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17 agosto, 2019
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La increíble vida y la trágica muerte del creador de la agencia de modelos de la Villa 31

El 7 de febrero de 2018 por la mañana dos efectivos de la Policía de la Ciudad encontraron su cuerpo luego de derribar a patadas la puerta de la habitación en el barrio Güemes de la Villa 31. Llevaba al menos tres días muerto en su cama en el verano caliente. La descomposición era avanzada, la piel había cambiado de color. Con cubrirse la nariz no alcanzaba: el olor fue lo que alertó a sus vecinos. No había signos de violencia, al menos no a simple vista. El cuerpo fue llevado a la Morgue Judicial para su correspondiente autopsia.

Y ese fue el fin del sueño.

Guido Fuentes, que nació en Tarija, Bolivia, criado en Cochabamba, que vivió detrás de la terminal de Retiro durante 20 años y murió a los 42, buscó  ese sueño para él y sus chicas, uno de libertad y empoderamiento en donde la sociedad que existe fuera del mundo de ladrillos sin revoque bajo la autopista Illia y el establishment de la moda iban a darles la razón y los iban a aceptar. Guido no era un tonto ni un iluso precisamente porque tenía razón. Quería crear belleza, le había entregado su vida a la idea de crear belleza, la cosa casi quijotesca de fundar y operar una agencia de modelos en la Villa 31, una agencia de la Villa 31: a las primeras chicas las reclutó en el mismo barrio Güemes, entre las hijas de sus amigas. A la agencia la llamó como a él mismo, en un acto de ego y autopercepción: Guido Models.

Casi tuvo éxito que él quería al final: contaba 18 modelos en su staff cuando murió; ya había incorporado a sus primeros modelos masculinos; cerca de él hablaban de una filmación con Flavio Mendoza para una nueva serie en donde habían participado cuatro de sus chicas. Iba a tumbar algunas paredes en su casa del barrio Güemes para dar clases de teatro.

Pero Guido, más que nada, quería salir de la Villa, sacar a la agencia de ahí. Casi lo consiguió también. Otro hombre de la comunidad boliviana le ofreció alquilarle un galpón en Flores pero el precio del alquiler terminó siendo exorbitante y no pudo pagarlo, lo que lo desanimó un poco. “Nunca hizo un mango”, dice alguien que trabajó junto a él durante años: “A la agencia la pagaba de su bolsillo”. La financiaba alquilando piezas que tenía en la Villa.

Él mismo costeaba los vestidos que él diseñaba y que le ponía a sus chicas para que desfilen en las fiestas parroquiales. Nunca había estudiado diseño, al menos no formalmente. Había trabajado en sus años de la Argentina limpiando la terminal de Retiro, asando anticuchos de corazón en una parrilla chulengo de la Villa, en un taller de costura como muchos otros bolivianos, en condiciones draconianas. Aprendió moldería con la revista Burda. Todo solo. Algo sabía del mundo de las modelos: en Cochabamba, había participado en un concurso de belleza para elegir a Miss Boutique. Uno de sus primos tenía una importante casa de ropa, La Maison.

Estaba orgulloso de esa cosa autodidacta, Guido lo decía en voz alta cuando entraba en confianza, en el tono de los hombres que se inventan a sí mismos.

Pero, en cierta forma, tu lugar en el mundo se determina por la sección del diario en la que salís.

En Bolivia lo tomaban un poco más en serio. Un fotógrafo de un diario local lo hizo posar en blanco y negro junto a Sonia León y Delia Cáceres, sus dos principales modelos, un retrato al estilo de Herb Ritts o Richard Avendon, Sonia y Delia eran invitadas especiales a eventos como el Bolivia Moda 2015.  A Guido lo presentaron como “El Pancho Dotto de la Villa 31” en un momento, una comparación un poco equivocada, porque Dotto, que encontró su fortuna como manager, jamás enfrentó los prejuicios que enfrentó Guido. No solo se trataba de ser boliviano y pobre y de la Villa 31. “¿Es fiolo de esas chicas?” “¿Las usa de mulas para traer merca?”, eran preguntas frecuentes que nunca se hacían en la cara.

Guido Models rara vez, casi nunca, salía en la sección de moda. Pero estuvo el documental, que se llamó como su agencia.

“Guido Models”, estrenado en el BAFICI de abril de 2015, dirigido por Julieta Sans, fue un ejercicio en cine documental perfectamente honesto porque mostró a Guido por lo que es. No fue una palmada pequeñoburguesa en la espalda: mostró la odisea.

Hay una escena en la trama de “Guido Models” que es por lo menos ilustrativa. “Si no me baño en casa, me baño acá en la canchita”, dice mientras se ríe y ve la lluvia una de las modelos, con los ruleros puestos en una suerte de carpa convertida en camarín, a metros de la cancha de fútbol de cemento cercana al playón de la Villa 31.

Rodeado de sus chicas, Fuentes les da indicaciones de cómo caminar, cómo detenerse en punta de pasarela. Fuentes mismo hizo los vestidos; compró la tela, cosió y cortó. Hay uno con la trama de colores de la bandera de Bolivia, un homenaje a su país con un mensaje de integración implícito. Es un desfile, en el marco de una festividad barrial. Fuentes lo vive como si fuese la ocasión más grande de su vida, lanza a sus chicas a que caminen. Hay poco más de cien vecinos curiosos mirando en la canchita, pero Fuentes, productor, diseñador de ropa, manager y tutor de modelos, no se acobarda ante la escasa convocatoria en un asentamiento en donde viven más de 50 mil personas porque su visión épica es una realidad.

Infobae entrevistó a Guido en ese entonces en una proyección en el cine Múltiplex de Belgrano, con entradas agotadas. Lo acompañaba Sans. Allí, contó su historia. Delia, su top model, estaba al lado. “La más mimada”, decía él, “Mis amigas me decían que estaba re loca. ‘Modelo en la Villa, cualquiera’, me repetían. Después me vieron en la tele”, contestaba Delia.

Para las chicas todo era real, para los padres de las chicas y los vecinos de la Villa también era real, no un sueño loco. Solo los comentaristas en las redes sociales que lo insultaban solo por ser boliviano no le creían.  “Siempre lucho para que la gente no nos señale, no nos generalice, no nos estigmatice. Hay muchísima gente de trabajo. El respeto existe. La gente del barrio sabe el sacrificio que hago. Al principio había cierto recelo, envidia. Pero nunca tuve ningún problema. No sé si fui respetado, pero pude y puedo trabajar tranquilo. Las chicas vuelven a sus casas en la Villa de desfilar en un boliche a las 4 de la mañana y no las tocan, no las molestan”, dijo Guido.

Sans y su equipo fueron con Fuentes y sus modelos a Cochabamba, lo que se volvió el corazón de la película. Guido quería organizar un desfile en una plaza, volver a casa con la cabeza en alto.  Había viajado dos veces para convencer a las autoridades culturales de que lo dejen hacer un desfile en la plaza central. Lo consiguió: subió a varias de sus chicas en micro para una travesía agotadora de cuatro días.

Sans recordó en esa entrevista: “La convivencia en Bolivia fue muy intensa. Rodando en la Villa 31, eran jornadas muy largas, pero después cada uno al final del día se iba a su casa. En el viaje, fuimos 8 personas juntos las 24 horas del día casi dos semanas. No podíamos hacer una superproducción con transportes, hotel y comida ideales. En Cochabamba, la mamá de Guido, Gregoria, fue muy generosa y nos recibió en la casa con mucho amor. Sin Gregoria no hubiese sido posible”.

Guido logró su desfile, finalmente: “Me sentí reivindicado”, admitió. Esa tarde en la plazo hubo poco menos de cincuenta personas. Guido le dio vestidos cosidos por él mismo a sus chicas para que se los tiren al público. Tuvo un sentimiento ambivalente con el documental. Le molestaba en su cabeza que el reconocimiento no viniera por su propio trabajo, sino por su historia de vida.

Hoy, cuatro años después, Sans recuerda. “Con mucho cariño”, dice, “pero también con bastante pena. Quería dar un paso al final y murió en la Villa. Tenía un discurso de buscar la igualdad, de justicia social, pero también tenía su ego, quería también ese crédito. Con él tuve una relación de afecto, pero también competitiva. Y a las chicas las adoraba, eran sus pupilas. Los padres de la comunidad le tenían respeto y confianza. De verdad, era algo quijotesco”.

También hubo un episodio internacional, con una de las marcas más famosas del planeta.

Ocurrió poco después del estreno en el BAFICI, a principios de mayo de 2015. Guido anunció que tres de sus modelos, entre ellas Sonia y Delia, habían sido elegidas por Dolce & Gabbana en Milán para un desfile, dijo que un supuesto italiano llamado Paolo Galimberti lo había convocado. Las chicas no podían consigo mismas. Dieron entrevistas para contarlo en canales como Telefé, en medios de Bolivia, recibió a Perfil en su casa del Güemes para una sesión de fotos.

Dos semanas después, Dolce & Gabbana lo desmentía: la firma envió un comunicado de dos líneas a la revista Noticias donde negaba todo, negaba conocer a Guido y a Paolo Galimberti, el supuesto italiano,

Ana Torrejón, directora de la revista Harper’s Bazaar, notó que había sido engañado, reconocía su trabajo. Quiso darle una chance. La editora de moda de la revista citó a Guido en sus oficinas para discutir una posible nota, una producción de fotos. Fuentes dejó una impresión excelente tras una reunión de una hora. Sin embargo, la producción de fotos con sus modelos no se concretó.

Delia y Sonia, a pesar del fiasco, llegaron a Netflix. Guido también, en cierta forma.

En 2018, el gigante del streaming estrenó la serie Edha, protagonizada por Juana Viale y creada por Daniel Burman. Delia y Sonia aparecen en el segundo episodio como lo que eran, modelos en un lugar marginal, esta vez  no en una villa sino en unos monoblocks. Flavio Mendoza interpreta a Yastin, un manager que las hace caminar y desfilar, una suerte de Guido pero maltratador y desagradable.

“Mierdita, vamos, dale, mové las caderas”, las agita: “¿Qué te dije de los tacos? ¡Que te los lleves a tu casa y aprendas a caminar, nena!” El manager estuvo en la filmación en julio de 2017, compartió fotos, Mendoza posa con las chicas. “Siete horas con tacos, son lo más”, las elogió.

El personaje de Mendoza, en realidad, tenía otra agenda, una que Guido nunca tuvo. Sus pupilas en la ficción no eran modelos, sino sus mulas narco. Para cuando la serie estrenó, Guido ya estaba muerto.

Su familia apareció para quejarse en Confrontados, un programa de Canal 9: “Mi hermano estaba re feliz porque lo habían tomado en cuenta, pero lo chamuyaron, si él hubiera visto el guion no lo aceptaba”, contó Julio, hermano del manager, que lo ayudaba en los desfiles con los peinados: “Él no se dedicaba a nada de eso, lo destrozaron, un trabajo de 15 años, lo pisotearon”.

Sonia dejó de trabajar con Guido tiempo antes de su muerte, fue madre, la agencia sin él se desintegró. Tras el hallazgo del cadáver de Fuentes, sus amigos y familiares fueron a la Morgue Judicial de la calle Viamonte para saber la causa de muerte. “Asfixia”, dice alguien cerca de él, “pero el cuerpo estaba tan descompuesto que no se pudo peritar bien”. Algunos policías en la zona hablan de una muerte accidental, de “alguien que estaba con él y se fue”. Apareció una mujer poco después que dijo ser novia de Guido, algo totalmente inverosímil, en un intento obvio de usurparle la casa.

No queda claro si hubo una investigación judicial por su muerte, una carátula de averiguación de causales o muerte dudosa. El nombre de Guido no consta entre los damnificados y víctimas de 2018 en los registros de la Cámara Criminal y Correccional.

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