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29 marzo, 2020
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Tomar decisiones: lo que un tenista hace todo el tiempo

















Juan Martin del Potro, en el Madrid Open Fuente: EFE – Crédito: Javier Lizn


El tenis acostumbra a tomar decisiones prácticamente desde la niñez. Desde el momento en que un pequeño toma la raqueta y empieza a impactar la pelota, tiene que evaluar qué hará con sus golpes. Por supuesto, hay otros factores en danza: los buenos impactos, el rival, la cancha, el momento anímico, la táctica y la estrategia. Más allá de aquello que lo rodea, el tenis enseña que muchas veces la decisión queda en poder del jugador.





























A diferencia de otros deportes, el tenista debe desenvolverse en soledad. Puede, cómo no, contar con el consejo de un coach, de un preparador físico, de los médicos; profesionales necesarios sobre todo en la alta competencia, donde los top se acostumbran a lidiar con dolencias que van y vienen, o se convierten en compañeras permanentes.

Pero , al fin de cuentas, el tenista es quien elige a su entrenador y al resto de su cuerpo técnico; es su decisión. El jugador (y su cuerpo) es su propia empresa en todo sentido. El deporte en su máximo rendimiento genera atletas de elite, pero la cita con la gloria tiene su precio en cientos de horas de entrenamientos, miles de impactos pegados con esfuerzo, desplazamientos forzados. Un desgaste que queda tapado detrás de los trofeos y premios.






















Vaya si sabe Juan Martín del Potro sobre problemas físicos. El tandilense se convirtió con los años en un experto en lesiones, con cuatro cirugías de muñeca a lo cual se sumó la fractura de la rótula derecha que sufrió el 11 de octubre pasado en Shanghai. Desde entonces, atravesó múltiples tratamientos; intentó un regreso en febrero, en Delray Beach, y volvió a replegarse en busca de respuestas para los dolores, incluido un cambio en el profesional que atendía esa lesión.















Nadie como un tenista para conocer su propio cuerpo. Lo saben Federer, el genio que nunca se retiró de un partido por problemas físicos, y Nadal, la leyenda repleta de cicatrices que ha cruzado una y otra vez la frontera de la resistencia al dolor. También Del Potro, acostumbrado a los extensos paréntesis sin giras. El tandilense lleva apenas cuatro partidos (tres singles y un dobles) en los últimos siete meses. Deberá definir, en las próximas horas, si se siente preparado para jugar de nuevo en el alto nivel. Algo es concreto: el circuito extraña esos terribles bombazos de derecha, pero seguramente él también añora ser parte de las grandes batallas. Una vez más, la decisión pasará por su mente y sus sensaciones.

















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