May 23, 2020
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Entre la grieta y el muro

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Se veía venir. Funciona la lógica del riego por goteo. Una frase acá, un posteo allá. Un “por ahora no, pero mañana no sé”. Se trabaja instalando una idea, naturalizando un concepto que, en principio, genera rechazo.

Daniel Gollán, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, elevó un tuit incendiario: “Queda claro en este mapa cuál es la fuente de irradiación del coronavirus”.

La frase, de muy fuerte carga semántica (irradiación remite a radiactividad y radiactividad a Chernobyl), vino acompañada de un mapa de la Provincia. Un punto rojo de connotaciones purulentas e infecciosas señalando el lugar exacto de instalación del mal: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La idea acerca de la conveniencias de aislar a la Capital quedó plantada y motivó un merecido revuelo.

Los intentos de bajar el tono al desaguisado no funcionaron, por el contrario acicatearon el debate. Tras la pretendida retractación, el responsable de salud en la Provincia propuso “limitar los vínculos con la Capital Federal”. Un poco más de lo mismo.

La cuestión ya se discutía acaloradamente en los medios cuando, en una malhadada intervención radial, el siempre locuaz Sergio Berni introdujo al tema otra imagen infame: el muro entre México y EEUU. En el revoleo todo parece tener que ver con todo.

Victoria Donda no quiso quedar afuera y sumó méritos de manera absolutamente explícita. “El racismo estructural provoca muertes como la de Ramona. Una gestión clasista es una gestión que discrimina”, descerrajó. Donda no es una militante más. Es la titular del INADI.

Ramona Medina, referente social de la 31, murió de COVID-19 a días de denunciar la falta de agua en el barrio. Otro tema que dio pasto a la caza de brujas pandemia. Con Malena Galmarini al frente de AYSA, la embestida contra Rodríguez Larreta se complicó. Pero el repechaje no se hizo esperar.

En la mitad de la semana, Axel Kicillof bajó otro título. “Si van a abrir los comercios que los bonaerenses no vayan a trabajar a CABA”. Para redondear el concepto, el Gobernador de la provincia más populosa del país sentenció: “La normalidad no existe más. Es un sueño, fantasía… abrir es un suicidio colectivo”.

Todo lo que se dice y hace en tiempos de pandemia puede desencadenar efectos impensados. Con la gente fatigada por el encierro, angustiada por las dificultades económicas y paralizada por el miedo las provocaciones políticas activan las peores reacciones.

En este caso la sugerencia devino ley. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompió.

Ya sobre el fin de semana se decidió dar de baja todos los permisos de circulación a los trabajadores no esenciales. Hasta la noche de este viernes se desconoce a quiénes y con qué criterios serán otorgados los nuevos pases de circulación. No está claro cómo se tramitarán ni quién controlará su legitimidad. La ciudad no será aislada, pero será mucho más difícil entrar. Esa es la idea. Menos gente circulando entre la Ciudad y la Provincia.

Una suerte de Checkpoint Charlie en la General Paz. Un muro digital.

Así viene la nueva normalidad. En lo inmediato, subordinación y valor.

“Nadie quiere ser responsable de lo que va a pasar”, explica un funcionario del más alto nivel del Gobierno. Admite que el tema instrumental de la cuarentena se mezcla con la política y genera ruidos a la hora de la toma de decisiones.

Según esta mirada, la foto de Alberto Fernández con Horacio Rodríguez Larreta en plácida búsqueda de acuerdos y esmerada cooperación paga fuerte al Jefe de Gobierno de la Ciudad. Un acopio de consideración y respeto que suma dividendos políticos a quien ya muchos perciben liderando cómodo la oposición. Convertido Rodríguez Larreta en una suerte de socio en las responsabilidades de la adversidad viral, la selfie beneficia a ambos.

“Alberto cobra bien el encuentro anti grieta”, acota el interlocutor.

Al Presidente le rinde la búsqueda de consensos, la templanza y la moderación, pero para los amigos del Instituto Patria los gestos de este tipo fastidian y fuerzan reclamos de compensación.

Alberto Fernández es descrito por los suyos como un “pragmático”. Es quien, por lejos, capitaliza en términos políticos la disolución de la grieta. Necesita salir de es zanja oscura e insondable para enfrentar con poder propio al “cisne negro” de la pandemia.

En este contexto los muy suyos prefieren no hablar del albertismo.

La discusión entre albertistas y cristinistas no conviene a nadie, aseguran fuentes allegadas al oficialismo. Esta es la razón por la cual el Presidente se aplica a resguardar su relación con CFK. Este juego de tensiones suele jugarle malas pasadas. No es fácil equilibrar posiciones sentado entre dos eventuales presidenciables. Tienen demasiada expectativa política por delante y son demasiado jóvenes ambos para que el coronavirus se los lleve puestos.

Obligado a administrar tensiones ideológicas y de gestión, los que lo tienen cerca, ven al Presidente jugando un partido de dos tiempos. Tiene que salir del primer round, la gestión de la cuarentena, con al menos dos goles adentro. Solo fortalecido en este plano podrá presentar batalla cuando llegue el segundo round, el más difícil, el de la economía.

Después de una semana de tires y aflojes volveremos este sábado a disfrutar de la foto de la troika. Verlos juntos tranquiliza, pero esta vez llegan para bajar noticias duras. La aceleración de la tasa de duplicación de los casos es exponencial en el AMBA.

La situación en los barrios vulnerables es inquietante. El R0, tasa de contagiosidad, sigue por encima de 1. Esto significa que la curva sigue ascendiendo.

Estamos entrando en el ojo del huracán, sostienen los infectólogos. Las decisiones se toman sobre los números en el minuto a minuto de la pandemia. Se impone volver a cerrar.

La estrategias de medición y supresión que se aplican en la Ciudad de Buenos Aires son diferentes a las de Provincia.

En la Capital la búsqueda es activa y se aísla a los sospechosos en grupos familiares hasta identificar los casos positivos. Cientos de habitantes de la 31 y otros barrios populares están alojados en hoteles y centros de contención.

La situación del avance viral en la Provincia está subdiagnosticada. Los testeos recién están comenzando en los barrios del conurbano profundo y se tema una explosión de contagios.

El sistema sanitario es mucho más frágil que el de la Ciudad. Los intendentes tienen criterios contrapuestos pero el miedo a que se descontrolen las variables es transversal.

Los referentes sociales que militan en los barrios más profundos y los curas villeros ya dan cuenta de cientos de casos que no registra ningún radar oficial. Las horas por venir son las más difíciles. Con la contención alimentaria relativamente controlada los jefes comunales velan armas a la espera del pico.

Apremiados por las demandas de los que piden salir a trabajar, conviven con la amenaza del más temido de los fantasmas: que un eventual colapso sanitario traiga desesperación y violencia en las guardias hospitalarias. Nadie quiere estar en ese tiempo y lugar.

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