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17 agosto, 2019
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Un episodio oscuro de la vida institucional

Cuando la noche del domingo accionemos nuestros sistemas de comunicación para conocer los resultados de la elección primaria, aparecerán números, resultados, análisis, que expliquen lo que ocurrió durante el día.

Pero esta vez será diferente, porque hasta ahora siempre los escrutinios provisorios fueron la guía para conocer los resultados probables. Las diferencias entre la noche del domingo con el certero escrutinio que ha hecho sistemáticamente la Justicia en las veinticuatro provincias siempre ha sido menor a un uno por ciento y eso nos ha servido de guía para todos los análisis posteriores. Pero mañana puede ser diferente. 

Por primera vez, luego de más de veinte años de hacerlo de un modo al cual todos los agentes del sistema estábamos acostumbrados, el gobierno nacional introdujo sobre la marcha del proceso electoral modificaciones en el funcionamiento de la transmisión de resultados y su cómputo. Se trata de cambios que no han contado con la participación de quienes deben fiscalizar la elección, que son los partidos políticos. 

No se hizo de modo paulatino, por etapas, como se hacen los cambios en materia electoral en todos los países. Ni mucho menos se hizo en un año no electoral luego de una discusión parlamentaria. Todo un catálogo de innecesarias torpezas. 

No se entiende por qué, si la base del sistema electoral argentino es el control cruzado que realizan las agrupaciones políticas entre sí, el gobierno no las fue notificando previamente de los cambios que planeaba, pese a existir mecanismos ya previstos para ello.

Esta anomalía nos forzó a recurrir a la justicia para garantizar la provisión de elementos básicos para fiscalizar el procedimiento. No sólo eso: incluso luego de las resoluciones judiciales, siguieron obstaculizando las resoluciones de la Justicia para impedir fiscalizar adecuadamente el resultado del escrutinio definitivo como va a ocurrir con la conexión remota.

Proclamar la transparencia y habernos engañado a todos: Justicia, partidos, periodistas, ONGs, anunciando que iban a entregar el Código fuente para que pudiera auditarse previamente cuando siempre supieron que contractualmente no podían entregarlo. Y entonces por qué no pensar que mañana a la noche los resultados que se comuniquen puedan ser tergiversados si el gobierno ha hecho todo lo posible por convencernos de eso.

De modo que llegaremos a la noche del domingo con una certeza: que solo la creíble Justicia electoral argentina, apoyada en un sistema electoral siempre confiable, nos dará el resultado verdadero luego de un par de semanas de escrutinio.

En fin: un episodio oscuro de la vida institucional argentina.

El autor es apoderado del Frente de Todos

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