Abr 24, 2020
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Encuentros cercanos: en busca de la palabra justa de Abel Pintos

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Enero es, en Córdoba y en la redacción del suplemento VOS, sinónimo de temporada de festivales de todos los colores.

Todo un mundo nuevo para aquellos inocentes que creen que escribir en una sección de “espectáculos” es sólo sinónimo de escribir sobre shows musicales o teatrales y productos audiovisuales de alto impacto. Y también, una puerta abierta al aprendizaje del oficio en su estado más crudo.

Como toda cobertura que implique una estadía de varios días, el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María es un monstruo grande y pisa fuerte a todo aquel que no esté preparado para cambiar el chip durante algunas jornadas. Muchas horas de trabajo, varios amaneceres y altísimas dosis de folklore y comidas típicas forman parte de la rutina durante 10 noches ininterrumpidas.

Pero algo que destaca al festival –y que puede marcar una diferencia fundamental con su rival histórico, el de Cosquín– es que logra ser un hervidero de artistas, periodistas, productoras y miembros de la comisión organizadora que caminan los pasillos del anfiteatro José Hernández. De acá para allá, yendo y viniendo siempre con alguna urgencia, pero todos compartiendo un mismo clima de backstage detrás y debajo del escenario.

Esa familiaridad que se genera tras bambalinas tiene, también, sus momentos de tensión. Y mi primer (y único) encuentro con Abel Pintos lo confirma.

Dimes y diretes

En los primeros días de 2020, el músico era protagonista de una polémica por un monto de honorarios que supuestamente un intermediario había presupuestado para un show en Chilecito, La Rioja.

Al intendente de esa localidad se le ocurrió decir que con la plata que cobraba el artista (unos seis millones de pesos, según él) prefería comprar una ambulancia y todo quedó servido para una contundente respuesta de Pintos.

En la noche en la que tenía que presentarse en Jesús María, la encargada de prensa del festival confirmó que tendríamos la oportunidad de hablar con el músico de Bahía Blanca y podríamos hacer algunas fotos rápidas en la antesala de su show.

Ese día había llegado desde Córdoba uno de los fotógrafos estables del diario, Facundo Luque. Nunca imaginé lo que me diría en la antesala del encuentro con Pintos. “Mi tío es su personal trainer, trabaja hace mucho con él”, disparó mi compañero de cobertura, que procedió a contarme cómo comenzó esa relación: “Mis tíos lo vieron en la tele cuando era chico y lo empezaron a seguir, después le mandaron una carta, él respondió y comenzaron escribirse. En algún viaje a Córdoba Abel llegó a parar en la casa de ellos incluso”.

Cuando Abel llegó al anfiteatro, fans y medios esperaban ansiosos por cruzarlo. Los pasillos del José Hernández estaban atestados de periodistas, camarógrafos y productores a la espera del testimonio del músico. Y Pintos no defraudó.

Luego de ingresar al anfiteatro, Abel recorrió el camino hacia su camarín sin dejar de lado su responsabilidad como figura pública. Se paró ante cada pedido de “una preguntita y nada más”, se sacó fotos y tuvo un encuentro especial con una fan adolescente que consiguió abrazarlo detrás de escena.

Pintos fue derecho a la conferencia de prensa mientras el equipo de VOS esperaba mirando el reloj. Faltaba poco para que el músico tuviera que subir a escena y su representante parecía inquieto por la extensión de la rueda periodística.

Como nos habían prometido un momento a solas, con mi compañero Claudio Minoldo –periodista de Jesús María y experto de las noches de “color y coraje”– decidimos mantener nuestros lugares a la espera del ansiado encuentro. Mientras tanto, el fotógrafo saludaba a su tío, también encargado de coordinar los movimientos de todo el equipo técnico del artista.

Siete minutos

Cuando parecía que no íbamos a tener suerte, Pintos apareció por la puerta de la sala de prensa y su representante nos lanzó una mirada fulgurante. “Corto chicos, por favor, que tenemos que subir”, dijo, abriendo la palma de su mano para señalar la cantidad de minutos que teníamos para charlar.

Finalmente, los minutos llegaron a ser siete pero fueron más que suficientes.

Muy relajado y sin sobresaltos, Abel nos contó sobre su rutina física para estar a punto, nos adelantó el esperado encuentro con Jorge Rojas en Cosquín y habló del difícil momento económico del país y del valor que tenía para él su masiva convocatoria en ese contexto.

Faltaba nomás la pregunta que se hacía obligada. Y allí también, un golpe de suerte.

Pintos había pasado el día comentando el episodio de La Rioja con su habitual corrección política y era de esperar que no tuviera nada demasiado nuevo para decir. Pero no.

Quizás por la conciencia sobre el poder de sus palabras o por las ganas de “sacarse el casete” un rato, el músico decidió sorprender con una frase que se replicaría en todos los portales del país.

“Lo único que espero es que finalmente se compre la ambulancia”, respondió Pintos cuando se le preguntó por el intendente riojano.

Era el final de la nota y no había más para agregar. Abel se paró, se predispuso para la foto y soltó un pedido particular. Horas antes, una fan cordobesa le había alcanzado un retrato suyo. “¿Por qué no me sacas con este cuadro hermoso que me regalaron?”, preguntó el ídolo. Él ya había dejado una pincelada que se haría viral durante la madrugada.

 

Relacionada. Tras la polémica, desde Chilecito explicaron qué fue lo que ocurrió con Abel Pintos.



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