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27 febrero, 2020
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La feria alrededor del Festival de Jesús María: un cambalache irresistible

Es viernes y Jesús María vive una de esas noches inolvidables. Dentro del anfiteatro José Hernández unas 29 mil personas le dan un clima de fiesta a la octava jornada encabezada por Los Palmeras y el Chaqueño Palavecino. Afuera, en una de las calles que rodea al recinto, casi no se puede caminar.

Además de un aluvión de gente, lo que dificulta aún más el paso es la feria que se emplaza sobre la calle Córdoba, que muestra un colorido tan particular como ya propio de la atmósfera festivalera que se apodera de Jesús María durante enero.

La feria se monta en las calles que rodean al anfiteatro José Hernández de Jesús María (Fotorgafías Javier Ferreyra)

Como una especie de versión reducida de La Salada, el paseo de compras -que tiene su epicentro en la esquina principal del anfiteatro pero se extiende varias cuadras más hacia el centro de la ciudad- es un cambalache de productos varios. 

Ofertas a viva voz (“hay vidrios templados, funda al costo, ¡vendo!”, se escucha), vendedores que intentan sorprender con novedades como la “pelota mágica” (un juguete vertebrado que se expande cuando rueda o se lo arroja al aire) y muchas consultas de curiosos y oportunistas se superponen. Porque, claro, todo sucede al mismo tiempo, en medio de la marea humana.

La feria se monta en las calles que rodean al anfiteatro José Hernández de Jesús María (Fotorgafías Javier Ferreyra)

Reposeras en tres tamaños, termolares, ropa deportiva de dudoso origen, remeras, zapatillas, perfumes, relojes, anteojos de sol, arreglos florales artificiales, adornos de madera, figuras de animales para el jardín, carteles leds y hasta una foto cabina (una foto por $ 50, tres por $ 100) se suceden en los puestos alistados uno al lado del otro.

Y no sólo la superposición de imágenes y objetos incita a desviar la vista en todas las direcciones posibles. Los sonidos completan el cúmulo de estímulos con referencias de lo más disímiles. 

La feria se monta en las calles que rodean al anfiteatro José Hernández de Jesús María (Fotorgafías Javier Ferreyra)

Desde el anfiteatro llega el eco de lo que sucede en el escenario Martín Fierro y en el campo de la jineteada; transmisiones radiales se entrecruzan a medida que se avanza por la calle; el folklore argentino convive con la bachata, la cumbia y el repiqueteo incesante de una música típica de Senegal. 

Párrafo aparte para los vendedores de origen africano que se multiplican año tras año. Además de ofrecer productos a precios irrisorios, también destilan parte de su propia cultura en dialectos varios, looks impactantes y una devoción por el ritmo que resulta admirable. Las trenzas, un rasgo distintivo de las culturas afrodescendientes, también forman parte de la oferta de amplia gama que se encuentra en el paseo. 

A metros del anfiteatro pero con una lógica netamente propia, la feria es casi como un festival dentro de otro. Un eclecticismo vibrante, ensordecedor, por momentos agobiante. Pero, en definitiva, una postal del entramado (y el intercambio) cultural que ofrece Jesús María.



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