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