Jun 23, 2019
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Sufra Argentina, sufra… que falta rato

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Lo que se ve no gusta, pero tiene relación directa con lo que hay. Se trata de un equipo nuevo y de un entrenador joven quienes por esas condiciones se van a equivocar más de lo que van a acertar.

¿O no fue así? Más allá del 2-0 sobre la debutante Qatar, del 1-1 contra el Paraguay del cordobés Eduardo Berizzo y 0-2 frente a Colombia, Argentina ha cumplido pocos objetivos. Está claro que el poder de gol albiceleste hizo la diferencia numérica para poder avanzar de ronda.

Sin embargo, en los tres partidos Argentina sufrió y corrió más de lo que jugó. Los goles no llegaron como consecuencia de un movimiento colectivo. Gracias al VAR, vino el penal de Messi ante los guaraníes y esta tarde, Lautaro Martínez y Sergio Agüero anotaron como consecuencia de un error del rival al amanecer y una jugada genial, respectivamente. Valieron igual y pueden representar un aliciente para producir una sociedad de juego que luce mejor en la planilla que en la cancha.

Sin embargo, la selección penó muchísimo porque tampoco pudo construir un acto defensivo claro, contundente y preciso. Argentina clasificó, pero bien pudo no hacerlo, por aquel penal del VAR o por el penal que atajó Franco Armani a Derlis González, en el partido ante Paraguay, que también levantó a un arquero al que cada vez que le pateaban, la tenía que ir a buscar adentro.  

“Fuimos a buscar, pero hay que laburar más”, dijo Lautaro Martínez.

Táctica

Scaloni pretende una Argentina de ataque, con jugadores verticales y que pueden llegar en tres segundos al área. Para eso se necesita un gran respaldo defensivo que no se limita exclusivamente al arquero y a sus cercanos sino a quienes también participan de la recuperación de la pelota. El nivel actual no da para que Argentina sea equipo deseado y pretendido.

Argentina tiene los jugadores, pero no el tiempo ni la banca para lograrlo ya. Y acá es donde entra la directiva y seguridad que se traslada adentro de la cancha. La AFA confirmó a Scaloni por un torneo y ese condicionamiento puso a un entrenador en la urgencia que expertos como Basile, Martino, Bauza o Sampaoli no supieron administrar.  

Ensamble por obligación y no por necesidad. Scaloni sabía esto, pero esa inseguridad hizo que para este torneo convocara a parte de la selección mundialista anterior y a varios históricos. Por necesidad más que por convicción. Adentro Messi, Agüero, Di María, quienes se agregaron a Otamendi, Armani y Tagliaficco.

Hasta ese momento, Scaloni había intentado darle una identidad de juego al equipo con Giovani Lo Celso, Leandro Paredes, Exequiel Palacios (se lesionó justo), Rodrigo De Paul más la presencia de Mauro Icardi y Paulo Dybala, abanderados de esta selección de la renovación.  

La inseguridad del jugador. No hubo ensamble posible. En los últimos dos partidos, se vio a Messi detrás de la mitad de la cancha, a veces detrás de la línea de Otamendi. Hasta ahí fue a recibir juego. Cuando recibió metros más adelante, debía tocar tres veces la pelota hasta descubrir a alguien con quien descargar.

Lo Celso, quien antes de Messi había sido un generador de juego , y Paredes, el primer pase, se transformaron en pasadores del “10”. Pocas veces actuaron como creativos. Es más, Scaloni los cambió de lugar y ellos aceptaron. Por la urgencia de ganar como fuera y de potenciar a Messi, en una etapa que como supo decir Menotti, no era para “convocar al Lio y al Kun”.

Por eso, para esos jugadores y los que ingresaron como Suárez o Dybala, esta tarde, lo más fácil es sacarse la responsabilidad y dársela al jugador del Barcelona.

Caminar la cancha. Otra de las razones por las que Argentina no puede ser aún un equipo agresivo. Argentina puede llegar en tres segundos al área rival, pero la vuelta de los delanteros es a otra velocidad. Mirando hacia la mitad de la cancha.

¿Se puede así? Para nada.

Confusión. Ese no rendimiento, confundió al DT. En lugar de bancar a un equipo, lo varió. De uno a otro de los 13 partidos, siempre cambió el equipo. A lo mejor, quizás el triunfo, le dé más certezas.

A qué jugar. En todos estos años, Sabella fue el único entrenador que le dio a Argentina un perfil definido y con convicción. Jugó a lo que pudo. Minimizó sus defectos y maximizó virtudes.

“Con Sabella, fue lo mejor”, supo decir Messi.

Se trabajó para que el “10” pudiera manejar cinco pelotas serias. El resto fue reducir espacios y tenerla lo más que se pudiera y con un León de la recuperación como Mascherano.

La de hoy es la Argentina que existe. Falta rato para cumplir los objetivos de juego. Al menos para que haya más certezas. 

Sí, hay que sufrir un rato más.



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