Abr 16, 2020
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Michael Jordan. A 17 años del último baile de su Majestad, un amor sin fecha de vencimiento

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Michael Jordan saluda a los fanáticos de los Washington Wizards durante una ceremonia en su honor antes del último partido de su carrera en la NBA, el 16 de abril de 2003, contra los Philadelphia 76ers en el First Union Center en Filadelfia, Pensilvania. Fuente: AFP

Todavía resuenan aquellos aplausos. Nadie está en su butaca sentado. No existe persona en el First Union Center que pueda quedarse quieto. Son 21.000 almas rendidas a sus pies. Solo reverencias para su Majestad. Gratitud, respeto. No importa que sea el tercer adiós, que no haya resultado la historia más dulce para su última versión, lo que cuenta es que es el final y claro, un poco duele. No hay vuelta atrás. Ya no más “pasos en retirada”, tampoco se verá la “lengua afuera” y ese gesto será un recuerdo para lagrimear con algún video. Sus vuelos ahora sí tendrán que quedar guardados en un rincón privilegiado de la memoria.















































Pasaron 17 años, pero cuando se asoma el 16 de abril en el calendario es imposible no traer en vivo aquella noche en

Philadelphia

. No se pueden olvidar esos casi tres minutos de ovación, los dos últimos lanzamientos desde la línea de tiro libre, el número 23 en su espalda, la camiseta de

Washington

y el brazo en alto de

Michael Jordan

confirmando el desenlace de la era más maravillosa del básquetbol.





La despedida de Su Majestad
La despedida de Su Majestad

























Se eleva, sonríe, casi con aire soberbio, Allen Iverson de los Sixers lo mira con admiración, la pelota sale de sus manos con una dulzura que conmueve y sacude la red con delicadeza. Los flashbacks de aquella jornada son incontrolables. Fue la noche en la que los Wizards, la franquicia de la que era accionista Jordan, pero a la que tuvo que renunciar para poder ser jugador, tuvo el privilegio de ser la última casa del hombre más dominante de la historia de la NBA. Fue una derrota por 107-87, pero fue lo de menos. Lo importante era rendirle homenaje.





















La noche de su despedida


























Es eterno Jordan, es imposible salir de su aura. Si dentro de un puñado de días se estrenará

“The Last Dance”,

el documental del último Three Peat (tricampeonato) de

Chicago Bulls

y con Jordan como protagonista, y la expectación a nivel mundial es imposible de dimensionar… Fueron los fanáticos los que presionaron a ESPN para que adelante más de dos meses el estreno.











En aquella temporada de 2003 no importaba si el maquillaje de aquellos días de gloria en Chicago Bulls ya se había corrido. Para aquella noche del 16 de abril no quedó ni una entrada en

Philadephia.

Así como un par de noches antes cuando visitó

Miami

para jugar ante los Heat, retiraron la camiseta 23 en su honor y su presencia llevó a romper todas las marcas de asistencia en un estadio cerrado. O como en

Boston,

donde los propietarios de los Celtics sacaron un trozo de parquet para dárselo como recuerdo a

MJ

, una de las señales de respeto más significativas.





Buenos amigos: Michael Jordan, de los Chicago Bulls, y Charles Barkley, de los Phoenix Suns charlan antes del comienzo del Juego 1 en las Finales de la NBA en Phoenix en esta foto de archivo del 9 de junio de 1993.
Buenos amigos: Michael Jordan, de los Chicago Bulls, y Charles Barkley, de los Phoenix Suns charlan antes del comienzo del Juego 1 en las Finales de la NBA en Phoenix en esta foto de archivo del 9 de junio de 1993. Fuente: Archivo – Crédito: AP Photo/John Swart







Tuvo una carrera marcada por el éxito, su nombre es sinónimo de NBA, de grandeza. Incluso, los diferentes regresos que protagonizó le dieron un sabor diferente a su historia. Golpeó al universo del básquetbol cuando anunció su retiro en 1993, tras su primer tricampeonato con los Bulls, con

Scottie Pippen

como su mejor aliado. Fueron tiempos de béisbol y golf. De fumar habanos y no pensar en básquetbol. Sacudió el mundo del deporte para volver un año y medio después, tras la muerte de su padre.


Pero le quedaba cuerda y regresó y encadenó otro “triplete”, nuevamente con Pippen y con

Dennis Rodman

también como uno de sus soldados. En 1998 volvió a correrse de la escena, esta vez porque Jerry Reinsdorf, el dueño de los Bulls no cumplió la promesa que le había hecho a él de renovarles a la mayoría de los jugadores del equipo. Hace un mes, el 14 de febrero de 2020, Reinsdorf recordó aquella situación en la que se rompió la dinastía de Chicago y contó por qué no se sostuvo el bloque Jordan-Pippen-Rodman-Phil Jackson: “Sabíamos que íbamos a tener que reconstruir. Phil Jackson me dijo que no quería ser parte de una reconstrucción. Y Michael dijo que no quería jugar para nadie más que Phil Jackson”.












El cierre para el sexto título con los Bulls








Y el 16 de abril de 2003 dijo adiós por última vez porque el cuerpo ya no le daba para más. Con 40 años,

ya no era Air Jordan y hasta algunos se atrevían decirle Floor Jordan,

pero aun así nadie podía siquiera atarle los cordones de sus zapatillas. Reconoció en esa temporada que no tenía más combustible: “Es el momento de irse, y no es una decisión difícil de aceptar porque físicamente sé y siento que ha llegado la hora”.


No hay fecha de vencimiento para su legado. No pudo quedarse con el trono Kobe Bryant, no se advierte que LeBron James pueda adueñarse del cetro, no aparece en el horizonte un simple mortal que pueda alcanzar su dimensión. En 1994, Jordan escribió un libro que se llamó “Mi Filosofía del Triunfo” y allí permitió conocer cómo se componía su estructura mental para poder ser tan dominante. En su cabeza estaba la clave de todo, su talento era increíble, pero su fortaleza se concentraba en no dejarse ganar por las emociones. Y cuando se refirió al miedo en el deporte, fue claro y concreto: “Nunca tomo en cuenta las consecuencias de fallar un tiro importante ¿Por qué? Porque cuando se piensa en las consecuencias siempre aparece la idea de un resultado negativo”.



El primer Three Peat








Unos días después de aquel retiro definitivo publicó una carta en varios medios de los Estados Unidos, como New York Times, el Washington Post y Los Angeles Times. Relató cómo empezó a jugar a los 12 años y cada frase resultó una pincelada perfecta de la obra maestra que después voló sobre cada estadio de la NBA y del resto del mundo: “Querido básquetbol: han pasado 28 años desde que te vi en la parte posterior de nuestro garaje. Han pasado 28 años desde que nuestros padres nos presentaron. En ciertos aspectos, te convertiste en mi vida. Mi pasión. Mi motivación. Mi inspiración”, escribió MJ.


Se agolpan los recuerdos. Ya son 17 años de aquella noche final, con la camiseta de los Wizards como última armadura. Saluda y se sienta en el banco de los suplentes. Se levanta por un puñado de segundos y agradece una vez más a la gente que no deja de aplaudir. Se despiden, Jordan y la pelota de básquet. A la que su Majestad también homenajeó con la más bella de declaración de amor: “Me encontraste en la esquina y nos pusimos a bailar. Con todo amor y respeto, Michael Jordan”.





Michael Jordan, la pelota y Chicago Bulls: una imagen que no vence
Michael Jordan, la pelota y Chicago Bulls: una imagen que no vence Fuente: Archivo – Crédito: AFP / Jeff HAYNES






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