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7 diciembre, 2019
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Los días 10 de cada mes, el alquiler se lleva la mitad

No tener casa propia y estar obligado a pagar un alquiler los 10 de cada mes implican, para la mayoría de los inquilinos, un corsé extremadamente ajustado, que limita de modo severo sus posibilidades de desarrollo económico y familiar.

Según un reciente estudio de la Federación de Inquilinos Nacional (FIN), los inquilinos de todo el país destinan el 47 por ciento de sus ingresos al pago de la renta de la casa o del departamento que habitan. Hace un año, esa proporción era también alta, aunque algo menor: 41 por ciento.

Pero esa es la carga promedio que representa un alquiler sobre el bolsillo de un inquilino. En el caso de las familias más jóvenes y de las conformadas por personas de mayor edad, el peso es mayor, y llega a superar el 50 por ciento.

Y ese es sólo el impacto del alquiler, a lo que hay que sumar el gasto imprescindible en los servicios de la vivienda, como electricidad, agua y gas natural, cuyas tarifas en los últimos tres años aumentaron en forma considerable. Después de pagar todo, lo que queda termina siendo muy poco para el resto de las erogaciones que también tiene que afrontar todos los meses una familia.

Desde la Cámara de Corredores Inmobiliarios (Cacic), aseguran que hoy la demanda de propiedades en alquiler en la ciudad de Córdoba está consolidada, pero básicamente por la falta de unidades en oferta, sobre todo de viviendas unifamiliares, que son las que más escasean en el mercado local. Ello hace que los precios también estén sostenidos.

El alquiler de un departamento en barrio Nueva Córdoba oscila entre ocho mil y 12 mil pesos mensuales, dependiendo de la ubicación, de los servicios y de la antigüedad del inmueble. Y uno de dos dormitorios, entre 10 mil y 15 mil pesos. En el caso de las casas, el alquiler de una propiedad de dos o tres dormitorios en un barrio de clase media no baja de 14 mil pesos, y puede llegar hasta 22 mil en ciertos vecindarios.

No obstante estos valores, los referentes inmobiliarios locales aseguran que los precios de los alquileres vienen retrasados respecto de la inflación. En el último año, la actualización promedio ronda el 35 o el 40 por ciento, cuando el índice de precios al consumidor (IPC) acusa una suba superior a 50 puntos.

En parte, esto se explica por el creciente peso de servicios, expensas y costo de las cocheras (para aquellas unidades que no tienen garaje). En la medida en que se trata de gastos “obligados” para casi cualquier familia, y sobre los que se puede ajustar muy poco el nivel de consumo, terminan siendo determinantes en el presupuesto general de la vivienda.

Vale decir: en términos relativos, los inquilinos pagan menos de alquiler, pero cada vez más de luz, de gas, de agua y de expensas. Igual, la cuenta final se lleva la mitad del dinero que entra a cada uno de esos hogares.

Sin créditos hipotecarios accesibles a la vista, y con los préstamos UVA muy cuestionados por su mecanismo de indexación, la única opción para la mayoría de estas familias sigue siendo el pago de un alquiler.

Mañana, con las Paso, comienza un largo periplo electoral para elegir al futuro presidente del país, y las propuestas para revertir el endémico déficit de viviendas en el país están, por ahora, ausentes. Alguien debería tomar nota, aunque más no sea por un mezquino interés electoral. Los inquilinos representan el 35 por ciento de los hogares del país. Y todos votan.

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El texto original de este artículo fue publicado el 10/08/2019 en nuestra edición impresa.



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