Mar 15, 2020
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Entrevista a Wos: No podés ser todopoderoso

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Para mensurar el crecimiento meteórico de Wos, el solista del momento en la música joven, basta con mirar las programaciones de las últimas dos ediciones de Cosquín Rock. En 2019, el ¿rapero? ¿trapero? ¿rockero? fue programado en una carpa alternativa como un artista en ascenso que proyectaba los modos del freestyle, cultura basada en batallas de rap que lo tenía como amo absoluto, para un incipiente proyecto solista de compositor de canciones. 

Y en 2020, el seudónimo del artista enrolado como Valentín Oliva ya se disputaba la parte superior de la grilla del festival serrano con Skay, Las Pelotas, Ciro y Los Persas y Divididos; y lo hacía poco tiempo después de ofrecer un show descomunal en La Nueva Generación.  

Entre una y otra cosa no sólo pasaron 12 meses sino también la publicación de un disco (no tan) largo, Caravana (2019), que en su momento buscó capitalizar el impacto de Andrómeda y Púrpura, simples que Wos había posteado en las postrimerías de su actividad como freestyler. Esos temas anticiparon este presente de decenas de millones de plays

Pero en realidad fue Canguro, tema de apertura de Caravana, el que llevó a Wos a la estratósfera. Con un piano infantiloide que remitió a la banda Árbol y un desarrollo posterior letal de hip hop orgánico y duro, el flacucho se cargó a la meritocracia y a la desregulación laboral en los estertores del macrismo. 

Sintonizó con un sentimiento joven de época, por lo que ahora parece natural que abra boleterías para un espacio del mainstream del entretenimiento como Plaza de la Música. Wos tenía previsto actuar allí el viernes 20 de marzo, ya como santo patrono de la progresía. Pero por las alertas preventivos de coronavirus, su show fue reprogramado para el 29 de mayo.

“Primera fecha propia en Córdoba. Era un pendiente y por eso estoy re manija”, dice Wos desde la ciudad de Los Ángeles, donde estaba hace unos días, al momento de la entrevista, y de donde regresa derecho a la cuarentena. Lo cuenta del otro lado del teléfono de Louta. “Nos vinimos con el (Facundo) Yalve (el guitarrista y productor también conocido como Evlay Beats), que también está trabajando para Louta. La idea es hacer algunas cositas en unos estudios emblemáticos de por acá. Es la primera vez que vengo. Es un viaje medio exprés, igual”, añade a modo de explicación para la triangulación telefónica. 

Más allá de que implique algo de trabajo, el repliegue angelino de Wos supone un remanso después de surfear la gran ola festivalera. “En este presente, claramente, hay un lindo bardo de emociones. Con picos de adrenalina muy arriba, con una plenitud artística enorme… Pero después volvés a tu casa y estás solo con vos mismo, sin multitud. Estás vos, tu cabeza y la vida misma. En esa montaña rusa no te tenés que marear sino ir para adelante. Sólo así podés perdurar”, analiza el cantante que, al samplear a Los Redondos y armar una banda de respaldo, se convirtió en el eslabón que conecta a los pibes con sus padres. 

“Eso es algo que me ceba bastante”, confiesa al respecto. 

“Me sorprendo todo el tiempo con las cosas que van pasando, y a la velocidad que pasan –redondea–. Me gusta ver un público recontra variado, que viene de diferentes edades y sectores… Estoy tratando de entender por qué me escucha un pibe de 7 y un chabón o una mina de 40. Es que nunca hice música ni canciones pensando en algo ni en alguien. Creás algo, lo revelás y, después, se dispara, queda fuera de tu control”. 

–¿Sentís que estás cantando los himnos de tu generación? 

–No siento que esté diciendo algo que otro no sepa. Pongo en palabras algo que se piensa y eso genera empatía, genera bardo. Es raro pensar que hay gente que se tatúa lo que escribí en un cuartito de Villa Urquiza sin apuntar a nada. Es raro que todos se ceben con algo que hice luego de decirle al productor “vamos por acá, haceme una base bien rapera y entro con ‘¡patada de canguro!’”. Es muy delirante, estoy muy agradecido con eso.

–“Caravana” salió en los estertores del macrismo, con condena de la meritocracia incluida, lo que sugiere de qué lado de la mecha te encontrás…  

–Es bastante concreto lo que dice Canguro. Es claramente lo que pienso o expreso cuando improviso o canto. No lo pensé demasiado, me salió de la panza. Era algo que me venía jodiendo. Ves que algo destruye todo alrededor y pensás “Qué mal todo esto que pasa, qué mal que la gente no tenga laburo, qué mal que la cultura esté devastada”… Y luego te manifestás sin pensarlo demasiado. Tiene recontra que ver con ese momento. Lo que pasa después, como ya dije, no lo podés controlar. La canción pasa a ser de los demás. Muchas veces escribís una frase y otra persona lo toma como parte de su vida. Canguro es lo que surgió de lo que sentí el año pasado, porque la escribí y la saqué con poca distancia de tiempo. Me gusta que se haya dado lo que se dio, porque es lo que pensé y aún pienso. 

Wos, en escena (Gentileza Agencia Picante)

–¿Y ahora estás en sintonía con el gobierno nacional?

–Me genera más esperanza que el gobierno de Macri… Me parece importante que alguien como Ofe (Ofelia) Fernández haya entrado al Congreso. Gente joven en la política, es importante. Hay que estar igual de atento, diciendo lo que no nos gusta. Pero ya genera esperanza alguien más atento a escuchar las necesidades de la gente real. Hay de todo como en todos lados. Yo no voy detrás de una bandera. Voy más con una idea o una sensación, no tiene que ver con pegarse a alguien o ser su soldado. Quiero que las cosas estén lo mejor posible y veo cuál es la mejor opción para que eso pase. 

–¿Cuál fue tu primer contacto con la cultura del hip hop?

–Con mis amigos del barrio y del primario, que siguen siendo mis amigos, nos cebamos con el grafiti que es una de las ramas del hip hop. Empezamos por ese lado, pero yo era bastante malo pintando, así que pensé “no es por acá”. Pero por esa misma vía dimos con el rollo del freestyle. Sinceramente, yo no sabía que había en Argentina gente que improvisaba. No sabía que existía el freestyle. Yo tenía 14 y la movida estaba en crecimiento puro. No se sabía mucho, las competencias tenían muy poca concurrencia. 30 pibes, ponele. Empecé a ir a las plazas por publicaciones de Facebook. “Ya fue, nos mandemos”, pensamos con amigos. Empecé como jodiendo, rapeando como un juego a partir de la historia de un personaje, no me animaba a hacerlo en serio. Cuando empecé a ver la movida dije “Guau, mirá lo que es esto” y me cebe, empecé a rapear, a competir. 

–¿Cuando hiciste el clic para ser Wos?

–Es muy loco eso. El otro día pensaba con los pibes que sólo ellos, mis amigos, sabían que yo rapeaba como Wos. La movida no era algo conocido, era de nicho, y Wos era un apodo para ese nicho. Cuando salíamos de ahí, todos me decían Valentín. Era algo de los que conocían mi faceta de freestyler. Se da vuelta un poco todo cuando vuelvo a competir en 2016. Porque explotó la movida y yo crecí en paralelo. Primero con El Quinto Escalón (se coronó campeón en 2016) y después con La Batalla de Gallos Red Bull en el Luna Park (se coronó campeón mundial en 2017). Fue entonces que todo detonó y pasé a ser Wos para todo el mundo. Lo curioso es que, ahora, para mis amigos soy Valentín. 

El salto de las batallas (donde la improvisación es todo) al mundo de la canción formal (donde la edición posterior a la expresión es todo) Wos lo abonó con una banda pulsión a sangre. Con un grupo espeso–pesado que hoy forman el ya citado Facundo Yalve (Evlay Beats, guitarra), Guillermo Salort (batería), Fran Azorai (teclados) y Natasha Iurcovich (bajo). 

–Marcaste la cancha con la banda. 

–Son cosas que uno piensa y quiere. Me acuerdo de que mi primera fecha solo fue en Cosquín Rock (domingo 10 de febrero de 2019) y tenía un repertorio de tres temas. Cuando me programaron, me preguntaba “¿qué carajo voy a hacer?” Pero tenía unas ganas locas de tocar. Antes, Ca7riel me llamó preocupado por lo mismo y me dijo “si querés, te ayudo”. Así fue que armamos algo con Ca7riel, Fran y Guille. Salimos medio provisorios pero funcionó tremendo. 

–Una vez entrevisté al freestyler Papo y, sin vueltas, me dijo que le asistía una chance en la Freestyle Master Series (FMS) sólo después de tu retiro.  ¿Alguna vez te embargó ese sentimiento de superioridad o te creíste el mejor? 

–Esa sensación va y viene. La competencia es jodida, es algo muy distinto a estar en un estudio y contar tu flash. En la competencia, la cabeza juega en lo artístico pero también está atravesada por lo deportivo. Me dejó de gustar eso pese a que, claramente, había algo ahí que me atraía. Todo se volvió muy medido, muy de ver qué cantidad de puntos acumulaste en la tabla. Si acumulás puntos, no descendés; y si no descendés, el año que viene tenés laburo. Esa profesionalización llevó a todos a esta sensación de “tengo que ser el mejor” o “me tengo que comer el mundo”. Quería algo con otra energía, porque, últimamente, la competencia me dejó cierto veneno. Igual está rebueno este asunto. Esto que cuento tiene que ver con cómo me lo tomo yo. Improvisar en el momento, hay uno que gana y otro que pierde. De eso va la historia. Y pasás por todo en ese proceso: de sentirte el peor al mejor. Y hasta podés pensar que va a llegar uno nuevo y vas a ser descartable.  

–¿Revisás tus batallas en YouTube? ¿Cuál es la que más te gusta?

–Nunca me gustó verme. Las veía una vez y ya, me daba cuenta de que no era para tanto. Al principio tenía como una vergüenza previa, pero después me fui acostumbrando. Me juzgo bastante cuando me veo. A veces pienso que desde los 14 me están filmando mientras digo lo primero que se me pasa por la cabeza en una competencia de freestyle. A las letras de una canción las pensás, sabés qué mensaje querés transmitir. No pienso igual ahora a los 22 que a los 18, cuando rapeaba en competencias. Y no pasó tanto tiempo. Veo videos viejos y capaz que encuentro algo que no me ceba, ya sea desde lo técnico o desde el contenido. Pero también puede pasar que veo las primeras que hice en plazas y me pica el bicho y digo “vuelvo y me parto la cabeza”. Es complicado estar en dos cosas, esa es la verdad. 

–En “Pantano” decís “mirando lo que pierdo y también lo que gano”. Bueno, ¿qué es lo mejor y lo peor de esta nueva situación en la que sos “el” artista de la nueva música joven?

–En algún punto todo hace a un equilibrio. Te va dando de un lado, sacando del otro. Así como abre un montón de posibilidades, de tocar, de conocer, de trabajar de lo que te gusta, te va poniendo otros límites. A alguien como yo, la fama le pone límites en lo social… Y están las ideas que se hace la gente sobre lo que sos. Hay cosas que hacía antes que ya no hago más, es parte del camino. Está bien que sea así, no podés ser todopoderoso. Lo que pienso siempre es que todo depende de cómo llegues. Yo estoy contento con el proceso que viví para llegar hasta acá. Me siento tranquilo porque todo tiene que ver conmigo. Porque Wos no es un personaje que obligó a que Valentín se quede escondido. Todo tiene sentido, todo tiene un color súper bueno. Si te corrés de vos, puede que se desfase más. 

Wos entró a la cultura del hip hop por la vía del grafiti. (Gentileza Agencia Picante)

–¿Escuchaste el nuevo tema de Residente? ¿Harías algo así de autobiográfico y cargado de culpa?

–El peso de lo que dice tiene que ver con su experiencia. Con años de carrera, de fama y todo. Siento que yo lo hago de otra manera, no tan autobiográfica. Andrómeda cuenta algo sobre esa soledad a la que él se refiere, pero me pasa ahora y no después de años de experiencia como en su caso. Cuando crecés todo es elogio y te enroscás fuerte. Y es así hasta que en un momento empieza a aparecer la contracara. Como artista, uno hace algo en esta época, en la que en redes todo el mundo da su opinión. Es así. Estás diciendo algo y sabés que ese es el orden. Mi opinión es que no tiene sentido perderse en los comentarios.  

–¿Te resulta tierno que te digan “Wosito”? 

–Es simpático, cariñoso. Mis amigos deformaron el apodo de mil maneras, pero parece que “Wosito” ganó la batalla. 

Confianza paternal 

Valentín Oliva, Wos, es un emergente de una familia de artistas. Más precisamente, del músico Alejandro Oliva, su padre y fundador de La Bomba del Tiempo, y de la actriz y bailarina Maia Mónaco, su madre.

Recientemente se viralizaron unos videos del programa infantil Paka Paka que dan cuenta del caldo de cultivo que alumbró al Wos que conocemos hoy. En esas realizaciones caseras, se ve al niño Valentín súper estimulado, ya sea tocando la batería o dirigiendo el grupo percusivo de papá Alejandro. 

“¡Era una ratita! Mi primera reacción fue ‘no quiero ver esto’. Después me estalló y me trajo buenos recuerdos. Ver ese video dirigiendo a La Bomba del Tiempo de niño me hizo pensar que hace poco tuve al grupo acompañándome en el Luna Park, en la presentación disco. Es un flash y me refuerza la idea de que todo tuvo que ver con lo que soy ahora”, dice Wos. 

–¿Y con tus viejos cómo es la onda, seguís viviendo con ellos? 

–No, vivo con mi mejor amigo. Pero tengo una relación ultra piola, están al tanto de todo. Con mi viejo toqué en el Luna Park… Y con mi vieja grabé algo en un disco que está haciendo, como para tener algo en conjunto.  

–¿Considerás importante la formación que te dieron? 

–Claro. Sobre todo en el hecho de bancarme en lo que sea. Hace tiempo, yo rapeaba puteando berretines, mientras el freestyler contrario la puteaba a mi vieja, ¿viste? Aun en esas situaciones incómodas me bancaron, me dieron libertad. Nunca me dijeron por dónde ir. Eligieron confiar. Está bueno que los padres banquen a sus hijos en el delirio que sea. La movida de rapear era casi inexistente cuando yo empecé, así que necesité de un entorno que me permitiera explotar. Mis viejos me dieron ese espacio copado para crecer. 

En vivo

Wos presentará Caravana, su álbum debut, en Plaza de la Música (avenida Costanera y Nicolás Rodríguez Peña). La cita es el viernes 29 de mayo, a las 21. Entrada general: $950 más $100 de cargo por servicio. www.edenentradas.com.ar



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