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29 marzo, 2020
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Un sembrador de esperanza | La Voz

Hoy serán beatificados en la ciudad de La Rioja monseñor Enrique Angelelli y sus compañeros mártires: los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos Murias, y el laico Wenceslao Pedernera.

¿Qué significa que estas personas serán beatificadas? La beatificación es, en primer lugar, el gesto solemne a través del cual la Iglesia nos propone a estos hermanos nuestros como intercesores ante Dios Nuestro Señor. Al mismo tiempo, nos los propone como modelos de seguimiento de Jesús, como modelos de vida cristiana.

Intercesores asociados a la intercesión de Jesucristo, que es el único mediador entre Dios y los hombres. De la sobreabundancia de su intercesión, el Redentor los hace partícipes a ellos de un modo del todo especial.

Modelos en cuanto creyentes por su adhesión firme, coherente, constante hasta el fin a Jesucristo, hasta derramar su sangre por confesar su Nombre.

En monseñor Angelelli, además de su testimonio como creyente, se destaca su ejemplo como pastor, como obispo.

Un pastor, como él solía decir, “con un oído en el Evangelio”. Su predicación estuvo siempre fundada en el Evangelio, sin dar lugar a ningún tipo de ideologizaciones ni partidismos. Basta leer con sencillez, sin prejuicios, sus homilías y mensajes, para constatarlo.

Un pastor “con un oído en el pueblo”, atento a su dignidad y bienestar. Promoviendo incansablemente esa dignidad y ese bienestar, denunciando todo lo que pudiera obstaculizarlo o ensombrecerlo. Una atención y una denuncia que causaron malestar y escozor entre aquellos que descuidaban la justicia y sus exigencias, que son los supuestos siempre necesarios para practicar una auténtica caridad cristiana. Y fueron cristianos muchos de los que se le opusieron…

La acción pastoral de monseñor Angelelli se inspiraba en el Evangelio y en las enseñanzas del Concilio Ecuménico Vaticano II, del cual fue un entusiasta impulsor, y en las sugerencias de la Conferencia General del episcopado de Latinoamérica en Medellín y del episcopado argentino en su reunión de San Miguel.

Monseñor Enrique Angelelli fue un incansable promotor de la reconciliación entre los argentinos. Una reconciliación que siempre supone la verdad y la justicia. Sus homilías y mensajes hablan constantemente de ello. La experiencia riojana del Tinkunaco, que se actualiza cada 31 de diciembre, le brindaba oportunidades para animar a un encuentro esperanzador entre los ciudadanos de La Rioja y de todo el país. Decimos esperanzador, porque monseñor Angelelli constantemente señalaba, aludiendo a una expresión del papa san Juan XXIII, que no quería ser “profeta de calamidades” sino sembrador de esperanza. Una esperanza que no se desentiende de la justicia, sino que al contrario la alienta y la anima permanentemente.

El testimonio de monseñor Angelelli puede ser un estímulo para nosotros hoy en la Argentina, mientras nos vemos abocados, como tantas otras veces, a situaciones difíciles. Sólo en el encuentro entre todos, en el esfuerzo común, generoso, equitativo y constante estará el principio de solución a los problemas que nos aquejan.

Días pasados, conversando con un político, me decía con mucha sensatez: ese camino, el del encuentro, el de la colaboración mutua, el del esfuerzo común, sin mezquindades, entre todos, no sólo es el mejor camino, sino que es el único. Ojalá sepamos recorrerlo. El ejemplo de los mártires puede estimularnos. Su intercesión, ayudarnos. Nuestro compromiso será concretarlo.

*Arzobispo de Córdoba

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 27/04/2019 en nuestra edición impresa.



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