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26 febrero, 2020
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Gobierno se ilusiona con que, ahora sí, “lo peor ya pasó”

Los alimentos muestran mejor comportamiento que en los últimos meses y el Gobierno se ilusiona con una senda descendente del IPC que lo ayude en la campaña

En el Banco Central confían en que, este miércoles, cuando el Indec divulgue la inflación de abril, el número no sólo se ubicará por debajo del IPC de marzo (4,7%) sino que, incluso, resultará inferior a las estimaciones de la mayoría de las consultoras de la City.

El numerito que esperan los funcionarios es el 3,6%. En algunos despachos oficiales arriesgan un par de décimas menos. Igual, entre ellos manda la cautela. No sería la primera vez que los pronósticos fallan. Sucedió a comienzos de año, y también el mes pasado. Con lo cual no hay demasiado interés en hacer apuestas.

El dato, sobre el que el Gobierno pone expectativas, ya fue evaluado entre Nicolás Dujovne y Mauricio Macri. Será presentado en público como la confirmación de lo que había adelantado el propio Presidente un mes atrás: que la inflación de marzo se había tratado de “un pico”.

Si el Indec confirma esta información, la Casa Rosada comunicará que, efectivamente, a partir de abril se notaría una desaceleración en materia inflacionaria. “El inicio del camino descendente”, como definió un funcionario del área económica, en diálogo con iProfesional. La secreta esperanza de los funcionarios es que para este mes de mayo, el índice empiece con el número “2”.

En efecto, funcionarios del equipo económico argumentan, en base a los cálculos propios, existen algunos indicadores que dan cuenta de una desaceleración de los precios. Sobre todo en el rubro alimenticio y también en la “educación”.

El primero motivo para el optimismo sobre una mejora es que todos consideran imposible repetir un guarismo como el registrado en abril pasado. El impactante 4,7% es interpretado por los expertos como una situación rara, más justificada por factores estacionales como los costos de la enseñanza que por una inercia propia de este momento de la economía.

Pero, además, lo que creen los funcionarios es que, inexorablemente, el duro apretón monetario empezará a hacer ver su efecto sobre los precios. Hasta ahora, la consecuencia de la absorción de pesos por parte del Banco Central no se reflejó en las góndolas, pero los economistas saben que siempre existe un “efecto delay” en esas políticas.

Hay otros motivos que alientan el optimismo sobre una inflación en descenso. Uno es el reciente anuncio del congelamiento tarifario para el segundo semestre. En una economía en el que las subas de servicios públicos ha sido uno de los principales lubricantes de la indexación, ese tema puede ayudar a cambiar las expectativas.

Y, finalmente, el otro gran motivo para esperar una desaceleración de los aumentos viene de la mano de la propia lógica recesiva. En la medida en que el consumo siga frío, el mercado deja de convalidar los precios altos, que se quedan sin demanda.

Todo esto, claro está, condicionado a que el dólar no vuelva a escaparse.

El dato de la inflación es aguardado con ansiedad en la City. Un mal número (de 4% para arriba) podría desembocar en una venta masiva de bonos de la deuda por parte de los inversores y en una mayor presión sobre el tipo de cambio. Como ya sucedió tanto en enero y abril.

El informe de inflación se ha convertido ya no sólo en un indicador del (mal) funcionamiento de la macroeconomía. Su difusión, a pocos meses de las elecciones, se transformó en uno de los principales acontecimiento políticos.

Todas las encuestas de opinión pública coinciden en que la inflación se encaramó como el tema más preocupante de la sociedad. Un hecho relevante, de cara a las próximas elecciones. La última encuesta de la consultora Management & Fit, finalizada antes del fin de semana, lo certifica: el 34,8% de los consultados mencionó a la suba de los precios como la principal preocupación.

Por otra parte, la elevada inflación deja en evidencia la mala praxis del Gobierno para solucionar el principal problema económico del país. Y, para peor, cuando sale más arriba que lo esperado, termina por agitar las ya convulsionadas aguas financieras.

A esta altura, los inversores observan la aceleración inflacionaria como un impulsor de la imagen negativa de Mauricio Macri. El evidente malhumor social por la suba de los precios y la pérdida del poder adquisitivo podría decantar en menores votos para el oficialismo en las PASO de agosto próximo y, en contraposición, una mejora en las chances de Cristina Kirchner de convertirse en futura Presidenta, aun cuando CFK no ha revelado si será nuevamente candidata.

Los pronósticos privados, ¿demasiado optimistas?

La consultora Elypsis, una de las más relevantes en el seguimiento de los precios en las góndolas, estima que la inflación de abril dio 4%. Una décima por encima calcula Eco Go, la consultora dirigida por Marina Dal Poggetto. Lo mismo que el Estudio Ferreres.

En todo caso, la pregunta que cabe a esta altura de la crisis refiere a si el Gobierno logra encauzar la dinámica inflacionaria, de cara a las elecciones.

Dal Poggetto asegura que “todo depende de la suerte del dólar“. Y que ese recorrido depende, a su vez, “de la política”. En concreto: del reflejo que marquen las encuestas a medida que se acerquen las PASO, primero, y las elecciones generales de octubre, dos meses después.

Así como están las cosas, Eco Go viene midiendo un mes de mayo un poco más tranquilo en materia inflacionaria, “como producto de la severa recesión que atraviesa la economía y golpea el consumo”, explica Dal Poggetto.

Para la consultora, mayo debería apuntar a un 3% de inflación siempre y cuando el tipo de cambio se mantenga en el actual andarivel. Que no tenga otro sobresalto. A esta altura de la crisis, los economistas suelen advertir que la volatilidad cambiaria puede regresar a pesar de las medidas restrictivas tomadas por el BCRA y el Gobierno.

A punto de finalizar la primera quincena de mayo, se nota una moderación en la suba de las carnes, sobre todo en las “rojas”. No así en la carne aviar y en los fiambres, que continúan con alzas más fuertes (del 5% promedio en este último rubro).

También vuelven a encarecerse algunos lácteos y, en cambio, las frutas y las verduras funcionan como un moderador de la inflación del mes.

Lo mismo ocurre con los panificados y farináceos, que registran leves aumentos en los primeros días de mayo.

De todas formas, Dal Poggetto cree que es poco factible que se cumpla el pronóstico publicado por el último REM del Banco Central, que marcó un 40% para este año. La economista la ve más cerca del 45%. Siempre y cuando, el dólar no dé una nueva sorpresa. Algo que nadie puede descartar bajo las tensiones del proceso eleccionario.

Dal Poggetto utiliza un simple cálculo: para que la inflación 2019 llegue al 40% (como dice el REM), debería dar un 2,4% mensual hasta fin de año. Algo que la economista considera como optimista. En cambio, prefiere hablar de una inflación mensual más cerca del 2,8% y, si fuera así, la escala anual treparía al mencionado 45%. “Algo que a esta altura luce más real”, pondera.

Recesión y precios

Para algunos economistas, la severa recesión debería jugar, en algún momento, como un ordenador de los precios. Hasta ahora eso no se ha verificado, ni siquiera con la “ayuda” de una política monetaria durísima, que se propuso dejar de incrementar la cantidad de pesos en circulación, en un intento por no convalidar la inflación.

En algunos rubros, la caída en el consumo luce estrepitosa: en el caso de las bebidas gaseosas, la merma llega al 20% promedio, con un severo castigo sobre las primeras marcas, que son las que más han subidos los precios en los últimos meses. En el caso de los yogures, la baja de las ventas alcanza al 25%.

Pero esta vez, el Gobierno confía en que la tasa inflacionaria irá, de aquí en más, en declinación (leve). Y sería así por el efecto negativo de la crisis. la recesión y el apretón monetario, que deja a los argentinos sin pesos en los bolsillos y con pérdida de poder adquisitiva, que impide la convalidación de los precios.

De aquí en adelante, no obstante, quedan al menos dos puertas abiertas, que echan dudas sobre ese optimismo oficial.

Una, la más evidente, tiene que ver con el escenario financiero: un salto del dólar obligaría a hablar de otro escenario. No sólo en la cuestión de los precios. Habría un nuevo orden político también.

Y la otra variable refiere a las próximas paritarias. En las próximas semanas varios de los gremios más grandes del país cerrarán las paritarias. Gran parte de ellos lo harán planteando revisiones obligatorias trimestrales. Algunos, como los bancarios, podrían hacerlo cada mes.

¿Cómo influirán esas mejoras salariales en los precios? En algunas empresas líderes se muestran escépticos. Y dejan trascender que no podrían absorber esos mayores costos, en un contexto donde debieron reducir al máximo las tasas de rentabilidad. Incluso más: algunas empresas alimenticias aseguran que aún no han trasladado a los precios la totalidad de la devaluación.

¿Es justificable entonces el optimismo oficial? “Siempre y cuando no se dispare otra vez el dólar“, repite Dal Poggetto.

Será cuestión de aguardar a que pasen las semanas. La economía argentina se vino acostumbrando a que los escenarios se evalúan, prácticamente, en el día tras día.

 

 

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