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21 octubre, 2019
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Sergio Hernández en LA NACION. Su continuidad en la selección, la tecnología, la Liga Nacional y el pedido a Facundo Manes

















Sergio Hernández y su pasión en la cancha Fuente: AFP

La vorágine en la que está metido
Sergio Hernández no le da respiro para pensar demasiado en lo que tiene en lo inmediato por delante. Su mirada sobre diferentes temas siempre es profunda y su determinación impacta. Pero en el horizonte aparece un tema que en su interior crece. En pocos meses deberá sentarse a revisar su contrato como entrenador del seleccionado nacional, ya que su vínculo con la
Confederación Argentina de Básquetbol estaba, de alguna manera, atado a la clasificación a los
Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Y no es un detalle menor para él, porque si bien todo resultó como quería, la gestión que lleva adelante
Federico Susbielles lo representa y es importante para él darle continuidad al proyecto. No se detiene en controversias, pero sí muestra entre líneas que un cambio en la conducción (hay elecciones en la Confederación en diciembre próximo) pondría bajo la lupa su continuidad como técnico del conjunto nacional y con ello todo un proceso que tiene a Hernández como una de las piezas principales.









































Con el sello de Hernández, toma un trago de agua, se recuesta sobre la silla, apoya el brazo en otra y reflexiona: “Vivimos en una sociedad en lo que todo tiene que ver con el orden y el sistema nos suena a facho. Viene el agente de tránsito y te dice: ‘No puede estacionar acá, lo voy a multar’. Y es probable que alguien le diga: ‘Pero por qué no te vas a perseguir chorros’. Pero es un agente de tránsito, no persigue chorros. Sólo te tengo que señalar a vos que estás mal estacionado. Así todo es un descalabro”.

Y continúa: “En el deporte no podés hacer eso. Si nosotros estábamos enojados porque perdimos la final y no nos quedábamos a recibir la medalla, la Confederación Argentina podía tener una multa de decenas de miles de euros. Andá a protestar porque estabas mal anímicamente. Pagá o no jugás el próximo torneo. El show va a seguir con o sin vos”.


























-¿Estás de acuerdo con la tecnología en el deporte?

















-Bien aplicada, sí. Hay cosas que se están haciendo muy mal. Pero es normal, porque es algo nuevo. Diez años en el desarrollo de un deporte es nada. El VAR va a llevar tiempo para que se acepte. Porque es nuevo. Trataría de seleccionar mejor los casos. Me parece que el mejor sistema lo tiene el tenis y el hockey sobre césped. Vos tenés una opción para verificar una jugada. Si tenías razón en tu reclamo, la mantenés. Si estabas equivocado, no la tenés más. Ojo de halcón en el tenis. Si estás seguro, lo pedís. Si no estás seguro, no protestás, porque lo perdés. Habrá que aprender a usarlo, pero es útil. Esas pelotas que picaban adentro y no da un gol. Y te vas al descenso porque se equivocó un referí. Está bien que te equivoques. Pero ante cosas importantes, si tenés una herramienta para evitar ese error, hay que usarla. En el fútbol, por ejemplo, algunas cosas no las entiendo. Aunque el referí vea que hay offside, tiene que dejar seguir. Si es gol, recurren al VAR. Ahí ya no negocio, no me gusta. Si sabés que es offside, cobralo y punto. Sino la gente que está viendo el partido y no entiende nada. ¿Por qué siguen jugando si está en offside? Para la justicia, para el análisis, para la preparación del juego, quiero la tecnología. Siempre en la medida justa. Porque al final, el secreto de todo va a estar en el ser humano.




Sergio Hernández durante su visita a LA NACION
Sergio Hernández durante su visita a LA NACION Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk















-¿Qué te parece el éxodo de jugadores de la Liga Nacional?









-Me gusta que se vayan a lugares mejores que acá y vayan a crecer.


-Pero con la mayoría que se fue no es así.









-Claro. Muchos se fueron a Ligas que son iguales o posiblemente inferiores a la nuestra. Eso es negativo.


-¿Para evitar eso hay que revisar la cantidad de equipo de la Liga?









-Sí, hay que reveer la cantidad de equipos, porque eso supera la cantidad de jugadores de primer nivel que se necesita para que la Liga sea fuerte y competitiva. A partir de esa decisión, me parece que se desataron muchos problemas. Económicos, organizativos, de calendario, del nivel de juego. Hablo como entrenador. Desde lo deportivo, el nivel de la Liga bajó porque desconcentraste el talento. Tenés que agregar espacios de gente que no tiene talento para la Liga. Si querés hacer una Liga de 50 equipos, la hacés, porque hay 20 equipos en la Liga, 28 en la Liga Argentina, 72 en el Torneo Federal. Pero no podés tener el mismo nivel que si tuvieras una liga de 16 equipos.


-¿Ese sería el número más lógico?

-Sí. Hasta te diría que 14. Si pensás en lo deportivo. Yo entiendo que la organización no puede contemplar sólo lo deportivo. Yo hablo desde el punto de vista del entrenador. Pero creo que al deporte le podés tocar cualquier cosa, menos lo deportivo. Eso hay que protegerlo. Porque al final se trata de eso. Aunque sé que hay cosas que conocen los directivos, los que gestionan, que yo no entiendo. Al bajar lo deportivo baja la atención, la difusión, la cantidad de gente que va a ver los partidos, los sponsors y termina bajando el dinero. Entonces los jugadores se van. Así que también tienen que ver con el éxodo. Esto es un deporte profesional. No es para el que quiere. Es para el que puede. No es inclusivo. Es exclusivo. La palabra inclusión hay que aplicarla en los lugares correctos. Decir que la Liga Nacional es inclusiva es mentir, porque no es así. Ni acá, ni en España ni en la NBA. Juegan los mejores jugadores, los equipos que tienen el dinero para pagarlos. No puede jugar cualquiera.


El estilo Hernández

La tranquilidad en las palabras de Hernández, tal vez tengan que ver no sólo con la satisfacción del resultado, sino con un plan que pudo cumplir a la perfección y de haber logrado que un equipo se exprese como a él le gusta. Un escenario ideal para cualquier entrenador.


-¿Este es el equipo que más se acercó al estilo de juego que más te gusta?

-Sí. Además, coincide con una revolución que hay en el básquet. En algún momento fue un juego de más virtuosidad y no tan táctico. Después pasó a ser muy táctico. Después pasó a ser exageradamente táctico. Y se confundía el control del juego con el tiempo de posesión. En lugar de ver el control del juego por el juego en sí. Y si tirabas un tiro a los siete segundos de posesión eras un equipo que jugaba a correr y tirar y no entendía el juego. Si tenías la pelota 23 segundos y te la pasabas siete veces al pedo parecía que jugabas bien al básquet. Entonces hoy se juega súper táctico, organizado, pero con mucha dinámica, velocidad y riesgo. Porque si no, no ganás.

No puede evitarlo, necesita ser lo más claro posible acerca de cómo siente por el juego: “Hay un exentrenador cordobés, ya fallecido, Antonio Manno, que creó un sistema que se llama Vedime que es un manuscrito así (con las manos indica como si tuviera un tomo enorme). Está hecho con el fundamento de porqué hay que tener velocidad mecánica dinamizada. Porque los argentinos tenemos este tipo de biotipo, este tipo de idiosincrasia y tenemos que tener nuestro propio estilo. Se lo tildaba de loco, pero es a lo que se juega hoy. Lo dije hace poco en una nota y lo leyó un montón de gente. Nico Casalánguida me mandó el manuscrito que me lo sacaron mis hijos. Yo no le estoy haciendo un homenaje a Manno. Estoy diciendo algo que realmente creo. El básquet llegó a ese lugar. Pero tiene mucho trabajo y mucha estructura”.


-También dijiste alguna vez que no querías que tus jugadores piensen demasiado, que actúen mecanizados y resuelvan.

-Más que mecanizado, por hábitos. La palabra mecanizado suena a robot. Para mí, esto tiene que ver con la neurociencia. No me quiero meter demasiado, porque estaría en un terreno que no manejo. A veces nos dicen: “Ustedes son psicólogos también”. No flaco, estoy a seis años de estudio de psicología. Un poco de coaching, motivar, nada más. Hay que hacerle adquirir a los jugadores y al equipo hábitos de juego. Por medio de la enseñanza y el entrenamiento. Porque después, en el juego no hay tiempo de pensar y de tener sensaciones, porque son tóxicas. Lo que vale cada tiro, lo que pesa cada pelota. Las consecuencias de meter y errar. De ganar o perder ese partido. Del fracaso o del éxito. Lo que busco con mis equipos (aunque la mayoría de las veces no lo logro), es que la focalización esté en la búsqueda de la excelencia del juego, ni siquiera del rival, porque eso te aísla de las presiones externas. Y a la vez que esté tan entrenado y entendido de que actúe por hábitos. Algún psicólogo diría. Si vos pensaras al caminar, te caerías. Pero no soy Manes [por Facundo]. Intenté reunirme con él, pero no lo logré. Así que por este medio le quiero pedir a Manes que me de quince minutos, por favor.


-¿Ese estilo contrarresta la estatura que siempre fue nuestro medo, porque estamos en desventaja con los europeos?

-A medias. Si pudiéramos tener gente más alta, lo contrarrestaríamos mejor. Pero claro. El argentino tiene una competitividad enorme. No tenemos política de estado en el deporte. Hay muy pocos habitantes dedicándose al deporte federado. Salvo el fútbol, el deporte no existe como negocio del entretenimiento como en otros países. Sacando el fútbol, no tenemos ligas poderosas. Nuestra Liga Nacional es buena, pero comparada con la NBA, la Euroliga, España, Italia, Grecia. es de menor nivel. Ni hablar del voleibol, el rugby, el hockey sobre césped, el fútbol sala. Fuimos campeones del mundo en hockey sobre patines varias veces, en hombres y en mujeres, y se juega solamente en San Juan. Y te enterás que Argentina sale campeón de fútbol sala. ¿Cómo? Indudablemente una de las cosas es la competitividad que tenemos. Este defecto que tenemos del exitismo es nuestra misma virtud. Somos más petisos. No tenemos un biotipo que nos favorezca, pero queremos ganar igual. ¿Qué tenemos que hacer? La única que te queda es ser súper disciplinado, agarrarte a la ciencia del juego, entenderlo, estudiarlo milimétricamente y competir todos los días como si fuera la final del mundo. No podés descansar un segundo. No deberíamos poder, pero podemos.







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