15 C
Córdoba
27 febrero, 2020
Peipus.com.ar

Mundo Müller: una marca para que muchos jóvenes dejen atrás las drogas

Llegó el momento tan esperado por el párroco Mariano Oberlín y la comunidad en la que trabaja. Mundo Müller, una tienda de productos elaborados por jóvenes de ese barrio, abrió sus puertas en una de las sedes del Programa Cambio, en Castro Barros al 559, de barrio San Martín.

En el local se exhiben y comercializan tejidos, planchas para cocinar, dulces caseros, muebles y ladrillos con botellas recicladas, entre otros resultados del trabajo que coordina Oberlín, con jóvenes y adultos que llegan a vivir bajo su tutela para superar el consumo de drogas. O mejor dicho, para cambiarlo por otros hábitos, en este caso productivos y sociales.

Durante la inauguración y la firma del convenio entre el Programa Cambio y la Fundación Yayaicú, cuyo referente es el religioso, estuvieron presentes autoridades nacionales, provinciales y locales; referentes de las organizaciones de la sociedad civil y allegados a la obra del párroco. El secretario de Estado de Sedronar, Roberto Moro, el vicepresidente de la Legislatura, Daniel Passerini, el Secretario de Desarrollo de Políticas Comunitarias, Oscar Arias, la Defensoría del Pueblo de Córdoba y el presidente del Programa Cambio, Juan Carlos Sánchez, fueron algunos de los presentes.

El cura que encabeza la iniciativa opinó que Mundo Müller significa contar con un espacio de venta y visibilidad de lo que hacen los jóvenes con los que trabaja el consumo problemático de drogas.

“Esto son 10 pasos para adelante. Claro que también se pueden dar pasos para atrás, ya sea porque la gente no compre, o por distintos motivos. Pero institucionalmente es un paso enorme. Trabajar con una institución como el Programa Cambio, que tiene tantos años de experiencia y con el profesionalismo de la gente, con la ciencia que se pone en juego, nos ayuda muchísimo”, dijo.

También hizo hincapié en el significado que tienen las elaboraciones que se ofrecen a la venta en el reluciente local. “Cuando sale algo con la etiqueta de Mundo Müller, siempre decimos que no se trata de un producto sin historia. Detrás de cada elemento hay una historia de superación, de deseos de salir adelante. No venir al local sólo por este aspecto, porque si a alguien le gusta un producto lo va a llevar y de lo contrario no, pero como regalo se lleva toda una experiencia de trabajo. Por qué no decirlo: muchos de estos jóvenes antes asaltaban para vivir y esto es un cambio de vida”, sostuvo Oberlín.

Mundo Müller se encuentra abierto al público desde ayer, en horario comercial, y es atendido por sus “propios dueños”.

Damián. “Cambié en serio”, dice.

La carpintería y la herrería para salir de las drogas

La carpintería, la cocina, la herrería y la construcción se conjugan en Mundo Müller. Entre todo lo que se puede ver y nombrar, surgen las historias de vida.

Damián se entretenía con la herrería antes de conocer a Oberlin. Pero la llegada del religioso marcó su vida.

“Cambió toda mi vida. Salí de las drogas, que fue lo primero que vine a hacer. Pero lo que se transformó después de conocer a Mariano fue mi persona. Cambié totalmente”, se emocionó Damián.

Ezequiel restaura muebles y se dedica a la carpintería. El cura carpintero le enseñó el oficio.

“Los chicos vamos aprendiendo entre todos. Diseñamos o hacemos lo que nos solicitan. Lo más conmovedor es que cada uno le hace un mueble a la familia. Me siento orgulloso porque nosotros fuimos personas con problemas y ahora podemos ayudar”, planteó.

Los dos jóvenes vienen peleando hace tiempo y este es su premio.

Gonzalo. “Aprendí a vivir”, cuenta.

Un cambio de vida que llega a partir del trabajo

Gonzalo atiende a su hija que pasea entre el público.

“Hago jardinería, desmalezamiento y dulces autosustentables. Con eso compramos los materiales para el trabajo en el jardín. Aprendemos a cuidar la plata y fomentamos que los pibes ganen su dinero en vez de salir a robar”, aseguró el jardinero.

Desde pequeño reniega con el drama de las drogas. El padre Mariano Oberlin le dio una mano y al resto lo tuvo que hacer él.

“Las personas que quieren cambiar lo hacen. Es difícil, pero se puede”, expresó y remarcó que los dulces salen exquisitos.

Luis hace construcción. Aprendió a producir ladrillos con botellas recicladas.

“Pinto las maderas, después hago la prensa, llevo todo a los bastidores y al final tengo un ladrillo. Esto me sacó de la calle, porque mi familia falleció y caí en las adicciones. Aprendí a vivir, más que a hacer ladrillos”, concluyó.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 9/04/2019 en nuestra edición impresa.



Link a la fuente

Temas relacionados

Cómo estará el tiempo el domingo: inestable y con ¿lluvias?

admin

Los gatos con “rostro humano” que son furor en las redes

admin

Desarrollan el primer medicamento por ingeniería genética en Córdoba

admin