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12 diciembre, 2019
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Por qué hay más de 6 incendios por día en Córdoba

Córdoba sufre incendios desde los tiempos en que pudo llamarse Comechingonia. Por razones climáticas y naturales, en los meses de menos lluvias y que siguen a las heladas (de mayo a octubre), los focos de fuego son habituales.

Pero desde que la población fue creciendo y ocupando más espacios, se han hecho más frecuentes.

Un estudio de profesionales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) determinó una asombrosa ocurrencia promedio de 6,5 focos de fuego por día en Córdoba.

Esa investigación de 2007 sobre mapas de calor detectó en 15 años el inicio de 35.366 focos. Sólo una minoría terminó en incendios de magnitud, pero el dato muestra el riesgo latente que representan para Córdoba.

Identificar cómo se originan debería ayudar a reducirlos.

Los que desde hace años trabajan para evitar los fuegos coinciden, casi sin excepciones, en que los inicios son antrópicos (provocados por humanos), en su inmensa mayoría.

Uno de los bomberos más experimentados de Córdoba en este rubro y el funcionario a cargo del Plan Provincial de Manejo del Fuego coinciden, con matices, en el diagnóstico de las causas.

¿Cómo se prenden?

“Según varios estudios, más del 90 por ciento es provocado por imprudencia o intencionalidad del hombre”, marca Claudio Vignetta, secretario de Gestión del Riesgo de la Provincia.

“Menos del 10 por ciento es por causas naturales, como un rayo que cae en campos secos, o accidentales, como las chispas que provoca un cable de energía que se corta”, acota.

De hecho, el incendio que días atrás afectó a una amplia zona cerca de La Granja se habría originado por un cable de electricidad de media tensión en el paraje San Jorge. Desde el Plan Provincial de Manejo del Fuego se citó que ese cable se halló cortado y que hubo vecinos que observaron los chispazos. El viento, más quizá alguna falta de mantenimiento, se dieron la mano frente a pastizales resecos en temporada de alto riesgo.

Hace dos años, un vasto incendio en campos de la reserva natural militar La Calera también fue atribuido a un corte de cables.

Para Vignetta, entre los vinculados a la mano del hombre aparecen los ligados a esa tradición, sobre todo serrana, de quienes queman pastizales secos por la creencia de que así apurarán los brotes verdes para sus animales. “Se insiste en pedir que no lo hagan, pero aún se hace. Cuesta erradicar esa práctica”, apunta. “Muchos creen que pueden controlarlo, pero en ciertas condiciones el fuego se les hace imparable”, agrega.

Otra causa frecuente puede identificarse con imprudencias o descuidos. Allí aparecen los que queman desechos (hojas y ramas secas) en sus patios o campos, o prenden lo que creen que será una quema “controlada” de pastos altos, y se les termina escapando sin control. También, los que hacen fuegos para asados en sitios no recomendables o sin tomar prevenciones.

Sólo entre los recientes, hace dos semanas se debió combatir un incendio cerca de Nono por una cabaña turística que tomó fuego por las brasas de un asado, extendido luego a varias hectáreas alrededor.

Otro punto que inquieta es el de los piromaníacos. Vignetta los divide entre los casos provocados por niños a modo de “travesura” y los iniciados por personas mayores con la intención aviesa de dañar.

Entre los casos recientes que se recuerdan, el año pasado, desde un avión hidrante que combatía un siniestro cerca de Salsacate, se vio (y hasta se filmó) a dos hombres que desde una moto iban encendiendo nuevos focos.

Otra causa intencional que siempre entra en sospecha apunta a quienes, siendo propietarios de un campo, buscarían sacar ventaja con su quema para poder gestionar luego que, ya sin monte, pasen a uso agrícola o permitan su loteo.

“Mucho se dijo sobre eso y siempre se renuevan dudas. No descartamos que ocurra aún, en algún caso. Quizá pasaba más antes, porque la ley de bosques hace varios años que impide que un predio declarado como zona roja de conservación deje de serlo por más que se haya quemado”, señaló Vignetta.

En el último mes, asombró a bomberos que en la periferia de La Calera, cerca de la Capital, se sucedieran todos los días focos simultáneos. “No tenemos dudas de que son intencionales. Son 20 días seguidos con nuevos fuegos, en la misma zona. Hicimos la denuncia para que la Policía investigara”, apunta Diego Concha, director de Defensa Civil provincial.

Multicausales

Andrés Bosch, con décadas como bombero voluntario en el cuartel de Villa de las Rosas y actual coordinador de la Regional Centro (cuatro provincias) del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, coincide con las causas de inicio planteadas y aporta detalles.

“Los cortes de tendidos eléctricos son una causa, pero no tan habitual. Los rayos pueden serlo algunas veces, pero muy difícilmente en la zona serrana y con más posibilidad en el norte, el noroeste y la zona de llanura. Fuera de esas dos causas, el 98 por ciento de los inicios están vinculados a la mano del hombre”, señala.

Bosch cita que, con pastos secos, con una sequía de más de 40 días, con una humedad de menos del 13 por ciento (que no es usual, pero tampoco tan extraña en Córdoba) y con un poco de viento, se dan las condiciones para que cualquier mínima chispa se transforme en incendio. Por caso, la colilla de un cigarrillo arrojada a la banquina de una ruta o en un sendero.

A ese ejemplo de negligencia les suma las imprudencias peligrosas y también que no son tan esporádicos los inicios intencionales. “Tenemos registros de incendios provocados por conflictos entre vecinos, por ejemplo unos tres sucesivos recientes en San Javier. O de personas que viajando ven a otros que mientras circulan van prendiendo fuegos. O de niños que lo hacen como desafío o para ver llegar a los bomberos”, enumera.

Bosch recuerda un caso sorprendente: el de un hombre de 80 años que, en el sur de Traslasierra, provocó 105 focos durante tres meses del año 2005. “Prendía y se sentaba a ver pasar a los bomberos, como una cosa de demencia senil”, acota.

Respecto de la quema intencional para cambiar el uso del suelo en un campo con bosque nativo, Bosch plantea que “es de difícil comprobación, pero es una hipótesis en más de un caso”.

Quien también fue coordinador de la Regional 11 (Traslasierra) de Bomberos Voluntarios dice que “cuando se prende todos los años un predio y aparecen calles adentro, eso no puede ser accidental”. Para esos casos, plantea la necesidad de mayor control para asegurar que, tal como exige la ley vigente, un suelo con bosque nativo quemado no puede tener otro uso.

Un enorme impacto acumulativo

Que la ocurrencia sea histórica no implica que Córdoba deba acostumbrarse a los incendios.

La suma de siniestros, año tras año, genera un impacto acumulativo que compromete ya la sustentabilidad ambiental de la provincia.

Por caso, Córdoba no puede seguir perdiendo hectáreas de bosque nativo (sólo queda con buena conservación el tres por ciento de lo que alguna vez hubo). Además, cada fuego en las Sierras agrava el daño sobre los suelos en las ya deterioradas cuencas hídricas que son la fuente del agua que requiere la provincia.

En los últimos 15 años, se quemó casi un millón de hectáreas en Córdoba. Para comparar, la superficie de Córdoba es de 16 millones de hectáreas, aunque en la última década bajó la superficie promedio anual quemada en comparación con las anteriores.

Todos los especialistas, en el mundo, advierten que, por el cambio climático, los incendios son cada vez más agresivos y de más complejo control. Además, se van ampliando las épocas de riesgo. En Córdoba, eso ya se ve: ya ocurren casos hasta en el verano.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 11/08/2019 en nuestra edición impresa.



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