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27 enero, 2020
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Las cinco claves económicas para mirar tras las PASO 2019

La economía es el gran punto débil del oficialismo. No llega a estas elecciones pegándole de frente como se presumía hasta hace tres meses

La economía es el gran punto débil del oficialismo. No llega a estas elecciones pegándole de frente como se presumía hasta hace tres meses, pero el derrumbe en 2018 de todos los indicadores que marcan el pulso del humor social hilvanó un escenario complejo para el oficialismo. La incógnita es si la modesta recuperación que exhiben algunos indicadores a esta altura del año incidirá (y cuánto) en las elecciones primarias de hoy, en la de octubre y, eventualmente, en la de noviembre.

El gran interrogante es cómo van a reaccionar los mercados mañana, qué presión sobre el dólar habrá y cómo reaccionará el Central ante un eventual aumento de la demanda del billete verde.

El mercado leerá si los argentinos se orientan a la continuidad o al cambio en la conducción del país, y desde mañana hasta el 27 de octubre habrá que seguir de cerca cinco variables.

Hay tres datos que marcarán el ánimo: la participación de los votantes en la elección, si alguno de los candidatos supera el 40% y de cuánto es la diferencia entre el primero y el segundo.

En las PASO de 2015 fueron a votar 24.021816 personas, con una participación del 74,9% del padrón. En las generales, la participación subió al 81,1%, con 2,02 millones de votantes adicionales. La presunción es que el voto fiel de la fórmula Fernández-Fernández estará plenamente presente en las Paso y que no crecerá tanto en la general, como sí podría crecer el oficialismo, captando a los decepcionados o a lo que se fueron a otra alternativa.

Eso pasó en 2015, cuando Daniel Scioli obtuvo el 38,41% de los votos y Mauricio Macri, el 30,07%. Esa diferencia no fue leída como una victoria de Scioli.

¿Cuál es el margen con el que especula el mercado ahora? Hasta cinco puntos a favor de la fórmula Fernández-Fernández es considerado reversible por el Gobierno; entre seis y siete puntos se encendería la alerta, y más de ocho puntos es leído como irremontable por el oficialismo.

Si alguno de los candidatos supera el 40%, correría con más ventajas para la general, número que ninguno alcanzó en 2015.

También mirarán el desempeño de José Luis Espert y de Roberto Lavagna, cuyos votantes estarían más cerca de irse al oficialismo que a la oposición en un eventual balotaje.

El viernes pasado, el Merval subió 8% y el riesgo país bajó 4% por una recompra de bonos de la deuda de Argentina, en lo que se entendió como una expectativa positiva de los mercados sobre los resultados de hoy.

En limpio: hay varias lecturas adicionales al resultado de hoy, pero Macri perdiendo por hasta por cinco puntos sería bien recibido por el mercado, que mayoritariamente apuesta a la continuidad del oficialismo.

En función de los resultados y de lo que el mercado interprete, se verá si habrá más demanda de dólares. Acá caben dos preguntas: si habrá pesos para comprar esos dólares y si habrá dólares disponibles para ser vendidos.

Los economistas advierten que hay muy pocos pesos disponibles. Por un lado, porque la dolarización hace rato que empezó y, por el otro, porque el Central viene retirando pesos desde octubre del año pasado. Pese a una inflación anualizada del 55%, hay menos pesos dando vueltas en la economía.

El nivel de monetización que tiene la economía es bajísimo, es igual al primer semestre de 2002“, explica el economista Fernando Marengo, del estudio Arriazu y asociados. “Nunca hubo tan pocos pesos como ahora”, remata.

La monetización de la economía hoy equivale a 13 puntos del PIB, cuando en 2017 era de 17 puntos. Es una caída fenomenal. En las híper del ’89 y del ’91, la monetización bajó al 8%.

Para bajar cinco puntos más la cantidad de efectivo, el Banco Central debería vender unos 15 mil millones de dólares a 46 pesos, cifra que está holgadamente dentro de sus posibilidades. Es decir, quedan pocos pesos disponibles y, lo que aparecería, puede ser abastecido por el Central.

Si aumenta la presión sobre el dólar, el Central tiene tres caminos: seguir subiendo la tasa de interés; seguir interviniendo en el dólar futuro, como viene haciendo hasta ahora, y vender reservas de contado, como el FMI le permitió hacer, con permiso, pero que hasta ahora no hizo.

La tasa de interés acumuló cinco puntos en las últimas 15 jornadas, y cerró en 63,71% el viernes. Todo indica que seguirá el sendero alcista. Es la herramienta para mantener el interés en las Leliq, que controlan la cantidad de pesos que hay en la economía y que, a su vez, garantizan tasas positivas para los ahorristas de plazos fijos. Si aflojan, o suben menos que la expectativa de devaluación del peso, habrá compra de dólares.

Hasta el viernes, el Central lleva vendiendo a futuro 950 millones de dólares y tiene margen del FMI para vender hasta 6.500 millones hasta septiembre próximo. El dólar futuro garantiza que, a determinada fecha, el mercado obtendrá dólares a los precios que se pactan ahora, con lo que le quitaría volatilidad al verde.

Pero la duda está en si venderá o no reservas al contado, algo que requiere del permiso diario del FMI y de condiciones “disruptivas”. Puede obtener el permiso o puede no obtener y vender igual. Acá la respuesta es más política que cambiaria: si el Central cuida reservas, desencadenaría otra crisis y reduciría las chances de que gane Macri. Le dejaría las reservas intactas a la oposición y un tipo de cambio alto, el mejor escenario al que podría aspirar Fernández, que ya anticipó al considerar que “el dólar está atrasado”.

Los analistas consideran que, con permiso o sin él, el Central venderá igual. También hay que mirar lo que hará el campo: están los que dicen con que especulará con un dólar todavía más alto para liquidar lo que queda de la soja y lo que vendrá del trigo y están los que dicen que, ante el temor de mayores retenciones de los Fernández, se apurará a liquidar rápido. El Central va a evitar una disparada del dólar y va a vender. Lo que tiene alcanza.

El jueves próximo el Indec dará a conocer el dato del índice de precios al consumidor de julio. Se espera una inflación de entre 2,2 y 2,4%, aunque el viernes hubo versiones de que no superará la marca del 2%. Más allá del número preciso, se hilvanaría otro mes de desinflación, luego del pico del 4,7% de marzo pasado.

Igual, la inflación proyectada para el año ronda el 40%. En 2018 fue del 47,6% y estaría cerca del 38,5% de Cristina en 2014, aunque entonces había cepo cambiario, retraso en las tarifas de servicios públicos y combustibles pisados.

El problema es que la desaceleración se viene dando muy lentamente. Es más, en agosto podría frenarse dado el salto del dólar de la última semana, aunque habrá que esperar a ver qué pasa en la segunda quincena del mes.

El otro problema es la recomposición de márgenes que podrían aplicar las empresas: es lo que resignaron en lo peor de la crisis y que ahora, con cierta mejora del consumo, podrían aspirar a recuperar. Es más, hay compañías que no han podido acomodar sus precios al ritmo de la inflación. A junio, la inflación acumula una suba del 22,4 por ciento y el dólar, aun con el alza de los últimos días, subió 20 por ciento.

En cuanto a las tarifas de los servicios públicos, el Gobierno suspendió hasta fines de octubre los aumentos de energía eléctrica que estaban previstos: 4% en mayo y otro tanto en agosto. Para el gas, dejó firme la suba, aunque la dividió en tres tramos (abril, mayo y junio) a los fines de distribuir el impacto en la inflación.

Los combustibles están desregulados, aunque el Gobierno nacional viene dosificando el pase a precios del impuesto a los combustibles, una herramienta marginal en términos de precios, pero contención al fin.

El capítulo más atrasado es el transporte urbano e interurbano, en el que los subsidios oficiales bajaron, pero mucho menos que los destinados a energía eléctrica.

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