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26 junio, 2019
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Nuestro comentario de “Cuadros en la oscuridad”, una pregunta sobre el arte de vivir

El hombre junto al surtidor de gasoil soporta el frío y dibuja en una libretita. La imagen de ese empecinamiento, a pesar del viento y en medio del descampado, es la síntesis de Cuadros en la oscuridad, la película de Paula Markovitch. Desde ese momento, la cámara pocas veces abandona al hombre, Marcos, un marginal que vive en una casona abandonada, con poco o nada: una fruta, una garrafa prestada, pinceles, pinturas, el televisor en blanco y negro, y el alcohol.

La película tiene una fuerte impronta visual, por encima de formulaciones que se escuchen en diálogos o declaraciones filosóficas. Cuadros en la oscuridad es lo que se ve cuando Marcos cruza el basural, alimenta esos fuegos de la miseria y vuelve a su pocilga, al margen de todo. La irrupción de Luis, un niño que está perdiendo la inocencia a fuerza de hambre y fana, completa el cuadro que podría inspirar una serie de relatos que la directora omite. ‘¿Quién pintó eso?’, pregunta Luis en el abismo de un descubrimiento que le cambia la percepción de las cosas y del viejo.

Alvin Astorga logra un personaje complejo, distante y ensimismado. El actor concentra en su rostro varios enigmas. Poco o nada se sabe del personaje que en uno de los pocos diálogos le dice a Luis: ‘Los colores son apodos’, mientras le enseña a nombrarlos. Astorga trabaja la intensidad de los pequeños gestos sin más recursos y logra la química, desde las dificultades de comunicación de Marcos, con el chico. Maico Pradal se mueve con mucha libertad por el laberinto de cosas, con el estigma del personaje que solo conoce las carencias.

La película, austera en estímulos, pone la cámara sobre los bocetos y dibujos, el único color, la única posibilidad que rodea a Marcos. Sin el auxilio de la  palabra, las imágenes depositan la duda sobre el valor del arte y la marginalidad que no se elige, cuando el contexto arrincona a una persona que se cayó del sistema. Impecable tanto la dirección de arte de Lorena Stricker, como la fotografía de Bruno Santamaría, que transmiten la angustia de ese universo clausurado.

Para ver Cuadros en la oscuridad.

(Argentina, México, Alemania, 2017). Dirección y guion: Paula Markovitch. Director de fotografía y cámara: Bruno Santamaría. Dirección de arte: Lorena Stricker. Director de sonido: Daniel Ortiz. Montaje: Karen Gómez, Paloma López Carrillo, Martín Sappia. Música: Sergio Gurrola. 85 minutos. Con Alvin Astorga, Maico Pradal, Ángeles Pradal, Brian Pradal, Lautaro Ruiz, Lide Uranga y Ezequiel Yupar.



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