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8 diciembre, 2019
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Gustavo Alfaro en Boca: un camino marcado durante diez meses por frases y contradicciones

















Gustavo Alfaro perdió la confianza de los dirigentes de Boca en las últimas semanas Crédito: Marcelo Aguilar

La manera en la que se mostró
Gustavo Alfaro en la eliminación de la
Copa Libertadores ante River, reflejada en su declaración de querer “terminar los partidos que quedan de la mejor manera y después volver a mi casa a recuperar mi vida”, no solo perjudicaron aún más la vida de
Boca sino que a su propio oxígeno dentro del club. Porque los dirigentes vieron (y escucharon) esa misma noche a un hombre sin fuerzas y abatido, que perdió el control de muchas situaciones que fueron dándose. La firmeza que aparentaba tener ya no es tal. Y desdecirse para justificar aquella respuesta, como lo hizo el jueves luego del partido con Lanús, puede traer malos aires: “Me hicieron una pregunta que no podía responder. Yo no puedo decidir mi continuidad. Pero si Boca me lo ofrece, siempre habrá un ‘sí’ rotundo de mi parte”.









































Fue la última de muchas contradicciones que marcaron su rumbo en los diez meses que lleva como DT de Boca. Al principio daba la impresión de que podía
gambetear mejor alguna frase poco clara o podía corregir alguna afirmación suya que luego no se correspondía con los hechos. Pero ya no. Los dirigentes, por lo que ven y escuchan, sienten que Alfaro cada vez tiene menos virtudes de las que agarrarse para sostenerse en el cargo.

Sus palabras, casi siempre tan medidas, ahora van fluyendo en busca de la escapatoria de un laberinto oscuro del que no puede salir. “Esa frase fue sacada de contexto”, sostuvo tras la derrota en el Sur (1-2). Entonces, ¿por qué los directivos y
Nicolás Burdisso (director deportivo) se la reprocharon con cierto enojo? Boca lo obnubiló desde un comienzo y el tornado, a medida que fue avanzando sin piedad, lo mareó más. Incluso, antes de llegar al club.




























Fuente: Reuters – Crédito: Marcos Brindicci














Cuando
Guillermo Barros Schelotto se despidió, la danza de nombres lo tenía como gran apuntado mientras dirigía a Huracán. Y, en ese entonces, fue tajante: “No me moviliza dirigirlo”. No obstante, días después, confirmó su arreglo con la entidad de la Ribera. Pasó de agitar la bandera del Globo en un balcón con los jugadores a leer en plena conferencia el Convenio Colectivo de Trabajo para, así, justificar su decisión de pasar de Huracán a Boca.

Así como se retiró de Parque Patricios se podría decir que arribó al xeneize. Porque tampoco se olvidará cómo elevó a
Carlos Tevez en el amanecer y las decisiones a contramano que tomó luego: “Yo siento que me tengo que apoyar en él porque considero que tiene que ser el abanderado de esta situación (ponerse de pie luego del golpe en Madrid) y aportarnos desde todos los lugares”.


















Tevez: de ser la bandera a jugar solo 19 de los 45 partidos como titular

De los 45 partidos oficiales que dirigió Alfaro, jugó solo 19 como titular y hasta lo dejó en el banco de suplentes en los dos primeros superclásicos de la trilogía reciente, con el agregado de que en el 0-0 por la Superliga el técnico priorizó a Soldano y Hurtado en medio de lesiones importantes que parecían darle el lugar indiscutido a Carlitos: aquello rompió la relación antes de que se jugara el partido. La cara de Tevez cuando llegó al estadio y luego al ingresar en los minutos finales lo decía todo.












Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro Alfieri

Para colmo, luego lo expuso en la explicación de por qué no lo utilizó: “Fue una decisión táctica, porque tener en el equipo a dos jugadores que no son veloces (por
Daniele De Rossi y Tevez) ante un rival intenso como River, no servía”. Y ahí apareció otra contradicción. Cuando la llegada del italiano era apenas un rumor, el entrenador fue claro: “Yo no lo pedí”. Sin embargo, el exRoma fue de la partida en uno de los partidos trascendentales del ciclo y el “abanderado”, suplente.









Pero hubo otra frase aquel 1° de septiembre, que generó tanta polémica y algunas malas sensaciones en el club por el planteo súper conservador, que bien puede servir como uno de los tantos disparadores para entender por qué declaró de la forma que lo hizo tras quedar afuera con el Millonario. “Nosotros lo que hacemos es renovar el plazo fijo cada 30 días y hoy conseguimos eso. Así, tiramos para adelante mientras nos consolidamos e incrementamos la confianza para crecer”, explicó el rafaelino.

Ahí está el punto, dividido en dos. Primero, si se habla del último mes, Alfaro estaría muy lejos de renovarlo, ya que Boca cayó en la misma cantidad de encuentros que había perdido en nueve meses:
Atlético Tucumán, Paranaense y Tigre en el primer semestre, mientras que fue víctima de
River, Racing y Lanús a lo largo de octubre, con la eliminación de la Copa Libertadores de por medio ante el máximo rival. Los resultados eran el mayor sustento de su etapa. Pareciera él mismo condicionar su destino después de diciembre. De hecho, en la presentación de enero le consultaron si era consciente de que lo habían buscado para ganar el certamen continental tras 12 años: “Para mí, Boca no tiene purgatorio: es cielo o infierno. Es ganar, salir campeón…”.










Del golpe en la altura de Quito a las lesiones de Salvio y Abila

Uno de sus mejores momentos fue cuando, contra lo que decía la mayoría de jugadores y preparadores físicos, resolvió viajar antes a la altura de Quito. Boca jugó uno de sus mejores partidos y goleó 3-0 a Liga: “Uno no puede estar en una tribuna pública y discutir cosas que no se sabe desde que lugares se dicen (en relación a la altura). Escuché muchas cosas que no me parecieron justas. No me sorprende porque toda mi vida fue así. Nunca di la talla en donde estuve y siempre me queda grande el equipo al que dirijo. Lo único que me interesa es o que piensan los jugadores”, empezó a defenderse Alfaro tras aquél gran triunfo y agregó: “Son decisiones y los entrenadores somos hijos del rigor. Volvería a hacer la misma cosa si hubiese perdido 3-0, aunque si perdía me hubiesen sacrificado a mí en una plaza pública”.



Todo lo que había ganado de prestigio puertas para adentro en la Bombonera por el triunfo en la altura de Quito, lo perdió con las lesiones de Salvio y Abila en el desquite. ¿Fue un error haber dispuesto a los titulares en la revancha habiendo cosechado un 3-0 en la altura de Quito? Alfaro fue terminante: “¿De qué manera les digo a los jugadores que piensen en el partido de hoy y no en el del domingo si los saco? Si ponía un equipo alternativo y perdíamos 3-0, ¿quién era el dueño de la derrota? La prioridad era estar en semifinales. Después, las eventualidades pueden llegar a pasar. Soy consciente de que tengo un plantel. Lamento las lesiones de Mauro (Zárate), de Toto (Salvio) y de Wanchope (Abila), pero tengo un plantel que me va a responder, que en instancias decisivas dijo presente”.

Con el correr del tiempo, el rafaelino fue perdiendo la brújula de sus apariciones públicas. Durante un largo tiempo, se trató de un entrenador que encantó con sus extensas (pero claras) explicaciones tácticas y maneras de ver el fútbol. Últimamente, está más alerta a argumentar por qué dice o hace tal cosa, como ha pasado con sus frases que tanto eco provocaron después de jugar con River. Tanta empezó a ser su confusión, que sus discursos tuvieron, muchas veces, otros focos. Como -por ejemplo- el que brindó tras el 0-2 de la ida en el Monumental: “Wanchope (Ábila) dice que los jugadores de River entrenan para tirarse porque yo les mostré un video de la cantidad de simulaciones que hacen”. Declaración que se podría haber ahorrado y guardado para la intimidad del trabajo.




Fuente: LA NACION – Crédito: Fabián Marelli

Aunque no lo parezca,
Cristian Pavón también aparece como un debe (otro es el juego) en su lista. “Este será su semestre, no tengo dudas. Es uno de mis objetivos”, describió a comienzos de año. Nunca pudo recuperarlo: la cabeza del cordobés, entre algún rumor vinculado a Barcelona y PSG, la cláusula de 50 millones de dólares y el arrastre de un Mundial en Rusia desgastante dentro y fuera de la cancha, pudo más. Al final, terminó yéndose (a préstamo) a los Galaxy del Mellizo Barros Schelotto, en la MLS.

Salió campeón de la
Supercopa Argentina, llegó a instancias decisivas de diversos torneos y cosechó números positivos, pero eso de a poco empieza a quedar lejano. Este domingo, a las 11, frente a Arsenal, el DT volverá a encontrarse con la Bombonera y habrá que ver cuál es la reacción de la gente. Habría que ver, (también) según sus frases más importantes en Boca, si Alfaro le ofrecería la renovación a Alfaro.







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